lavozdelsur.es vuelve, un año después, al abandonado hotel de cinco estrellas para comprobar la brutal degradación que sufre fruto del pillaje, primero, y ahora del vandalismo.

Si las Atarazanas o el Alcázar de Sevilla son escenarios de la multi premiada serie Juego de Tronos, Jerez bien podría ofrecerse para la no menos exitosa The Walking Dead ahora que, precisamente, tiene de nuevo su Film Comission en marcha. El lugar es perfecto y está casi en pleno centro de la ciudad: el tristemente desaparecido Palmera Plaza.

Si hace un año este medio destapó las miserias de lo que hasta octubre de 2014 había sido un precioso establecimiento de cinco estrellas, 365 días después el panorama que se ha encontrado es muchísimo más desolador. Si entonces ya estaba siendo pasto de los saqueadores, éstos prácticamente solo habían actuado en grifería, cableado y aparatos de aire acondicionado. Los pasillos se mantenían casi intactos, al igual que las habitaciones, con sus muebles y menaje todavía presentes (camas, cortinas, espejos, butacas, sillas, televisores…). Hasta la cafetería anexa a la piscina disponía de su vajilla completa. E incluso había zonas a las que no se podía acceder, como la coqueta recepción, que coronaba una lujosa lámpara de araña, hoy totamente destrozada.Pero los meses fueron pasando y la actividad delictiva fue en aumento, a pesar de las continuas denuncias de los vecinos del entorno. Los ladrones ya ni siquiera esperaban a que cayera la noche. A plena luz del día era común ver en calles como Luis Pérez y Pozo del Olivar furgonetas siendo cargadas de cualquier cosa susceptible de ser vendida como chatarra o como mobiliario de segunda mano. Fue entonces cuando el Ayuntamiento ordenó mayor presencia del 092 en la zona, sobre todo tras conocerse que un vecino, cuya casa da directamente a los jardines del Palmera, había sido asaltado y lesionado por un ladrón en su propio domicilio. La Policía Nacional también aumentó su presencia y de hecho en los últimos meses ha detenido a numerosas personas que se encontraban en su interior robando. Lamentablemente, tal y como entran por comisaría, salen. El motivo, que no hay un propietario que denuncie la situación. De hecho, a esperas de nuevas noticias desde el Ayuntamiento, el gobierno municipal aseguraba hace un año que desconocía el paradero de los dueños del hotel.

Hace meses que ya no hay nada de valor que robar en el Palmera. Dormitorios y baños de las habitaciones ya son espacios vacíos. Se podría decir que lo único que se mantiene en pie son las paredes, porque hasta los falsos techos están destrozados. Por llevarse, los ladrones se han llevado toda la maquinaria que había en la cocina e incluso los ascensores. No quedan ni los marcos de las ventanas.

Por eso, el pillaje ha dejado paso al vandalismo. En cuanto se reventaron las cristaleras del hall que da a la glorieta entre Pozo del Olivar y Pizarro, los gamberros vieron el cielo abierto. Las pintadas y grafitis abundan en las instalaciones, se han reventado cristales y se han prendido diferentes espacios, desde despachos a habitaciones. La lujosa suite con suelos de parqué, que coronaba el último piso del Palmera y que disfrutaba de una amplia terraza con preciosas vistas a intramuros, salió ardiendo hace unos días. Y no una, sino dos veces en apenas unas horas. “Un vecino vio a un grupo de niñatos con un mocho impregnar el techo con algo, que a la vista está que era combustible porque enseguida le prendieron fuego. Llamamos a la policía y a los bomberos, que llegaron enseguida, pero horas después volvieron y otra vez le metieron fuego”, relata Lola, vecina de Pozo del Olivar, que como el resto de vecinos del entorno ya no sabe qué hacer para que el Ayuntamiento les haga caso. “Recogimos firmas y no sirvieron de nada. Aquí pagamos un IBI como si viviéramos en un Palacio y pasan de nosotros”.A pesar de que los bloques de Lola no dan directamente a los jardines, gracias a una alta pared cubierta por buganvillas, eso no quiere decir que no se vean perjudicados por el mal estado que ya presentan los mismos, convertidos en una auténtica selva y por donde campan gatos, ratas y hasta serpientes. “Se nos coló una en casa. Mi hijo tiene un hámster y lo olería o algo. La pillé queriéndoselo comer. Pegué un grito y acabó en un paragüero, y ahí mi marido ya la pudo meter en una bolsa de basura y tirarla a un contenedor”.

Miguel, también vecino del entorno, es otro que ya da por perdida la batalla. Se ha llevado meses denunciando, para nada, que se tapie la puerta de una casa abandonada en la calle Luis Pérez que tiene acceso al hotel. “Ya se lo han llevado todo, ahora el peligro es que un niño se caiga y se mate, o que le metan fuego a algo”. No tiene quejas de la Policía y los bomberos, ya que reconoce que cuando hacen falta “vienen enseguida”, pero, como Lola, pide al gobierno municipal que actúe. “Hemos oído que ahora el Ayuntamiento va a desratizar los jardines y a tapiar los ventanales de la recepción del hotel. A saber si será verdad o no”, se pregunta la vecina. 

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Jorge Miró

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