"Los americanos siempre nos preguntan si los penitentes que tenemos en el expositor son del Ku Klux Klan", señala Adolfo Quevedo con sorna. Sus monumentales y pequeñas figuras de fiestas religiosas no pasan desapercibidas. Su ubicación, en plena plaza de la Yerba, el corazón de la ciudad, permite que no haya prácticamente jerezano que no conozca Casa Quevedo. Su enorme cantidad de imágenes para el Belén y religiosas llaman la atención de cualquier turista extranjero, de ahí la pregunta que todos los estadounidenses formulan al propietario, ya jubilado, de esta mítica tienda de Jerez. Se ha convertido en emblema de la ciudad por su historia, por ser una de los primeros negocios de Jerez de este tipo: casi 70 años anclado en una de las esquinas más transitadas del casco histórico, y por su trabajo artesanal dedicado a la instalación de cristalería y marquetería.

Sin embargo, Casa Quevedo hacía sombra a un establecimiento que abre años antes que éste. No se trataba de competencia, todo quedaba en familia. A principios del siglo XX la abuela de Adolfo Quevedo, Josefa Guerrero, instala una tienda de la misma especialidad en calle Algarve, vía antes conocida como Antonio Vico. Adolfo cuenta que uno de sus tíos, Antonio, el mayor de cinco hermanos, comienza a trabajar en una cristalería que antiguamente se encontraba en la Puerta Real, lo que a día de hoy es una óptica. Su abuela, que por aquel entonces vivía en Medina, enviuda a temprana edad y decide trasladarse a Jerez por la necesidad de encontrar un puesto de trabajo, además de "aprovechar que uno de sus hijos estaba colocado".

En unos años de profundo machismo en el que la mujer debía dedicarse únicamente al hogar y al cuidado de sus hijos, Josefa toma las riendas de su vida y decide ser dueña de su propio trabajo al crear una tienda de cristalería y marquetería en 1908 bajo el nombre de Viuda de Quevedo. "Por aquel entonces no estaba bien visto que una viuda, una mujer, abriera sola una tienda, por eso comienza llamándose así. Luego pasa a denominarse La Concepción", relata Francisco Quevedo, uno de los nueve hijos de Adolfo, y actual propietario de Casa Quevedo. La familia al completo trabajaba en La Concepción. Todos, desde principios de siglo, dedicados a colocar cristales y enmarcar lienzos. No obstante, Manuel Quevedo, padre de Adolfo, decide emprender solo abriendo una tienda situada en la plaza de la Yerba, conocida anteriormente como Eduardo Dato. Es en el año 1949 cuando Manuel inaugura Casa Quevedo, negocio que actualmente regenta su nieto Francisco. Adolfo recuerda que fueron unos años espléndidos, con muchísima clientela, y que según ellos, eran de los pocos "bazares que existían en el centro".

En sus primeros 45 años Casa Quevedo ofertaba, además de su especialidad, artículos de regalo, perfumes, baterías, menaje del hogar... A día de hoy no contemplan tanta variedad y lo que más venden son rosarios y figuritas de Belén y de Semana Santa. Si bien al principio no tenían competencia, ahora reprochan que la demanda ha descendido por la concentración del trabajo en pocas manos y por la llegada de las grandes multinacionales. "Antes un cerrajero hacía ventanas y el cristal lo poníamos nosotros. Ahora el cerrajero lo hace todo", critica Adolfo.

