Juan Carlos, María y Javier emigraron de la provincia a Cataluña, y ofrecen a lavozdelsur.es sus respectivas visiones 'in situ' tanto de los sucesos de este aciago domingo de referéndum como del futuro inmediato que aguarda a la región donde viven y trabajan.

Mientras las cargas policiales ordenadas por el Estado para frenar el referéndum independentista en Cataluña, que han dejado cientos de heridos —La Generalitat los cifra en casi 900 y el Gobierno central minimiza el dato—, sacuden las portadas de los periódicos de medio mundo, e incluso han recibido la advertencia de la Comisión Europea —"la violencia no puede ser un instrumento en política"—, la amarga resaca de este domingo negro de primeros de octubre ha dejado imágenes imborrables en algunos jerezanos que residen en Barcelona. Es el caso de Juan Carlos Carrera, economista que lleva cinco años viviendo en Castellbisbal, un pequeño pueblo de unos 12.000 habitantes de la provincia barcelonesa donde la resistencia a la represión de las fuerzas de seguridad ha sido prácticamente numantina. "Ha habido una represión tremenda, había guardias civiles de paisano por el pueblo y 22 furgones de antidisturbios tomaron uno de los tres colegios que hay. Me ha tocado vivir el peor momento de mi vida delante de los antidisturbios, y eso no está saliendo reflejado en los medios de comunicación estatales", comenta al otro lado del teléfono, quejándose amargamente de la "enorme manipulación que está habiendo y de las muchas mentiras que se están contando". 

El relato de este domingo aciago amaneció pronto. Desde primera hora de la mañana, cuenta, los colegios estaban "inundados de gente, todo el mundo con la ilusión de votar, y mi opinión es que el referéndum no se ganaba hace dos meses, pero debido a la presión con las detenciones aquí ha cambiado bastante la cosa, mucha gente a última hora decidió acudir al ver la represión. La gente aquí quería expresarse pacíficamente". En su pueblo, llegaron a poner tractores y vehículos de defensa forestal para proteger los centros electorales y "unas 3.000 personas llegaron a ocupar las inmediaciones para impedir que pudieran volver los antidisturbios a llevarse las urnas. Ha sido una lección de dignidad y unos momentos muy intensos", comenta con emoción. Y eso que las cargas, informó la Cadena SER, llegaron a producirse en algunos casos contra menores de edad, jóvenes estudiantes del instituto-escuela Les Vinyes de Castellbisbal que se concentraban a las puertas del centro para bloquear la retirada de las polémicas urnas.

A unos 30 kilómetros de allí, en Barcelona, jóvenes jerezanos residentes en Cataluña como el escritor y experto en márketing digital Javier López Menacho y la ingeniera María Román vivían el 1-O con preocupación, pero sin visualizar los enfrentamientos que ha dejado la aciaga jornada. "Sobre todo, he vivido la preocupación de mi familia, mi madre me llamaba muy preocupada por lo que estaba saliendo por la tele, pero la gente que fue a votar, que yo pude ver, no iba con ansia de pelea ni de bronca. El Gobierno no ha sabido actuar y ahora queda una incertidumbre total sobre qué va a pasar", narra Román, que trabaja en L' Hospitalet en una empresa de consultoría SAP. "Han metido mucho miedo por la tele, pero yo este domingo, aparte de los helicópteros y tal, he visto buen ambiente a las puertas de los colegios y gente en las terrazas, todo más o menos como un domingo más, pero sí es verdad que en otros puntos ha habido mucha tensión. Una amiga mía, por ejemplo, lo ha sufrido al ir a votar en Sant Joan D' Espi", agrega. No fue ni mucho menos un domingo más.
Al igual que ella, López Menacho comparte con este medio su visión particular de un día que el país tardará en olvidar. "Yo estuve en el colegio frente a mi casa, junto a la avenida Comandante Benítez, que era uno de los que estaban abiertos y en los que no pasó nada, la gente fue desfilando, votó y ya está", explica sobre una cita a la que él no había sido convocado porque "aún estoy en proceso de empadronamiento y no me llegó nada". No obstante, aclara, "yo habría elegido no votar en estas condiciones". Y puntualiza: "Quiero que hagan un referéndum acordado y con garantías, y la verdad es que este, con todo lo que le ha rodeado, tiene muy poco consenso social. Lo que ha pasado es que la mayoría de gente que estaba en una situación parecida a la mía, al final ha ido a votar por la actuación policial y toda la movida. Tengo amigos que se lo pensaban y que, al final, han ido porque esto ya va más allá de la situación de independentismo sí o no, tiene que ver con los derechos y libertades". Ya van para seis años residiendo en Barcelona y, aparte de estar totalmente integrado en la sociedad catalana, López Menacho ve "totalmente razonable que quieran independizarse" porque, a su modo de ver, la promesa que ofrece el independentismo de un país sin Rajoy y sin su legado franquista es mucho más seductora que la de un PP lleno de corruptos. Cuando llegué no había tanto separatismo, pero las circunstancias del Estado español han llevado a todo esto". Los tres coinciden en este análisis que esboza el también director de lareplica.es, un medio independiente en el que él mismo firmaba este pasado domingo un análisis titulado 1 de octubre: el choque de trenes que puede acabar con Rajoy.

