Una periodista voluntaria en Italia dispuesta a cambiar los estereotipos

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La chiclanera Cristina Reyes lleva unos meses en la ciudad italiana de Molfetta dentro del Servicio de Voluntariado Europea. Se trata de una 'rara avis' ya que decidió marchar a pesar de tener trabajo en su tierra.

Cuando el periodismo es imposible de hacer en tu tierra de una manera digna, lo normal es intentar buscar en otros lares para construir una identidad propia a tu destino. Eso es quizás lo que pensaría una chiclanera, periodista de profesión, que en el mes de marzo decidió lanzarse a la aventura del voluntariado en tierras italiana. En concreto, en un lugar de la Puglia, de Bari, en la ciudad de Molfetta. Allí forma parte del Servicio de Voluntariado Europeo, siendo Erasmus Plus, “algo que no todo el mundo conoce y aquí me dedico, en parte, a darlo a conocer”, resalta la joven periodista. Resalta que está en ese lugar impulsada por su espíritu aventurero, “para conocer otros lugares, otras personas, otras culturas”, aunque reconocer que irse sola al extranjero “es todo un reto”.

A pesar de estar trabajando, tomó la difícil decisión tras “sopesarlo bastante porque algunas personas no entendían cómo dejaba un trabajo y me iba a otro país a hacer un voluntariado europeo”. No obstante, tomó la decisión a pesar de ser “complicado dejar a la familia y a los amigos atrás” pero para la chiclanera “cuando quieres hacer algo, todo se hace más fácil” y a día de hoy “puedo decir que soy feliz”.

Molfetta es una ciudad que tiene 60.000 habitantes, pero Reyes comenta que la ve “muy parecida” a su ciudad natal. “Aquí se enfadan cuando digo que no es una ciudad, porque con Chiclana siempre he dicho que es un pueblo grande”, ironiza explicando que Molfetta se basa en la pesca y el turismo, asciende durante la época estival pero no es un lugar tan turístico como lo es Chiclana. “También es verdad que durante el invierno la ciudad italiana se apaga”, para seguir ironizando: “no sé si os suena...”.

Ciudad acogedora

De Molfetta destaca principalmente que es una ciudad pequeña, acogedora y hospitalaria. “Cuando me preguntan qué es lo que más me gusta de aquí siempre digo lo mismo: la gente”, resalta la chiclanera que explica que “son personas abiertas, extrovertidas, me recuerda mucho a Andalucía y por eso me siento como en casa”.

Sin embargo, no todo es alegría, hace pocos días tuvo que solventar un pequeño escollo, ya que sufrió la sustracción de los documentos, tarjetas de crédito, entre otros, pero tras el susto “todo parece que se va encauzando”. Si hablamos de lo personal, para la chiclanera lo más difícil es “decir adiós a personas que sabes que no volverás a ver”, porque su proyecto va de eso, como explica, “de conocer a tantísimas personas de todos los lugares del mundo”. “Una de mis compañeras de piso tuvo que dejar el proyecto por problemas personales; ella es de Rusia, así que no sé si volveremos a coincidir alguna vez”, recordando todavía la despedida.

Lamentablemente para ella, la imagen que tienen de los españoles es la de los estereotipos: toros, flamenco, siesta y la impuntualidad. “Pero aquí estoy yo para romper con todo y dar a conocer otras cosas”, comenta con arte, mientras reconoce que también está “para informar de que España no es Madrid, Barcelona y Valencia”. “Los gaditanos no somos tan conocidos aunque cuando hablo de Andalucía todos quieren venir”, aunque una de las primeras personas que conocía en el proyecto había estado en Chiclana. “Da mucha alegría escuchar cosas bonitas de tu tierra cuando estás fuera”, despunta. 

De Cádiz se llevaría a Molfetta la capacidad para vender el turismo, “quizás porque nuestras playas se venden solas”. “No es una ciudad turística pero podría serlo como lo son las ciudades colindantes”, comenta reconociendo que le podrían sacar más partido a este asunto. Por supuesto, también entra la parte sentimental, ya que se llevaría a Italia, sus padres, su hermana, su perro Kobu y a sus amigos.

Cual si fuera un efecto boomerang, entiende que la ciudad donde se encuentra actualmente, gracias al Erasmus Plus, “está muy conectada con Europa”. Por ello, vende la opción como una posibilidad para traerla a la provincia, “se debería dar a conocer más este tipo de proyectos y así atraer a la juventud a nuestra zona ya que como bien sabemos, los jóvenes suelen marcharse”. “En Molfetta hay una unión muy grande y una gran predisposición para crear lazos culturales”, poniendo en solfa de igual forma que “están muy volcados con el tema de los refugiados”. De hecho, según cuenta llegará para el mes de diciembre, más de 100, que se sumarán a los que ya están.

Un atardecer en La Barrosa

Haciendo un poco de patria chica, Cristina bromea sobre cómo explicar a los italianos qué son los chicharrones o una puesta de sol en La Barrosa. “No existen palabras, solo el sabor y estar en el lugar contemplando aquella estampa”, comenta en tono melancólico, enorgulleciéndose de ser “buena embajadora” porque “ahora todos quieren venir a este lugar antes desconocido”. 

En los últimos días, tras los atentados de Barcelona, le ha llegado mucha información al respecto a través de las redes sociales y los periódicos. Aunque reconoce que la primera noticia que le llegó fue de su familia irlandesa.  

Al respecto, los italianos se han puesto en contacto con ella para conocer su impresión de lo sucedido, pero sabe después de la preocupación siempre llega la segunda parte, “el debate paralelo creado en las redes sociales”. Es tajante refiriéndose a los comentarios “racistas y a la islamofobia”, pero que solo lo he sentido a través de Internet “y mayoritariamente por españoles ya que he extraído comentarios de foros creados a través de medios españoles”. “En mi círculo más cercano de italianos piensan como yo, sienten impotencia sabiendo que en cualquier momento te puede tocar a ti pero, ¿qué se puede hacer? Vivir. Lo que tenga que venir vendrá. Es triste que tengamos que aceptarlo”. La chiclanera, que hizo cuando trabajaba en España una extraordinario labor en la lucha por la concienciación feminista, ve a día hoy imposible cerrar las fronteras, como hace ella haciendo camino, con educación y cultura, lo que es España, Cádiz y su chiclanera playa de La Barrosa.

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