Jordi Hurtado, el popular presentador de 'Saber y ganar', quiso inmortalizarse con sus propietarios al visitar la tienda

En la actualidad el negocio se centra más en la venta de souvenirs e imágenes religiosas que en la especialidad sobre la que se construye en un principio Casa Quevedo. En su tienda ofertan llaveros, pegatinas de la bandera española, rosarios —los artículos más vendidos—, pines, imanes, medallas de distintas hermandades de la ciudad, figuras de santos, de Belenes y réplicas a menor escala de algunas imágenes de la Semana Santa de Jerez y Sevilla. "Es muy raro que alguien pregunte por algo y que no lo tengamos", comparte Francisco. "Pero está claro que cuando más vendemos es en Cuaresma y en Semana Santa", añade. Ellos trabajaban con particulares y empresas privadas y públicas. Ahora no saben qué decir, un poco de todo. Pero mucha de su clientela habitual se ha desprendido de ellos, como por ejemplo, muchas bodegas del Marco.

En esta familia de marqueteros había cabida para otros oficios. Adolfo, sin ir más lejos, comenzó a trabajar en los juzgados años antes de entrar en la tienda de su padre. Relata que su primer oficio lo consigue gracias al nieto de Adolfo Suárez, Hipólito. No obstante, dice que cómo hacía falta echar una mano en Casa Quevedo, lo deja para dedicarse al negocio familiar. "Si no llego a entrar en la tienda, probablemente estaría trabajando de oficial en el juzgado", comenta entre suspiros.

Lleva un pin dorado de una zambomba en su chaleco y un pin de la Virgen del Rocío en su boina, haciendo honor a su Hermandad del Rocío en Jerez, ya que durante ocho años fue mayordomo de la misma. En su pequeño taller donde realiza pedidos y pequeñas reparaciones, muestra una amalgama de recuerdos que guarda entre cristales y marcos. Adolfo cuenta, entre risas, que un año protagonizó algunos titulares internacionales porque se encontraba rodeado de periodistas de medios extranjeros cuando tuvo la mala suerte de volcar un Land Rover en El Rocío. "Salí volando por la ventanilla como si fuera Cristo", espeta. Casa Quevedo está repleta de figuritas frágiles, trípticos religiosos con rótulos fluorescentes que advierten ofertas especiales, animales, pequeños San Pancracio, San Judas y cómo no, una réplica de la patrona de Jerez. Está todo intacto desde hace más de 20 años, pero lo que sí es novedad es un pequeño cartel que cuelga desde la sala principal de la tienda al gran expositor de la derecha. Se trata de una señal que prohíbe el acceso de carritos de bebé a dicha sala. Lo colocaron por experiencia, dicen que gracias a Dios nunca le ha pasado nada a ningún niño, pero que es habitual que hagan destrozos en un espacio tan estrecho.

"Hay gente que entra, ve el cartel y se marcha molesto, pero no queremos más pérdidas", señala Francisco. Al hablar sobre la curiosa señal, recuerdan cuando hace 30 años alguien hizo un boquete por el techo del edificio para robar el dinero de la caja y todo lo que habían recaudado de la Lotería de las hermandades. "El que entró tenía que ser pequeño. Lo peor fue que encontraron medio puro en la parte del taller; menos mal que tuvo la cortesía de apagarlo, porque si no se hubiera incendiado la tienda entera", comenta uno de ellos.

También recuerda, esto sí con especial cariño, visitas de figuras populares de la televisión, como es el caso del presentador de Saber y Ganar, Jordi Hurtado. Cuenta que el presentador de La 2 se pasó por la tienda en las Navidades de 2015 junto con su amigo Manolo Romero Bejarano. En confianza, se fotografiaron con él para inmortalizar el momento e incluso, como relata Adolfo, Hurtado tuvo la amabilidad de promocionar el disco de su hijo José Quevedo, guitarrista flamenco musicalmente conocido como El Bolita.

Adolfo menciona que cuando él comienza a trabajar con su padre había siete personas detrás del mostrador. Hoy está su hijo, "e incluso la mitad de las veces sobra". Francisco tomó el testigo de su padre, igual que él tomó el de su padre Manolo y este el de su madre Josefa. Ahora cabe preguntar: ¿Sobrevivirá Casa Quevedo a la siguiente generación? Desde luego, santos que recen por ellos no les faltan. 

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