Enero avanza, el frío aprieta a ratos y, sin embargo, en las Bodegas González Byass solo se habla de lunares, de volantes, de colores imposibles y de ferias que todavía parecen lejanas. La Pasarela Flamenca Tío Pepe celebra su 19ª edición este fin de semana y, una vez más, convierte a la ciudad en punto de encuentro para quienes entienden la moda flamenca como algo más que un traje, un mantoncillo o una flor.
Hasta aquí nadie viene solo para ver los desfiles. Se viene a pasear, a quedar, a comprar, a tocar las telas, a probarse mantoncillos, a tomar una copa de vino y a confirmar que, aunque el calendario marque invierno, la cabeza ya está puesta en primavera. La pasarela se ha consolidado como una experiencia 360º donde moda, artesanía, cultura, música y gastronomía conviven en un enclave que no puede ser más simbólico, y donde los desfiles presumen de un 'lleno hasta la bandera'.
Comprar en enero, pensar en feria
Yolanda Blanco lo tiene claro. Jerezana, habitual asistente de la pasarela desde prácticamente sus inicios, este año no ha tardado demasiado en decidirse. “Ya me lo he comprado”, dice sin dudar a lavozdelsur.es, como si comprar un traje de flamenca en enero fuese lo más natural del mundo. Para muchos puede sonar a locura, pero para ella es casi un ritual. Ha sido entrar en el stand que tenía el traje que le gustaba y escuchar cómo le “cantaban” un verde con morado, modelo canastero, con lunares. Justo lo que buscaba.
No es la primera vez que pica, aunque sí la primera que se lleva un traje completo. Otros años fueron mantoncillos, complementos, alguna pieza suelta. Este, el presupuesto estaba claro: no más de 400 euros. Al final, 150 el traje y 70 el mantoncillo. “Más baratito”, dice satisfecha. Y con la cabeza ya en la feria, en esa ruta casi nómada por los pueblos de Andalucía que inauguran el calendario festivo antes de Sevilla.

El enclave ayuda. Yolanda lo resume sin rodeos: vino, trajes de lunares y baile. “No se puede pedir más”. Para ella, la moda flamenca tiene sentido en un lugar así, en una bodega, rodeada de lo que representa una feria.
Venir a mirar… y a aprender
No todo el mundo viene con la tarjeta preparada. Vicky y Rocío pasean entre desfiles y stands con otro objetivo: observar. Inspirarse. Ver qué se lleva. “Venimos a mirar, a comprar y a soñar con los volantes”, afirma la primera. Una de ellas se hace los trajes a medida cada año y la pasarela funciona como un gran cuaderno de ideas. Hechuras, cortes, tipos de volante, colores, lunares o estampados.
Como público atento, detectan tendencias claras: telas más vaporosas, menos peso, más comodidad. Volantes con movimiento, tejidos estirables que se adaptan al cuerpo y destierran la “tortura” de otros años. “Una nueva onda cómoda”, dicen, casi celebrándolo. Ir a la feria sin tacones, más libres y también más ligeras, algo primordial en los últimos tiempos.

Repiten por segundo año consecutivo. “Por cercanía, por conciliación, por ser madres”, justifican su llegada a la Pasarela. Pero también por una convicción clara: “Apoyar el talento local”. La Pasarela Flamenca de Jerez tiene eso que no siempre ofrecen otros eventos: la sensación de estar en casa.

Poderío en la pasarela
Para Sergio Parrales, diseñador de La Parrala Flamenca, este 2026 es especial. Es su primer año desfilando en Jerez, aunque la pasarela ya le había conquistado antes. “Tiene mucho poderío, algo que el resto de pasarelas en las que he estado no tienen tanto”, resume a este medio. Poderío en el trato, en el ambiente, en el enclave.
Presentar su colección en las bodegas le hace especial ilusión. Ve sus trajes encajando en ese círculo perfecto que forman Jerez, el vino y todo lo que envuelve a la ciudad. Su propuesta, titulada La velá, está inspirada en la historia de amor de sus padres y promete texturas, tejidos y una silueta diferente a lo que había trabajado hasta ahora.

