La familia de un gaditano fallecido dona su maqueta de El Santísima Trinidad, el mayor navío de guerra

La sede del Archivo Histórico Provincial de Cádiz expone esta pieza elaborada por Manuel Romero García, antiguo trabajador de Astilleros recientemente fallecido

Maqueta del navío de línea El Santísima Trinidad en Cádiz.
Maqueta del navío de línea El Santísima Trinidad en Cádiz.

La sede del Archivo Histórico Provincial de Cádiz cuenta desde hace unos días con la maqueta a escala del navío de línea El Santísima Trinidad, gracias a la donación de la familia de Manuel Romero García, autor de esta maqueta, que ha fallecido recientemente. Romero fue trabajador de los Astilleros de Cádiz durante muchos años y al jubilarse, gracias a su pasión por el mar y a la navegación, se dedicó a la afición de construir maquetas de barcos y navíos.

En una nota, el director del Archivo Histórico Provincial, Santiago Saborido, ha mostrado su satisfacción con esta donación permanente a la que ha calificado de "generosa y altruista por parte de sus familiares, al cederla para que todos los ciudadanos puedan venir a contemplarla y disfruten de ella".

Una vez que la familia se puso en contacto con el archivo se realizaron las gestiones pertinentes para poder recibir y conservar esta maqueta del que fue llamado 'El Escorial de los Mares', el único navío de guerra de su época, (se construyó en los astilleros de La Habana en 1769), que con cuatro puentes de cañones, armaba hasta 140 cañones.

El navío se hundió cuando fue desarbolado por la armada inglesa en la batalla de Trafalgar, apresado camino de Gibraltar, y debido al fuerte temporal de mar que se produjo después de la propia batalla. El naufragio se produjo frente a las costas del Cabo de Trafalgar, frente a las costas de Barbate.

El 'Santísima Trinidad' fue el mayor navío de guerra del siglo XVIII de la Real Armada Española. El nombre se lo puso el rey Carlos III. Después de ser probado en alta mar, se dieron cuenta de que sufría de varios inconvenientes, que fueron corregidos en los astilleros de Ferrol y Cádiz. Su primer viaje inaugural, desde La Habana, llegó al puerto de Vigo, y fue en sus astilleros donde se terminó de restaurar, acabando en los astilleros de Cádiz la intervención definitiva de este navío, considerado el buque insignia de la flota española del siglo XVIII.

El nivel de detalle de maqueta hace que sea fiel reflejo de lo que fue este navío de guerra, con más de mil hombres a bordo. Su último comandante fue Federico Gravina y Napoli, herido también en la batalla y muerto meses después.

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