"Lo poco que se sabía en Estados Unidos era que en España había un dictador"

La profesora e investigadora estadounidense Francie Cate-Arries estudia los testimonios familiares y populares de la Memoría Histórica

La profesora estadounidense Francie Cate-Arries durante su última estancia en Cádiz. FOTO: E.ESCORIZA.
La profesora estadounidense Francie Cate-Arries durante su última estancia en Cádiz. FOTO: E.ESCORIZA.

Francie Cate-Arries es natural de Athens, ciudad del estado Georgia (EEUU). Se graduó en Periodismo en la universidad de esta ciudad, aunque jamás llegaría a ejercer esta profesión. Más tarde descubrió que lo suyo era la literatura hispanista. Actualmente es profesora en la universidad William & Mary, en Virginia, y acude a Cádiz cada año desde 2003 por un programa del Centro Superior de Lenguas Modernas la UCA. Pero la primera vez que pisó España fue en junio de 1977, durante las primeras elecciones democráticas de este país. "Llegar a España en esa encrucijada fue realmente un privilegio, aunque yo era universitaria y no sabía lo que ahora sé". Francie tuvo profesores españoles en Norteamérica que habían crecido durante el franquismo, pero que ofrecían una visión diferente a la oficial del régimen. 

Más tarde se doctoró en Wisconsin, donde conoció a un catedrático que había llegado a América exiliado tras la Guerra Civil. Se trataba de Antonio Sánchez Barbudo, escritor, poeta y periodista español, miembro de la Generación del 36. Este catedrático había colaborado antes de marchar de España con el periódico liberal El Sol, y fue cofundador de Hoja Literaria y Hora de España. Esta última fue una revista cultural de carácter mensual editada en Valencia (capital de la Segunda República en el momento) y, posteriormente, en Barcelona, fundada por intelectuales leales a la Segunda República durante el conflicto bélico. Se editaron un total de 23 números, entre 1937 y 1939. Barbudo era profesor de literatura española y Cate hizo su tesis doctoral sobre Manuel Altolaguirre (poeta de la Generación del 27 y miembro de la Alianza de Intelectuales Antifascistas). Ambos se conocían, y eso fue algo que a la norteamericana le pareció asombroso.  

Y es precisamente a través de la literatura y de su interés en la Generación del 27 como Francie llega a adentrarse en los temas relacionados con la Memoria Histórica. "Yo soy profesora de estudios hispánicos, lo que incluye todos los artefactos expresivos con los cuales un pueblo se representa. Empecé con el estudio de poetas exiliados o represaliados, como el caso de Lorca. Luego escribí un libro sobre los refugiados españoles que huyeron de la dictadura y se exiliaron en el sur de Francia, estando internados en enormes campos de concentración. Para ello tuve que documentarme sobre lo que escribían y leer libros de memoria, de esa memoria que comenzaba a emerger", nos cuenta. De esta forma, empezó a adentrarse en la memoria de los vencidos que se fueron del país.  

Francie había hecho investigaciones en México DF, hablando con exiliados que "hablaban de la memoria republicana"

Pero hace unos años, concretamente a partir de 2013, comenzó a ver "la otra cara de la moneda". Desde entonces se encuentra estudiando la transmisión de la memoria familiar y popular de los que se quedaron durante la dictadura. "En 2010, tres de mis alumnas de Virginia que formaban parte del programa del CSLM en Cádiz decidieron hacer un trabajo relacionado con la Memoria Histórica. Años después yo retomé el tema, en un momento de nuevas exhumaciones en la Sauceda, y comencé a recopilar información con entrevistas a los familiares", comenta. Previo a todo esto, Francie había hecho investigaciones en México DF, hablando con exiliados que "hablaban de la memoria republicana".  

Un momento durante la entrevista. FOTO: E.ESCORIZA.

Tanta es la vinculación de Francie con este tema y con la ciudad de Cádiz, que desde el pasado 2017 dirige la colección editorial Faro de la Memoria, perteneciente a la UCA. Acaban de presentar en estos días su primer libro, Botas, casco y mono de obrero sobre el altar: Los curas obreros y la lucha por la justicia social (1966-1979), de Francisco Javier Torres Barranco. El trabajo versa sobre "una bella propuesta que rescata y visibiliza la inconmensurable y altruista labor de un buen grupo de religiosos que, desde la fe, el evangelio y el apoyo a los necesitados, construyeron su particular versión, cristiana y comprometida, frente a la falta de libertades que se imponían desde la Dictadura", según la propia editorial. Esta colección pretende abarcar temas de memoria a nivel internacional. "Es un bonito proyecto, porque yo no soy española aunque sureña sí, otra andaluza de otro país, y nuestros asesores son de todas partes. Poder tener este puente entre España, otros puntos de Europa y las Américas para fomentar un diálogo interdisciplinar es muy interesante". "Pretendemos recuperar las historias olvidadas y reivindicar las voces acalladas de los que perdieron", añade.  

"Pretendemos recuperar las historias olvidadas y reivindicar las voces acalladas de los que perdieron"

Cate estudió periodismo de 1974 a 1977. Le preguntamos por cómo se veía España en esos años desde el otro lado del charco. "Lo poco que se sabía en Estados Unidos era que, en España, a diferencia de otros países europeos -Spain is diferent-, había un dictador. Era extraño, porque estábamos hablando de la segunda parte del siglo XX y hablábamos de España. Allí conocíamos mejor las dictaduras de América del Sur y Centroamérica. Pero al pensar en Europa resultaba más raro. Sólo se decía mira, ahí está España, con su dictador, y poco más". Cuando llegó en el 77 reconoce que le llamó mucho la atención "la cantidad de mutilados" y "las mujeres vestidas de negro".  

Pero cambiamos las tornas, ¿qué hay de la visión que puede llegar ahora a España y Europa del dictador que hay en Estados Unidos? "Se han hecho muchas comparaciones, sobre todo cuando ganó las elecciones, y se siguen haciendo en la prensa estadounidense por el discurso nacionalista de este hombre. En los artículos que se publican vuelven al pasado, sacando ejemplos discursivos de la forma de hablar de Trump, que podría haber salido perfectamente en los años 30 de Alemania o países totalitarios". Casualmente, el día antes de las elecciones Cate se encontraba en Cádiz presentando la colección Faro de la Memoria, pero tenía que marchar a Tarragona al día siguiente. "Recuerdo que le dije a un compañero: es imposible que gane Trump, pero si pasara me vengo a vivir a La Viña. El día después, con el cambio de horario, no pude aguantar despierta para ver los resultados, así que me dormí sin saber lo que había pasado. Cuando desperté tenía un correo de este compañero que decía: Bienvenida a La Viña. Te esperamos", concluye entre risas.  

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