En cuanto a tendencias, lo tiene claro: subida de talles, cortes en cintura y cadera, estampados muy fuertes —especialmente flores— y la organza como tejido protagonista. Y comparte pasarela y ciudad con Jessica Bueno, la modelo sevillana madrina de su desfile y de la Pasarela Flamenca de Jerez, con quien mantiene una relación de amistad y complicidad creativa.
Artesanía que se toca en clave local
José María Núñez Bravo, alma de Jonubra, celebra una década en la Pasarela Flamenca de Jerez. “Son diez años aquí y es un orgullo muy grande, porque esta marca nació aquí”, afirma. Complementos artesanales de resina, coral, hueso o flores teñidas a mano que convierten cada pieza en algo único. “Aunque tiña cuatro flores en la misma olla, ninguna sale igual”, explica.

Es consciente de que la rentabilidad no se mide solo en ventas. “Esto no es solo vender en cuatro días, es una lanzadera”, dice. “Aquí muestras la tendencia y eso repercute luego en toda la temporada”. El público, asegura, “es muy fiel”.
Primeras veces y regresos
Para la firma Ele.O, este es su primer año en la pasarela. Ana Romano, responsable de la tienda en Jerez, habla de sorpresa. “Estamos muy contentas y muy sorprendidas por la aceptación”, reconoce. En apenas unos minutos, ya hay clientas comprando, y llevándose trajes. También reservándolos. “El secreto es que los vestidos tienen mucha tendencia, son cómodos y muy baratitos”.

La tienda abrió en Jerez hace justo un año. “No nos dio tiempo a venir antes”, explica. Ahora, la idea de repetir está clara. “Seguramente vamos a volver, porque está siendo brutal”.

Entre las clientas, Claudia, con 18 años, busca su traje de gitana. “Vengo a coger ideas, pero casi seguro que me llevo uno de estos”, cuenta. Ha desfilado otros años, pero este le toca mirar desde fuera. “Ver cómo le queda un color a una morena o a una rubia ayuda mucho”. Busca volantes, ligereza, lunares y, si puede ser, rojo, aunque no lo quiere desvelar porque es uno de los secretos mejores guardados para las que estrenan traje en el real cada año.
Tradición que se hereda
Madres e hijas recorren juntas los stands. Maricarmen y Tamara vienen todos los años. “Venimos a ver la moda flamenca”, dicen. Buscan trajes para una niña pequeña, se fijan en los colores. “Los lunares, siempre”, tienen claro. Mantoncillo, sí. Esparto o tacón para el calzado, según el día, como aseguran mientras observan trajes a montones.
Ana Belén Morillo, directora de la Pasarela Flamenca de Jerez, resume el espíritu del evento tras diecinueve años de trayectoria. “El ambiente es muy bueno y el público está respondiendo con mucho cariño a los diseñadores”, explica. La pasarela nació para dar visibilidad al talento de la provincia. “Más del 70% de los diseñadores son de la provincia de Cádiz”.
El público es mayoritariamente femenino, según los organizadores. “Para muchas mujeres ya es una cita obligada. Quedan entre amigas y vienen a vivir la experiencia completa”, señala la directora. Bodega, vino, música, artesanía y moda flamenca. “Eso es lo que ofrecemos y eso es lo que la gente viene a buscar”.
De esta forma, la Pasarela Flamenca de Jerez, aunque temprana, ya pone en marcha la inspiración de muchos amantes de la moda para las ferias y romerías, y a otros tantos les llena las perchas de trajes en pleno mes de enero. Porque en Jerez, cuando llegan los lunares, da igual lo que marque el calendario. La feria ya está en el aire.



