El fuego devoró el hogar de Antonio y Carmen: "El pobre quería salvar su casa y por poco no pierde la vida"

Los hijos de este matrimonio de la Plazuela, en el barrio jerezano de San Miguel, piden auxilio económico ya que viven con una pensión y dieron de baja al seguro por problemas económicos tras irrumpir el covid

Alfonso, uno de los hijos, en la casa de sus padres, Antonio y Carmen, en La Plazuela, tras ser devorada por las llamas el pasado viernes.
Alfonso, uno de los hijos, en la casa de sus padres, Antonio y Carmen, en La Plazuela, tras ser devorada por las llamas el pasado viernes. ESTEBAN

El esqueleto de un butacón totalmente calcinado impresiona nada más cruzar el umbral de la puerta del salón de la familia Montoya Carpio. Las paredes, tiznadas. Donde antes había solería, arena mezclada con pequeños escombros. Un marco a medio caer, ya sin foto, cuelga de un testero. La televisión, bocabajo contra el suelo, en el chasis. El escenario es desolador. Todo ennegrecido. Una pesadilla.

Este modesto piso de VPO en la Plazuela del barrio de San Miguel, en Jerez, fue pasto de las llamas el pasado viernes por la tarde noche. En apenas unos minutos, toda la vida de duro trabajo en la construcción de Antonio Montoya Moreno, con 67 años, se convirtió en humo y cenizas. Y aun así, puede llamarse dichoso porque ha podido contarlo. Su mujer, Antonia Carpio Gallardo, de 66 años, solo vio el incendio angustiada desde la calle, pues había salido a hacer unas compras y a ver a su hermana, que vive en la misma calle. En el interior, su marido luchó primero por salvar la casa y luego por escapar del fuego. Fue imposible lo primero, salió medio indemne de lo segundo de puro milagro.

Y fue gracias a un joven del barrio que no dudó en trepar hasta la ventana del lavadero del piso, en un primero, y sacarlo tirando de su cuerpo. Así pudo salvar la vida. “Salió negro, negro, las palmas de las manos abrasadas, echaba sangre por la boca y la nariz, casi desmayado… Diez minutos más y no lo cuenta. No sabemos cómo agradecer a este chaval, que conocemos de toda la vida en el barrio, lo que ha hecho por nuestro padre”, relatan sus hijos este lunes en el interior de la vivienda completamente calcinada.

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Alfonso Montoya Carpio, en el rellano del primero del bloque donde viven sus padres, un piso calcinado. ESTEBAN

José y Alfonso, junto con el mayor de los hermanos, Juan, andan de papeleo, atendiendo a la Policía Científica —que investiga cómo pudo originarse el incendio—, en contacto con los Servicios Sociales del Ayuntamiento —que han estado prestando ayuda a la familia desde el primer momento del desgraciado siniestro—, pensando ya cómo recompondrán el hogar de sus padres, “lo único que tienen”. “Lo han perdido todo; emocional y mentalmente están destruidos”, reconoce Alfonso, el mediano de tres hermanos que ahora solo piensan cómo hacer para que sus padres regresen a su casa en la Plazuela.

"Se dio la vuelta y el salón estaba en llamas, no sabemos si ha sido un cortocircuito o qué ha sido; el pobre lo que intentó fue salvar su casa"

“No tenemos ni idea de qué pasó —relatan—, mi padre estaba tomando en el lavadero un café, y sintió un calor muy grande por la espalda. Se dio la vuelta y el salón estaba en llamas, no sabemos si ha sido un cortocircuito o qué ha sido; el pobre lo que intentó fue salvar su casa y por salvar su casa por poco se queda sin vida. Intentó coger extintores… y cuando quiso salir ya no podía, se le fue la luz, estaba todo oscuro y no sabía por dónde tirar”.

Y como dicen que las desgracias nunca vienen solas, las estrecheces económicas provocaron que al principio de la irrupción de la pandemia el matrimonio, que vive solo de la pensión que percibe Antonio, diera de baja el seguro del hogar. Ahora, meses después, “cuando estaban tratando de arreglar otro seguro”, el fuego lo ha devorado todo y ni siquiera pueden acogerse a una póliza para hacer frente al desastre. “Mis padres están mentalmente muy mal, psicológicamente fatal, porque no les ha quedado nada, la casa está completamente quemada, su ropa, sus recuerdos, sus cosas de valor…”, incide José, un joven cantaor flamenco de 26 años apodado El Berenjeno que trata de abrirse paso en el arte jondo y que, también como consecuencia de la pandemia, “llevo muchos meses sin trabajar, sin subirme a un escenario”. Apenas los cursos de cante que imparte en la asociación Alalá le proporcionan un sueldo, pero es “mínimo, mínimo”.

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Desolador aspecto del salón de la vivienda. ESTEBAN
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Alfonso, ante la mesa camilla de sus padres, en medio de un hogar devastado por las llamas. ESTEBAN

La solidaridad de varias empresas les ha dispuesto ya un colchón y una cama, productos de limpieza y botes de pintura, pero extienden la demanda de ayuda para una reconstrucción que requerirá de, como poco, unos 30.000 euros. Solo hay que ver el piso: un inmueble lleno de hollín y enseres inservibles, achicharrados, con un olor a quemado que no se va. “Estamos todos mal, pero nosotros lo que queremos es estar fuertes para que mis padres no se vengan más abajo todavía. Que nos vean fuertes, con ánimo, e intentar que su casa esté bien cuanto antes”, dice José. Alfonso añade: “Mi padre se hace 2.000 millones de preguntas de cómo pudo pasar, pero lo cierto es que estaba tranquilamente tomándose un café, notó mucho calor aquí atrás (se señala la espalda), y cuando llegó al salón vio que ardían los dos sofás, la mesa… lo han perdido todo, están en shock, creen que es un mal sueño”.

Junto al monumento de La Paquera, ante la Ermita de la Yedra, el suceso es la comidilla del barrio. Una vecina cuenta cómo vivió la pesadilla del pasado viernes noche, cuando muchos vecinos fueron desalojados, cuando llegaron varios camiones de Bomberos a sofocar las llamas, ya con Antonio camino al hospital herido leve por inhalación de humo. Ahora la familia trata de encontrar la ayuda necesaria para levantarse del susto y volver a empezar prácticamente de cero. “La gente que nos llama para ayudarnos es una inyección increíble de fuerza que nos da para seguir adelante. Necesitamos ayuda, la que sea, toda la que puedan dar será buena”, demandan los hijos de Antonio y Carmen.

La familia ha habilitado una cuenta de auxilio económico en BANCO CAJA RURAL ES6431870137102304695519. Número de contacto 661 148 169. Cualquier ayuda será bienvenida.

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