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Los mismos argumentos para defender las letras de una agrupación se usan para atacar a otra. Mientras tanto, la fiesta grande de Cádiz prosigue con su majestuosa marcha.

Cuando apuntas con un dedo, recuerda que los otros tres dedos te señalan a ti. Este sabio proverbio inglés define a la perfección la situación de parte de los aficionados carnavaleros, que parecen haberse olvidado cuál es el fin último de la fiesta. Las agrupaciones, desde el Gran Teatro Falla, cantan las coplas que entienden más oportunas en cada momento -con mayor o menor acierto-, pero nadie busca ofender a ningún colectivo. Y si alguien lo hace, representa un porcentaje ínfimo de todos los carnavaleros que pasan por las tablas del templo de la libertad durante el mes que dura el concurso.

Machismo, delito de odio, inmigración… En esta edición, y en una época en la que se juzga a cada momento a todos los que se atreven a hacer humor, el carnaval está sufriendo, más que nunca, la crítica de lo políticamente correcto. Hoy en día nadie se puede reír de ninguna desgracia, sea del tipo que sea, porque el linchamiento público llega a las primeras de cambio. Y no deja de ser paradójico que todo esto ocurra en una ciudad que siempre se ha caracterizado por ponerle una sonrisa a los problemas para vivir el día a día con la mayor dignidad.

Tras las acusaciones llegadas desde el sector independentista catalán por la decapitación de Carles Puigdemont, el siguiente turno fue para la chirigota de Rota Este año ya nos despedimos, tildada de machista por muchos de los que -curiosamente- defendieron la sátira de de la agrupación chiclanera que pidió la opinión del público para perdonar o no la vida del ex presidente catalán.

La última chirigota víctima de la crítica de los aficionados ha sido la gran sorpresa del pasado concurso. No te quemes todavía, con su tipo de negros vendedores ambulantes en la playa, ha sido denunciada públicamente por decenas de carnavaleros en las redes sociales, que ven en el popurrí un tipo de humor que, dicen, insensibiliza el drama por el que muchos migrantes tienen que pasar para llegar a España, criticando que en algunas partes del repertorio se haga humor con, por ejemplo, los denominados pisos patera.

Es necesario entender que reírse con el humor negro -el año pasado lo hacían, ni más ni menos, con la muerte- no hace a nadie peor persona ni la convierte en insensible ante los temas que se parodian. De hecho, la agrupación sevillana puede hacer reflexionar a todo aquel que, todavía hoy día, no conoce la cantidad de obstáculos que tienen que superar aquellas personas que pretenden llegar a nuestro país buscando una vida mejor, y que a muchos de nosotros nos parecerían insalvables.

Quiero pensar que todos los que han criticado a la chirigota del Bizcocho por este motivo colaboran activamente para acabar con el drama que sufren los inmigrantes en nuestro país. De lo contrario, toda crítica que se le haga a la agrupación carecería del más mínimo sentido. Denunciar lo políticamente incorrecto sin buscar soluciones para acabar con las numerosas lacras presentes en nuestra sociedad está a la orden del día, pero no por ello le otorga más lógica.

Centrémonos en disfrutar de cada una de las coplas que los componentes nos brindan desde las tablas del templo de los carnavaleros. Lloremos, riamos, derroteemos (siempre desde el cariño) y emocionémonos con la pasión del tres por cuatro, que dura demasiado poco para todo el tiempo que esperamos cada año. Y no pretendamos que las letras sean políticamente correctas, porque cuando eso ocurra, el carnaval se habrá acabado.

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