Cómo será el reto que los dos primeros responsables del gobierno municipal de Cádiz, en fechas diferentes, en conversaciones distintas, admiten que es "lo más difícil de todo", el proyecto pendiente más complejo en una ciudad con una decena de planes paralizados hace 25 años.
Bruno García de León, alcalde, y José Manuel Cossi, delegado de Urbanismo, se refieren casi con un suspiro de resignación a la reforma de la plaza de Sevilla retrasado e inmóvil —como todo en Cádiz salvo soterramiento y segundo puente— desde la década de los 90.
El motivo de la complejidad es que —a diferencia de otras grandes iniciativas paralizadas: hospital nuevo, Ciudad de la Justicia, Valcárcel, escuela de Náutica, Campo de las Balas...— el gran vestíbulo público de la plaza de Sevilla implica a las tres administraciones: local, regional y estatal.
La importancia de la reforma de la gran rotonda —ya obsoleta antes de que terminara el siglo XX— está en su carácter estratégico. La peculiar fisonomía de la ciudad de Cádiz, con forma de raqueta o sartén conectada a la Península sólo por el mango, convierte este punto en un cuello de botella.
Cualquier persona que quiera llegar al casco antiguo en transportes colectivos como autobús interurbano o tren acaba en esta plaza o pasa por ella.
Es la sede de la estación de Renfe, con su vestíbulo de 1905 en permanente espera de reapertura, ahora para acoger un nuevo mercado gastronómico. Un hotel de cinco estrellas, de la cadena Barceló, ocuparía lo que ahora es un desvencijado aparcamiento en superficie.
En el apartado de automóviles. El 95% de los vehículos particulares que aspiran a llegar al centro urbano, entren por cualquiera de los dos puentes o por la autovía CA-33 desde San Fernando, también acaban en este punto.
Ya sea por la carretera industrial (avenida de Astilleros) o la Cuesta de las Calesas, la plaza de Sevilla es el destino de todo conductor. El Campo del Sur es la única alternativa y tiene un uso minoritario.
Su peso en el tráfico es tal que provoca uno de los mayores puntos negros de la siniestralidad local: el cruce de Cuesta de las Calesas con la avenida del Puerto. También acoge uno de los pocos lugares con atascos crónicos en la ciudad: la carretera industrial hacia el nuevo puente sobre la Bahía.
Hasta el floreciente turismo de cruceros, con el puerto de Cádiz como la escala que más ha crecido en la Península Ibérica en lo que va de siglo, desemboca en este enclave urbano. Aún más cuando concluya la construcción, ya en marcha, de un gran bulevar paralelo al paseo de Canalejas.
Todas estas características dan una importancia fundamental a la plaza de Sevilla. Es difícil discutir que se trata del único y gran recibidor de una ciudad que se ha convertido en una de las potencias del turismo nacional en los últimos años.
Los grandes obstáculos van cayendo
Con todos esos precedentes, resulta difícil entender las tres décadas de retraso en el rediseño. Los obstáculos son varios. Uno de ellos, ha desaparecido con el inicio de este año 2026
Durante la última semana de enero, la Delegación Provincial de Cultura de la Junta en Cádiz eliminaba la protección patrimonial y administrativa de la Aduana Nueva.
Ese edificio, construido en los años 50 y sin ningún valor arquitectónico, fue blindado contra su derribo en el año 2009 de forma sorprendente. Un grupo de nostálgicos ciudadanos reunió apenas 300 firmas para negarse a su eliminación.
Para asombro del resto del vecindario gaditano, al que no se consultó, la administración autonómica de entonces aceptó la petición e incluyó la protección.
El edificio, un obstáculo para el desarrollo de la estación ferroviaria y el plan de reforma urbanística de toda la plaza, quedaba salvado del derribo. Todo el plan quedaba frenado de nuevo.
La nueva Junta de Andalucía rectifica a la anterior
La propia Junta de Andalucía, aún bajo presidencia socialista, admitió apenas cinco años más tardes de la protección que había sido un error. Incluso abría la puerta a la rectificación.
Ese paso, una corrección en toda regla, ha llegado en 2026, 17 años después de la protección que ahora queda desactivada.
El Ayuntamiento de Cádiz volvió a solicitar la rectificación del absurdo trámite con acuerdos plenarios tanto en 2021 como en 2025. Ahora es una realidad y recibe luz verde. El edificio queda desprotegido y, por tanto, vuelve a ser posible su derribo.
Esta última resolución se basa en las peticiones municipales para "contradecir el informe de inclusión en el catálogo presentado en febrero de 2008 y desvirtúan su reconocimiento como parte del citado inventario".
Una vez apartado el principal obstáculo, la plaza de Sevilla, maldita en términos urbanísticos, afronta la última oportunidad de resurrección. El derribo de la Aduana Nueva aún no tiene plazos ni proyectos, aunque por fin es posible.
Soñar con el arreglo del viejo desastre urbanístico y estratégico vuelve a ser una opción razonable. Todos los proyectos de mejora de la estación ferroviaria, tapada por el polémico edificio protegido y desprotegido, tienen ahora un estímulo nuevo.
Como ejemplo, dos inauguraciones recientes. Ambas se produjeron justo antes de Navidad. Por un lado entraba en uso el nuevo vestíbulo de la estación ferroviaria, diseñado 22 años antes y retrasado, como todo el entorno, por una montaña de circustancias, burocracia y excusas.
Como segundo precedente de la posible resurrección de la zona, el lateral de la estación hacia la avenida de Astilleros estrenaba un aparcamiento con 183 plazas (177 convencionales y 6 reservadas para personas con movilidad reducida).
