Hamburguesas a ritmo de soul

Majareta Franklin lleva casi cinco años echando por tierra la imagen de comida basura asociada a las hamburguesas. Originalidad, calidad y frescura son los distintivos de este bar

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Mezclen música soul, espíritu hippie, ingredientes de primera calidad y una parrilla de carbón; métanlos en una coctelera y agiten. El resultado será una hamburguesería única, divertida y donde además comerá de lujo. Majareta Franklin lleva casi cinco años innovando y cambiando ese manido concepto de hamburguesa como sinónimo de comida basura gracias a Juan Manuel Soto. Su infancia en Los Naranjos le llevó al Coto del Marqués, su pequeño santuario al que acudía todos los viernes a la salida del colegio. Allí se aficionó a las hamburguesas y allí se le empezó a meter en la cabeza que, de mayor, querría tener un local similar.

Majareta, sin embargo, nace tras un pequeño fracaso. Juan reside en Madrid una temporada para intentar hacerse un hueco en el mundo de la música con su grupo, ‘El lazarillo deforme’. Tocan en varias salas y llegan a ganar incluso un premio de jóvenes talentos, pero la vida del músico aficionado es dura y, además, da poco dinero. Si quiere vivir en la costosa capital sabe que tiene que buscar un trabajo, que finalmente encuentra en la hostelería, donde empieza a conocer el mundillo.

Posteriormente, con los ahorros que guarda, monta junto a un socio un bar de tapas en La Latina que, lamentablemente, no va todo lo bien que esperaban y que les obliga a cerrarlo. Circunstancias personales le hacen volver a Jerez, donde pronto empieza a darle vueltas a la cabeza. Piensa en montar un tabanco diferente en el centro, busca y encuentra un local que le gusta, pero se le va de precio. Es entonces cuando piensa en un local de su familia, en la calle José Cabral Galafate, a tiro de piedra del Club Nazaret. Allí no le encuentra sentido montar un tabanco, pero sí podría cuajar otro tipo de establecimiento, “un sitio atrayente que hiciera a la gente venir aquí”.

Colores llamativos, música y todo en un acogedor espacio. Esto ofrece Majareta Franklin. FOTO: CLAUDIA GONZÁLEZ ROMERO.

Y vaya si la atrae. Majareta Franklin se suele quedar pequeño debido a su numerosa clientela y a sus reducidas dimensiones. El local apenas puede albergar ocho mesas, por lo que se recomienda reservar previamente. Música sesentera, paredes en colores rojo, verde y morado, pinturas con retratos de Jimi Hendrix… Juan, desde luego, ha querido darle una vuelta de tuerca en todos los sentidos a lo que es una hamburguesería tradicional. Porque si la decoración es especial, no menos lo son sus platos. Afirma que siempre le ha encantado cocinar, aunque no quiere denominarse cocinero. “Yo más que cocinar, sé comer, por eso siempre me he preocupado de investigar cómo se hacen las cosas”, señala el propietario, que igualmente reconoce todo el “complicado” proceso de idear las hamburguesas y llevarlas a cabo: “Mi casa es el laboratorio. Me paso todo el día probando cosas”.

Todas esas ideas las ha trasladado a una original carta en la que, cómo no, sobresalen sus hamburguesas. La que más se vende, que a su vez es a la que le tiene más cariño, es la Sharly, una que ya preparaba a sus amistades a la vuelta de las noches de juerga que se acababan alargando y que define como la “completa” de la casa: 120 gramos de ternera, huevo, bacon, queso cheddar, tomate, lechuga y todo ello en pan de sésamo. Pero, como decimos, la carta de hamburguesas es amplia y muy diferente a lo que se suele ver por estos lares. De entre todas destacamos la cabreada burguer, con queso de cabra y cebolla caramelizada; la retinto burguer, con queso payoyo; o la der carallo burguer, hecha de ternera gallega y con queso de tetilla ahumado.

Juan Manuel (i) y Juan Antonio, 'Booboo', posando en el exterior del local. FOTO: CLAUDIA GONZÁLEZ ROMERO.

Los que no son carnívoros también tienen oportunidad de disfrutar de una buena hamburguesa, ya sea con la green burguer, a base de soja, o con las dos de pescado, a elegir entre la hamburguesa de atún de almadraba (fish burguer) o la bienmesabe burguer, hecha a base de cazón en adobo. Y para los amantes del picante, Majareta ofrece dos opciones: la hot burguer, hecha con pimiento de cayena y, sobre todo, la Dolores. Si quieres sentir el infierno en la boca, esta es la tuya. 120 gramos de ternera cubierta por una salsa a base de jalapeños y fire flame, ligeramente reducida con mostaza antigua para no morir en el intento de comértela. Si empiezas a no sentir tus labios o tu lengua, mejor date un respiro. Ni que decir tiene que se recomienda una buena cerveza para acompañarla y mitigar sus calurosos efectos.

En la pequeña cocina, Juan Antonio, alias Booboo, es el que manda en los fogones y el que le da el delicioso punto a las carnes, que se elaboran en una parrilla de carbón, otro factor que hacen de estas hamburguesas únicas. El pan, indispensable, varía ligeramente según la hamburguesa, pero son molletes hechos expresamente para Majareta en horno de leña. Y si afinan su sentido del gusto, encontrarán sabores jerezanos. “Hemos querido hacer un restaurante americano muy de aquí”, explica Juan, que señala que todas sus salsas tienen un toque de vino de Jerez.

Por último, un consejo, o mejor dicho, un favor: no pidan kétchup. Mataría el sabor de estas deliciosas hamburguesas. Y si insisten, allá ustedes. Que sepan que cada vez que alguien unta de kétchup una hamburguesa de Majareta Franklin muere un gatito en el mundo.

Majareta Franklin (calle José Cabral Galafate) abre de martes a viernes a partir de las 20:30 y los sábados, domingos y festivos, de 13:30 a 16 y luego a partir de las 20:30. Para reservar o recoger comida se atiende al teléfono 856 810 504.

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Jorge Miró

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