El Palacio de Riquelme ha acogido este martes la presentación de Una rosa cantaora, la biografía dedicada a la vida y obra de Ana María La Jerezana, figura histórica del cante nacida en 1928, escrita por el periodista jerezano Francisco Pereira, actual presidente de la Cátedra de Flamencología de Jerez y Estudios Folclóricos Andaluces. La obra recorre la trayectoria de una artista que, a juicio de su autor, no ha recibido en su tierra el reconocimiento acorde a su carrera.
Pereira sostiene que Ana María La Jerezana continúa siendo "una gran desconocida" para buena parte del público, pese a la notoriedad que alcanzó durante décadas como saetera en Jerez. Según explicó, muchos jerezanos la identifican por sus tradicionales saetas a la salida de Las Tres Caídas o a la Virgen de la Amargura, pero desconocen el alcance real de una trayectoria profesional que la llevó a actuar por numerosos escenarios internacionales.

El autor subraya que la artista llegó a tener una mayor proyección fuera de España que dentro del país. En este sentido, destaca especialmente su repercusión en Sudamérica, donde —según recuerda— disfrutó de un notable reconocimiento en países como Argentina, Brasil, Venezuela o Uruguay. "Fue incluso más reconocida fuera de España que en su propio país", afirmó Pereira, quien atribuyó esa circunstancia a los numerosos contratos que la llevaron a desarrollar gran parte de su carrera artística en el extranjero.
Un vínculo familiar con la cantaora
El origen del libro se remonta a una entrevista realizada por el periodista en 2018, cuando descubrió además un vínculo familiar con la cantaora: Ana María era prima hermana de su abuela. Aquel encuentro le permitió conocer de cerca a una mujer que define como "empoderada para su tiempo", capaz de desafiar las convenciones sociales de una época en la que, recordó, "no era fácil ser artista en los años 40, 50 y 60". Fue entonces cuando la propia artista le trasladó su deseo de ver publicada su biografía antes de morir, una petición que dio origen al proyecto.

La publicación reconstruye la vida de la cantaora a través de conversaciones mantenidas entre ambos durante años y sigue un orden cronológico sustentado en la memoria de la propia protagonista, que, según destaca Pereira, conserva una lucidez excepcional pese a rozar el centenario. El trabajo se ha completado con abundante material documental y gráfico conservado durante décadas por la propia artista y su entorno familiar, entre fotografías, programas, recortes y archivos personales.

Además de la narración biográfica, el libro incorpora una recuperación exhaustiva de su discografía, un capítulo específico dedicado a su papel en la historia de la saeta y un cancionero final inspirado en los antiguos repertorios publicados por artistas en las décadas de los 60 y 70. Entre los hallazgos incluidos figura una canción compuesta para ella por Antonio Gallardo hace décadas y que nunca llegó a interpretar por coincidencias de agenda durante una gira.

Pereira recuerda que Ana María La Jerezana ya fue reconocida por la Cátedra de Flamencología con el premio a la Saetera Mayor, en reconocimiento a una trayectoria que comenzó a destacar especialmente en la Sevilla de los años cincuenta. Allí, explicó, sus primeras saetas causaron un fuerte impacto hasta el punto de recibir en 1956 un galardón otorgado por artistas sevillanos, prueba de la relevancia que su figura había alcanzado en el ámbito de la saeta andaluza.
La obra también profundiza en la dureza de la infancia y juventud de la artista, marcada por la posguerra y la precariedad. Hija del cantaor Juan Domínguez El Batato, Ana María comenzó a cantar con apenas ocho años y creció en un entorno de extrema necesidad tras la muerte temprana de su madre. Pereira relata algunos de los episodios que recoge el libro para ilustrar aquella etapa de supervivencia continua, como las noches de Reyes en las que sus hermanos dejaban los zapatos en la ventana y despertaban sin encontrar regalo alguno.
Con esta biografía, el autor asegura haber querido cumplir un doble objetivo: satisfacer el deseo personal de la artista de dejar escrito su legado y rescatar del olvido a una figura que llevó el nombre de Jerez por todo el mundo. "Hay muchos artistas que se van y se llevan consigo toda una vida de trabajo y dedicación", advierte, convencido de que las nuevas generaciones deben conocer a La Jerezana como "una artista importante dentro de la copla, la canción española y el flamenco".


