De Francia a Jerez para abrir un negocio; de Le croissant francés a La Zarzamora

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Los dos hombres son franceses, un día decidieron dejarlo todo para mudarse a Andalucía y comenzar un nuevo proyecto. Por un lado, Andre Bouët abrió en la Cruz Vieja un restaurante, Bistro Chacón. Por otro lado, Hervé Hasson fundó en la plaza de las Angustias, Le croissant francés.

André Bouët llegó por primera vez a España cuando aterrizó en Málaga, con sus padres, cuando tenía 6 meses. Después, iba y venía, ya fuese a Cataluña o a Madrid. En 2008, el restaurador decidió mudarse a Arcos de la Frontera y vive allí desde hace 12 años. André ya estaba familiarizado con el mundo de la restauración, ya que era dueño de restaurantes en Nantes. Así que fue natural que decidiera establecer un restaurante aquí.

Teniendo una finca en Arcos de la Frontera, el hostelero decide establecer su negocio en Jerez. Una ciudad que le trae muchos recuerdos de su infancia. “Tenía recuerdos con mi padre que venía a ver a unos amigos que eran bodegueros aquí”, explica André. “Yo era muy pequeño, pero todavía recuerdo algo que era muy notable en Jerez antes, el olor. Las calles olían a vino. Había 360 bodegas de vino, sólo quedaban 30 de ellas.” “También veníamos aquí para las ferias, me gustaba mucho el ambiente de esta ciudad.”

“Como mis padres estaban jubilados, teníamos un proyecto familiar. Venían a pasar varios meses del año en España, y mi hermano también”, recuerda Bouët, el dueño del restaurante en la Cruz Vieja que acaba de renombrarse como La Zarzamora. Desafortunadamente, sus padres fallecieron y el proyecto familiar no pudo llevarse a cabo. También fue un proyecto familiar el que llevó a Hervé Hasson a establecerse en España. “Mi madre vive en Andalucía desde 2002. Fue una de las razones por las que vinimos a España".

André Bouët, el dueño de La Zarzamora. FOTO: MANU GARCÍA

Enamorado del flamenco, André Bouët lo compró de inmediato cuando encontró un local en pleno corazón de San Miguel. “Instalé mi restaurante aquí porque me gustaba este pequeño barrio. No es el mejor lugar para un comerciante, pero es el barrio del flamenco, de Lola Flores... Siempre he oído cante flamenco.” Por lo tanto, resulta natural que André acoja actuaciones de flamenco en su restaurante de vez en cuando. “Cuanto más vives en Jerez, más reconoces la calidad del cante, de la guitarra y del baile de aquí. Tenemos un pequeño escenario en el restaurante y presentamos espectáculos de flamenco ocasionalmente.”

A pocas calles del restaurante de André, Hervé Hasson también cuenta la historia de su llegada a Jerez y la apertura de su panadería-croissantería. “Vine a España con mi familia en 2006 para cambiar de vida. El sol está aquí como esperábamos, la gente es muy simpática”, se alegra el dueño. “Lo único es que al final es tan caro como en Francia, aunque los salarios son más bajos.” Después de haber abierto una panadería en El Puerto de Santa María, es finalmente en Jerez donde Hervé tiene establecida su tienda desde 2017. “Estoy muy contento de haber abierto mi panadería en Jerez, hay bastante gente y estoy bien situado. Me encanta la plaza de Angustias.”

En el aprendizaje del español, las experiencias de los dos hombres fueron diferentes. Por un lado, habiendo vivido muchos años en España desde su infancia, André siempre ha hablado español. Sin embargo, confiesa que nunca ha perdido su acento francés, el idioma que se hablaba en su familia. Por otro lado, Hervé prácticamente empezó de cero con el idioma. “Tenía dos años de español en la escuela, pero yo era muy malo. Antes de venir a España, había comprado toda la colección de cedés que se ponen en el coche para aprender a hablar español. Ponía el CD y repetía, me ayudaba un poco". "Lo mejor fue cuando llegué aquí y no tuve otra opción que hablar español.” El comerciante también ha guardado su acento francés, pero explica “a veces lo pierdo. Hablo mucho más español que francés.” El panadero cuenta sus encuentros aquí. “Al comienzo fue un poco complicado hacer un círculo de conocidos, pero al final encontré más amigos españoles que franceses”. Hervé explica que quería sobre todo practicar su nivel de español y conocer a la gente local.

