Equisur celebra su 25ª edición en Ifeca, donde unos 200 caballos de todo el país muestran sus virtudes en una comunidad en la que este sector genera más de 1.500 millones de euros anuales.

Daniel es de El Palmar de Troya, una pedanía de la localidad sevillana de Utrera, y trabaja para la yeguada Batan, de México, que es la primera vez que viene a Jerez. “Tiene equipo para concursar en España –explica el joven mozo– y éste es el segundo al que vamos”. En Ureña Ram, una yegua de unos cuatro años, tienen depositadas muchas esperanzas. En Sevilla ya logró un segundo puesto y aquí esperan, al menos, que lo repita. “Esto implica mucho trabajo y mucho sacrificio, pero es lo que nos gusta, para mí esto es mi pasión”, dice.

Él se encarga de preparar a los caballos, ducharlos y de que “salgan bonitos”. Luego cruza los dedos. La decisión final la tienen los jueces. En un pista instalada en el exterior de Ifeca se celebra un concurso morfológico que evalúa a los caballos por el trote, el galope y sus facciones. “Dorsal 612, Carbonero Rosa…” se puede leer en un marcador electrónico que va enseñando las puntuaciones de cada ejemplar. “¡Qué elegancia!”, exclama una señora entre el público a su paso.

Dentro del pabellón de Ifeca un jubilado, sentado en una grada, observa con atención los movimientos de un caballo que están preparando para salir a concursar. Pedro, de Vejer, está junto a otros compañeros de Tarifa y Chiclana junto a las cuadras instaladas en el recinto para la ocasión. Él es uno de los encargados de presentar a los caballos que traen a la feria, cuatro potros árabes que espera que consigan buenos resultados. Cuenta que lleva toda la vida ligado al mundo del caballo y que prefiere otro tipo de espectáculos y a la doma, aunque "el trabajo es trabajo".

En la zona de los stand se encuentra Paco, un sevillano que lleva más de doce años recorriendo el país, de feria en feria, vendiendo sus productos. Y se nota. “Venga, que te voy a quitar todos los dolores, ven aquí”, le dice a un potencial cliente que pasa frente a su puesto, pasándole por la espalda un “liberador de tensión muscular” que vende. Pero no lo convence. Ni enseñándole la plancha de viaje que tiene, que funciona en vertical. Y lo intenta también con los perfumes: “Éste es Armani Code, éste Paco Rabanne…”, pero no hay suerte. “Esto es la feria: productos buenos, clientes excepcionales, pero carteras vacías”, dice Paco. “Viene poca gente, pero espero que el fin de semana sea mejor”, añade.

Cerca de su puesto, un joven, garrote en mano, descansa sobre él mientras espera que se acerquen clientes. Es la primera vez que viene a Equisur y dice que “poco a poco” va entrando más gente. Vende chalecos, boinas, sombreros… “A ver si vendemos algo”, comenta mientras recibe a algunos curiosos que ojean el material, dejando la conversación a medias. El negocio es lo primero.

Equisur, que celebra este año su 25ª edición, alberga en Ifeca a más de 200 caballos de todo el país y otras tantas marcas comerciales de productos y equipamientos relacionados con el sector equino, que mueve en Andalucía más de 1.500 millones de euros anuales y genera unos 20.000 puestos de trabajo. La importancia de los ejemplares andaluces es tal que constituyen el 35% del censo nacional y protagonizan el 40% de las explotaciones del país. El año pasado se exportaron caballos desde Andalucía por valor de 736.000 euros, más de la mitad de pura raza. Con estos datos, normal que se mantenga una muestra que lleva ya 25 ediciones y que es el mejor escaparate para los caballos andaluces.

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