"Cuando vimos llegar a los antidisturbios, parecía una película"

Los usuarios de Mercadona y bares contiguos tuvieron que quedarse encerrados hasta que la Policía les dio permiso durante el atraco a La Caixa en Puertas del Sur. "Nos avisaron de que se podía escapar un tiro"

Una oficina de

Daban las 14:05 cuando dos italianos de 31 y 51 años se enfundaron en sendos pasamontañas, se bajaron de una moto de 125 cc robada en Sanlúcar la pasada semana y se metieron en sucursal de La Caixa de Puertas del Sur. Antes, habían rondado otra del Banco Santander, a unos 30 o 40 metros de distancia, pero por alguna razón no lo vieron claro. Dentro, trabajadores de La Caixa, una pareja y dos mujeres, una de ellas, empleada de un establecimiento cercano, que fueron tomados al instante como rehenes.

Con una pistola en sus manos de apariencia real, reclamaron el botín. La Policía fue avisada al instante, y decenas de agentes de la Nacional, con apoyo de la Local, se desplegaron a las puertas de la entidad. Lo hicieron antes de que los atracadores intentaran marcharse en la moto robada.

Las fuerzas de seguridad pidieron a los establecimientos de alrededor que no saliera nadie a la calle. Fue lo que pasó en el Mercadona contiguo, donde la seguridad cumplió con las exigencias. Lo mismo en cafeterías más allá.

Una propietaria, María Ángeles Tejero, se enteró de todo con la llegada de la Policía. "Estábamos dentro y escuchamos decir que había un atraco. Uno de ellos, a los diez minutos, salió encapuchado. Ese señor se volvió a meter para dentro. La Policía nos decía que no saliéramos, que se podía escapar un tiro".

Desde un bloque de viviendas, Raúl Ruiz, un chaval de 18 años, explica que sintió miedo. "Nos asomamos y vimos cada vez más policía. Nosotros, asustados, claro. Cuando pasó el tiempo, vimos a dos personas tumbadas. Los sacaron a los dos, y se tranquilizó todo".

Entre medias, un policía entró en La Caixa como negociador. Había pasado alrededor de media hora desde la entrada de los dos atracadores. Gracias a ello, consiguieron hacer entrar en razón a los dos ladrones frustrados. Mientras, decenas de policías parapetados detrás de furgones, coches y árboles, apuntaban hacia el interior del local.

Para entregarse los atracadores se tumbaron en el suelo dentro de la entidad, en el espacio de seguridad entre dos puertas, la de la calle y la del interior, donde se sitúan los cajeros.

Otra vecina, Mayte Troncoso, cuenta que al llegar a casa se encontró con decenas de policías. "Creía que era un accidente, pero cuando vi los antidisturbios parecía que estábamos en una película. Por esta parte, nos vamos a tener que ir de aquí. Hay más inseguridad en esta zona de Jerez", explicaba posteriormente a los medios.

Tras la detención, condujeron a los atracadores a furgones y trasladados a la nueva comisaría de Jerez, a la espera de pasar a disposición judicial. Uno de ellos fue también atendido por un ataque de ansiedad.

Dos de los rehenes también necesitaron atención médica, en ambos casos por ataques de ansiedad. "Una de las trabajadoras salió llorando de dentro", explicaba un testigo, que añadía que "los policías llegaron a los pocos minutos con un despliegue enorme, eso se ve sólo en las películas".