Combatir el odio con diálogo: "Me pegan una paliza por lo que soy, no por lo que hago"

esteban_ibarra_1

Ganemos Jerez organiza 'Jerez sin odio', unas jornadas pedagógicas sobre la gestión de la diversidad social, la atención a los delitos del odio y la seguridad pública.

Educación, reeducación y diálogo. Estas son las vías para erradicar la intolerancia y el odio. En base a esta misión, la ciudad acoge las primeras jornadas pedagógicas Jerez sin odio —impulsadas por Ganemos Jerez— para hablar sobre la gestión de la diversidad social, la atención a los delitos del odio​ y la seguridad pública. Antonio Lobato, coordinador de Educación de la asociación ProDerechos Humanos de Cádiz, es el primero en entrar al debate poniendo el foco de atención en los centros escolares. "La escuela ha perdido su componente social, cada vez se construyen más fronteras, más muros". En este sentido, Lobato narra el caso de un instituto donde un grupo de alumnos esperaba inquieto las clases de una profesora determinada: "Háblanos de las cosas de la vida, le decían los estudiantes a esta docente. Y claro, los jóvenes quieren que alguien les hable de la realidad. No hay un debate sereno sobre la actualidad en las aulas y esto es muy importante para la formación de ellos". La falta de debate, sumada a la cantidad de información —sin filtros— que los adolescentes reciben a través de las redes sociales, genera una confusión y una crisis de identidad que puede derivar en conductas conflictivas. Todo dependerá del ámbito y de la forma en que cada uno adopte todos los mensajes de odio que circulan por internet o en las paredes del vecindario. 

Tanto Antonio Lobato como Esteban Ibarra, fundador y presidente de la organización Movimiento contra la Intolerancia, coinciden en que el lenguaje que utilizamos en el día a día importa. "Debemos de tratar de concienciar que hay gente que sufre con sentencias como el maricón de mierda o el moro ese. De nada sirve que luego digas: No, no, yo lo digo en broma. No. Cero bromas contra la exclusión social", defiende Lobato. Por su parte, Ibarra reivindica que las instituciones internacionales asuman el discurso del odio, porque si para algunos los delitos de odio no existen, las agresiones de xenofobia u homofobia quedan impunes y son contempladas como una simple agresión cuando se trata de fenómenos universales. "¿Pensáis que los crímenes de odio han comenzado ahora?", pregunta con sorna Esteban Ibarra al público. "En España el delito de odio no se consideraba un problema hasta hace cuatro años. ¿Por qué? Se centraban en los jóvenes y hablaban de violencia urbana, hecho que nosotros, desde nuestra organización, negábamos. Si un hombre golpea a su pareja es violencia de género, hay que ponerle el apellido adecuado", continúa. 

"Los principales nutrientes de odio son las gradas de fútbol"

El odio puede tener diferentes conductas. O bien puede materializarse a través de un insulto que discrimine a un colectivo "minoritario", o bien puede vejar, agredir o matar a una persona por el simple hecho de ser diferente. El espectro de delitos de odio es amplio, pero los más conocidos son: racismo (diferencias raciales), xenofobia (odio al extranjero), islamofobia (rechazo a los musulmanes —y en ocasiones también a las personas de origen árabe—) y homofobia (odio a los homosexuales), además de otros, como laaporofobia (rechazo hacia las personas con pocos recursos económicos), obesofobia (odio a las personas obesas) y discafobia (rechazo hacia las personas discapacitadas). ¿Cómo prevenir y gestionar estas agresiones? José Cano de la Vega, jefe de la Policía Local de Fuenlabrada y portavoz de la Plataforma por la gestión policial de la diversidad, e Isabel Tapia, presidenta de Gaylespol (asociación de Policías LGTBI+) son los encargados de dar respuesta a esta incógnita.

De antemano, Cano de la Vega, referente a nivel nacional e internacional en la lucha por la diversidad social, expone una cuestión: "¿De verdad hablamos de minorías?". A día de hoy, en España hay 23,6 millones de mujeres frente a los 22,8 millones de hombres, 4,5 millones de habitantes son inmigrantes y 50.000 personas españolas son negras. Por otro lado, en nuestro país hay cerca de 700.000 personas de etnia gitana, 1,5 millones de protestantes, 100.000 judíos, 1,9 millones de musulmanes y haciendo una estimación, entre 1,5 y 5 millones de población LGTBI... "No son una minoría, los colectivos de diversidad social son una gran parte de la sociedad", contesta el jefe de la Policía Local de Fuenlabrada, que desde su posición trabaja para que los cuerpos de seguridad actúen desde la tolerancia y garanticen la atención de las víctimas de los delitos de odio. "Somos conscientes de que hay una parte de la población que no se siente protegida. Nosotros queremos combatir esa realidad porque queremos que la Policía sea el espejo de la sociedad". E Isabel Tapia continúa poniendo especial énfasis en la sensibilización de los compañeros policías y en la necesidad de fomentar que la gente denuncie este tipo de agresiones. "Desde Gaylespol planteamos que la Policía, además de ser represiva, también puede ayudar".

"Existen casos de niñas de 15 años que se suicidan por ser lesbianas o extranjeras" 

Por su parte, Esteban Ibarra suscribe las palabras de los agentes, y es que sostiene que para defenderse de los delitos de odio las personas deben hacer uso de las instituciones. Denunciar, no responder a la violencia con más violencia. "Lo que hay detrás de un crimen de odio es la negación del diferente. Me pueden pegar una paliza por lo que soy, no por lo que hago", enlaza Ibarra al tiempo en que asegura que en la actualidad los viveros de intolerancia fanática se encuentran en los clubes deportivos. "Los principales nutrientes de odio son las gradas de fútbol". Y también expone que "el odio es producto del envenenamiento a través de la propaganda, del adoctrinamiento. La gente no nace así, alguien les envenena". Para Ibarra, cuando se produce un crimen de odio, las instituciones deben buscar indicios, antecedentes... Averiguar si realmente se trata de una agresión puntual por un tumulto, o si un grupo se ha congregado para llevar a cabo un delito de odio contra un colectivo. "Existen casos de niñas de 15 años que se suicidan por ser lesbianas o extranjeras. No podemos permitir este fracaso social", destaca. "Desde Movimiento contra la Intolerancia trabajamos diversos puntos como la pedagogía de la tolerancia o muestras de los delitos de odio, pero sobre todo ayudamos a las víctimas, porque la víctima es la gran olvidada", concluye.