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15MpaRato y Xnet han creado una pieza singular basada en los correos de Miguel Blesa, adaptados por Simona Levi y Sergio Salgado. Son dos horas contundentes, esféricas, sin desperdicio, y el resultado, un estupor ético.

En esta crisis ha habido jalones que han significado un torpedo en la línea de flotación de objetos que, antes de la crisis, no sólo flotaban, sino que caminaban sobre las aguas. Los casos Gürtel, ERE, Nóos, en una democracia sin faltas ortográficas, hubieran significado el fin y clausura de, respectivamente, el PP, el PSOE y la Monarquía. Pero, de no haberse producido o descubierto esos casos, el caso Caja Madrid --nombre del artista posteriormente conocido como Bankia-- podría haber supuesto lo mismo, más condensado, en menos tiempo, si bien, snif, no por menos dinero.

Caja Madrid es, tal vez, una de las mejores metáforas de la democracia española, una muestra gratuita de las reglas de juego y de los límites éticos de la política local. Recordemos aquí que las Cajas de Ahorro eran un objeto común en el paisaje local hasta que desaparecieron, ale hop, en 24 horas. Fueron eliminadas por procedimiento de urgencia al inicio de la crisis, en una polémica y olvidada ley que acababa con estas instituciones de ahorro y crédito familiar, poseedoras de algún tipo de obra social adjunta. Su eliminación supuso, literalmente, el regalo de esas entidades financieras --comúnmente ligadas al poder político de una autonomía o diputación-- a bancos comerciales. El dinero para sanearlas --después de haberlas dejado tibias-- para que pasaran a ser entidades privadas, que no sólo no regalaban calendarios, sino que, si pueden, te los quitan, se realizó con fondos públicos. Se supone que a fondo perdido, como todos los créditos en condiciones ventajosas a la banca, que sólo han sido devueltos en montos testimoniales. El paso de Cajas a bancos supuso también esa cosa que sólo se produce en periodos de abuso y expolio legal: la ampliación del pack oligarquía financiera y económica, como sólo había sucedido tras la Desamortización de Mendizábal, tras la unión de business y Corona en la Restauración 1.0, tras la victoria del Franquismo, o tras la formulación del IBEX --ese top 35 de empresas; reguladas; es decir, a la sombra y relación del Estado-- entre viejos adinerados del Franquismo y jóvenes aunque sobradamente preparados tipos que habían vestido pana y visionado a Godard, en la Transi.

De entre todas las Cajas --por lo general, entidades a merced de partidos--, brilló con luz propia Caja Madrid. No era una Caja muy original. Caixa Catalunya, por lo que se sabe, gastaba la misma estética y los mismos usos. Incluso tarjetas black y mangoneo cómplice de los sindicatos. Curiosamente, esa Caixa no aparece en el paisaje llamativo de la indignación ciudadana, en lo que es todo un éxito político catalán, esa escuela política que lo esconde todo detrás de un Procés que, algún día, habrá que esconder, a su vez, detrás de algo aún mayor. Anyway. Caja Madrid se presentaba a sí misma como una, sic, "superación de la política", un topos en el que contrarios se ponían de acuerdo para un fin ético concreto. Concretamente: el expolio. La Corona --o, al menos, un empleado suyo, Spottorno; la Corona, por cierto, también sacó lo suyo en metálico, para un fondo de inversión saudí no devuelto, al parecer-- ofreció la fórmula de buen rollo para practicar el saqueo de manera ordenada, civilizada y sostenible. A través del concepto "sensibilidades". Para que hubiera paz, la Obra Social repartía pasta no a partidos, sino a algo aún menos sensible denominado, lo dicho, "sensibilidades". Una pasta para la sensibilidad PP, otra para la sensibilidad UGT/PSOE y otra para la sensibilidad CC.OO. / IU. EL pack CC. OO., por cierto, cobraba una pasta de tebeo del Tío Gilito, en tanto ese sindicato fue determinante para entregar la entidad a Miguel Blesa, amigo personal de J. M. Aznar.

Esto, es decir, esto explicado a escala 1:1, es en lo que consiste el espectáculo Hazte Banquero, eslogan de la salida a Bolsa de Bankia --la prensa internacional ya apuntó que las acciones de Bankia en breve se valorarían en Dólares Confederados; la prensa local, más responsable, se limitó a publicar anuncios de Hazte Bankero, con k--, y título de una obra de teatro singular. Su singularidad es su autoría. Se trata de una creación de 15MpaRato --el dispositivo ciudadano que consiguió que la normalidad de Caja Madrid/Bankia dejara de serlo y pasara a ser una causa judicial--, y de Xnet --grupo de ciberactivistas que, de una forma u otra, accedió a los famosos correos de Blesa--.

De hecho, la obra consiste en reconvertir los correos de Blesa --básicamente, diálogos entre gorilas/os alfa, en los que se habla de forma explícita de cacería, soborno, robo y estafa-- en diálogos dramáticos ad-hoc entre los personajes protagonistas del pufo. Se trata de cerca de 8.000 mails, de los que se han seleccionado cerca de 500. A lo largo de ellos, los personajes exponen la dinámica cotidiana de una entidad conducida, por sus altos cargos y técnicos, hacia negocios funestos. De hecho, sólo se ganó pasta gansa a través de un negocio --fabuloso, por cierto-- cuyos inventores califican de "estafa". Las preferentes. La obra --duraba en un principio 6 horas-- sólo abarca la normalidad democrática de la entidad hasta lo de las preferentes. Se trata de 2 horas contundentes, esféricas, sin desperdicio.

La obra, dirigida por Simona Levi, a través de mails adaptados por ella y por Sergio Salgado, está protagonizada por Josep Julien, Albert Pérez, Elies Barberà y Agnès Mateus. Se podrá ver en Barcelona, Teatro Poliorama, debajo del balcón en el que George Orwell hizo guardia en mayo del 37, los días 5, 6 y 7 de julio. Y en Madrid, teatro Fernán Gómez, días 6, 7, 8 y 9 de Octubre. Es una reproducción de algo peor que una lógica indignante. Es la vertebración de un lenguaje, una gramática, las arrugas del cerebro que conforman un saber estar en la delincuencia financiera y en la pomada de una de las democracias más singulares del mundo mundial. El resultado es un estupor ético, y la percepción de que la información y, tal vez, la causa judicial sobre la cosa, se quedaron cortos.

         Se sale de la obra como una moto. La información nos convierte en motos. Y el arte, pues también. Y esta obra es arte, si bien no acabo de estar seguro que su modelo, Bankia, tampoco lo fuera.

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Sobre el autor:

Claudia González Romero

Periodista.

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