Empantanado como nunca el conflicto catalán, Carrera pinta, desde su posición de andaluz exiliado en Cataluña y que apoya la independencia, un futuro poco halagüeño. "Hoy mismo he estado concentrado en el Ayuntamiento de Cornellà y todo el mundo estaba indignado, lamentando esta vergüenza. "Si no desaparece esta fuerza represora no habrá posibilidad de diálogo, costará décadas recuperar esto; estaban prohibidas las pelotas de goma y aquí vienen los opresores de fuera a volver a traerlas. Está todo el mundo indignado y con ganas de llorar. Mañana —este martes— habrá huelga general que seguro que será secundada de manera importante y la declaración unilateral caerá, pero lo que se ha creado en el pueblo ya no se quita". "No ha servido de nada esta actuación salvo para generar más odio; no sería tan ilegal la votación cuando querían evitarla a toda costa", añade María Román.

A juicio de López Menacho, habrá declaración unilateral, bloqueo total a nivel institucional y, presumiblemente, convocatoria de elecciones. Antes de eso, "mi opinión es que la actuación lo que ha hecho es desplazar todo el eje hacia el lado independentista, incluido a los tibios". Los llamados equidistantes ahora se han rebelado contra la represión policial. "El Gobierno ha provocado la fanatización del movimiento independentista. En el fondo, son dos posturas antagónicas que tienen interés en forzar mucho la situación, para los independentistas de cara a la opinión internacional, y para Rajoy, como demostración de fuerza y control del Estado. Todo el mundo sabía que iba a pasar algo similar a lo que pasó, esto se veía venir. Aquí hay millones de personas que quieren votar, ha sido incontrolable y, al final, pese a las cargas, no ha habido esa demostración de fuerza para impedirlo". 

Es el gran balance final, pese a los golpes, que también hace Carrera: "La gente del pueblo pudo esconder las urnas y no se las llevaron. A las ocho de la tarde estábamos gritando en catalán ¡Hemos votado! La necesidad de expresarse era lo prioritario, más cuando hemos visto imágenes de España con grupos fascistas que han dado asco, y no puede ser de otra manera porque es volver a unos símbolos que parecían superados". ¿Y ahora qué? "Aquí —comenta— ya no hay marcha atrás ni posibilidad de diálogo, va a haber mucho enfrentamiento. Se ha manipulado por ambas partes, eso es verdad, dando argumentos sin sentido, pero el independentismo es un sentimiento popular al que se le ha echado mucha gasolina. Machacando no destruyes eso, avivas más el sentimiento, como ocurrió con Euskadi. Ha habido gente a la que se les ha roto los dedos uno a uno, mujeres arrastradas por los pelos… y al final, como ya no era una cuestión política, sino de dignidad, nos queda el orgullo de haber defendido las urnas, que es lo que nos queda".

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