Hervé, en conversación con este medio. FOTO: MANU GARCÍA

Los dos comerciantes cuentan su relación con Francia. Hervé Hasson abrió una panadería y pastelería que sigue los pasos de la tradición francesa. “Logré que mis productos franceses fueran aceptados. Tanto la bollería como la pastelería y los panes", se felicita Hervé. “Tengo un pan de calidad, tartas que revolucionan Jerez, pasteles franceses, croissants recién horneados que hago todos los días…”

Al otro lado de la calle, André explica su elección de no sólo ofrecer comida francesa. “Hay algunas influencias francesas en mi cocina, pero también hay influencias asiáticas, por ejemplo, mis padres vivieron en Indochina. Cocino algunos platos de mi infancia. Con el tiempo volví a esos platos que me recuerdan a mi niñez, a mi familia”. El restaurador explica que está elaborando una nueva carta. “También hacemos especialidades locales. Ahora mismo estamos haciendo chicharrones de casa, por ejemplo. Además, elaboro 4 pizzas muy originales. También preparo un confit de pato desmenuzado con naranjas en una cama de humus.” “Si funciona bien, puedo hacer muchas otras cosas”, espera el dueño.

Los dos franceses no vivieron lo mismo durante el confinamiento, pero están de acuerdo en la dificultad de sobrevivir desde marzo pasado. André Bouët tuvo que cerrar su restaurante durante el confinamiento. Explica que la recuperación desde junio ha sido complicada. "En julio y agosto los jerezanos están en la playa. Los otros años trabajamos gracias al turismo en el verano. Pero este año los turistas no vinieron".

André Bouët con otros amigos en su local. FOTO: MANU GARCÍA

Por otro lado, Hervé Hasson no pudo cerrar su panadería durante el confinamiento porque era considerada como un negocio de primera necesidad. “Tuve que quedarme abierto durante el confinamiento y finalmente, fue un buen momento para las ventas”. Hervé fue capaz de adaptarse rápidamente y logró seguir vendiendo. “Gracias a las entregas a domicilio pude seguir trabajando. "Tengo muchos pedidos realizados desde mi página web, para meriendas o reuniones familiares, por ejemplo, eso me ayuda mucho. Tengo un montón de habituales españoles que a menudo hacen pedidos” se alegra el panadero.  “Desafortunadamente, ha sido un poco más complicado desde la desconfinanciación. Hoy, las ventas están volviendo a subir poco a poco.”

Finalmente, los dos franceses expatriados se caracterizan por sus ganas de innovar y atreverse. El dueño de la panadería explica “creo que hay que atreverse a proponer cosas nuevas, no debemos tener miedo de que no funcione". Sin embargo, reconoce que en este momento es difícil emprender proyectos nuevos. “Antes del confinamiento, tenía muchos planes, pero tuve que ponerlos en espera. Estoy esperando a ver cómo se resuelven las cosas, el covid, las obras, pero es muy complicado. Hoy en día es imposible hacer predicciones o cálculos para el día siguiente". El restaurador de la Cruz Vieja también justifica su elección de elaborar una nueva carta. “Tratamos de resistir, de cambiar, de hacer nuevas propuestas para atraer una nueva clientela. Es el reto del mañana, intentamos fidelizar al pueblo de Jerez.” André también explicó que está previsto un cambio de nombre del restaurante. “Se va a llamar La Zarzamora, en honor a la mítica copla de Lola Flores.”

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