El Papa León XIV visitará España, tal y como avanzaba el cardenal José Cobo desde Roma, en lo que será el noveno viaje de un Pontífice al país. La visita pondrá fin a 15 años sin presencia papal, desde que Benedicto XVI acudiera en agosto de 2011 para presidir la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. El anuncio ha reavivado expectativas en distintos puntos del país y, de forma especial, en Huelva, donde ha surgido la pregunta de si el Santo Padre podría acercarse a El Rocío.
Durante un recorrido en el papamóvil, varios fieles invitaron al Pontífice a visitar la aldea de la Blanca Paloma. León XIV respondió dejando abierta esa posibilidad con un prudente "vamos a ver, vamos a ver", una expresión que ha sido interpretada como una puerta abierta a su posible visita a El Rocío. Antes de retirarse, el
Papa envió "recuerdos a don Emilio", en alusión a Emilio Rodríguez, vicario general de la Diócesis de Huelva, con quien mantiene una relación personal de amistad.
La eventual parada en El Rocío tendría un fuerte simbolismo. De producirse, sería la segunda visita de un Papa a la aldea almonteña, tras la histórica presencia de San Juan Pablo II el 14 de junio de 1993, un acontecimiento que marcó un antes y un después en la proyección internacional de la devoción rociera.
El recuerdo imborrable de San Juan Pablo II
Aquella visita de 1993 fue la primera vez que un Pontífice acudía a El Rocío, un hecho que 33 años después sigue siendo motivo de orgullo para la Hermandad Matriz de Almonte y para el conjunto de los rocieros. Juan Pablo II quiso vivir la experiencia como un peregrino más, accediendo al santuario en un clima de silencio y recogimiento.
Durante su estancia, el Papa oró ante la Blanca Paloma y bendijo a las hermandades, en un gesto que reforzó el vínculo entre la Iglesia y esta manifestación de religiosidad popular. A la salida, fue recibido por una multitud entregada, entre vítores y muestras de emoción colectiva.
El momento culminante llegó cuando Juan Pablo II pronunció una frase que quedó grabada en la memoria de los fieles: "¡Qué todo el mundo sea rociero!". Ahora, con el anuncio del viaje de León XIV a España, ese recuerdo se mezcla con la ilusión de una nueva visita tras la invitación cursada por un grupo de rocieros.
