Del palco del Jurado a las tablas, el regreso del gitano de El Puerto

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Josele de los Ríos, que el pasado año participó como juez del Concurso, este año es parte volviendo tras cinco años de ausencia con su comparsa.

Guitarra en ristre. Como una fiel compañera, como una consejera continua, canalizadora de las emociones que fluyen de la azotea de un loco a las seis cuerdas que distan el bordón y la prima, ambas incluidas. Así ponía un pie en el Gran Teatro Falla José Luis de los Ríos Núñez, más conocido como Josele. Artista flamenco que tiene en el Carnaval una vía de escape del arte que encierra y que, junto a sus hermanos y primos, un buen día conquistaron el templo de los ladrillos coloraos, porque en Cádiz lo rojo es colorao. Cinco años después de su última aparición, el director de la célebre comparsa de los gitanos volvía. Si bien las ganas por regresar estaban siempre latentes, el pasado año vivió una “experiencia maravillosa”, que no solo no olvidará, sino que ha sido el impulso necesario cantar de nuevo a Cádiz. El año pasado, Josele fue miembro del Jurado de comparsas y, aunque el fallo, siempre es un fallo, reconoce que él tiene “la conciencia muy tranquila”, por “la honestidad” que demostraron. Tanto, dice, que por primera vez en la historia se dio una rueda de prensa explicando la labor que habían realizado.

La relación de Josele viene de lejos. Flamenco de raza, carnavalero de afición, debutó en las tablas con Lunarito flamenco, una comparsa portuense de 1978. Desde entonces hasta hoy ha ido participando de manera intermitente unos 20 años. Su principal hito en premios fue la victoria del año 1999 con La parra bomba, pero su premio más preciado fue colocar a sus hermanos “de raza calé” en lo más alto. Así, en 1997 se presentaban con la comparsa Tablao Romaní con componentes provenientes de ‘La herencia’ de los Majaras y nuevos participantes en el Carnaval, no en el mundo del arte, a través del flamenco. La reivindicación de su pueblo dio paso a la figura de un vendedor ambulante, Makandé, que con su arte vendía en las plazas de toros. Ambas agrupaciones estuvieron en semifinales, pero pocos se esperaría lo que llegaría al año siguiente.

Con una comparsa con sello flamenco puro, los ya conocidos como Gitanos de El Puerto, arrancaron las palmas con un pasodoble dedicado a la situación político económica de Cádiz, con una crítica a los políticos que vienen a ocupar palcos en el teatro. Un pasodoble que fue el más valorado y que repitieron en la Gran Final. Por delante de ‘Los templarios’ de Martínez Ares y de El Circo de Joaquín Quiñones, Josele de los Ríos de director y con la autoría de su hermano Ramón y de Luis Galán, se conquistaron el Concurso de 1999. La fiesta fue sonada. Al año siguiente repetirían finales con El Tronío de Cádiz o La plaza las canastas, siempre con un marcado sello flamenco. Tuvieron de autor a Pedro Romero en una representación del patriarca gitano, hasta que el grupo fue cambiando de componentes y dejando de salir. ‘Juanito el papelera’ fue la última participación.

En la segunda sesión de Preliminares se presentaba otra vez con los nervios de siempre. Calmando a su gente, con una comparsa formada por componentes de los Majaras y de su grupo de los Gitanos, Este gitano esta majara. Apurando las últimas consignas, solo quedaba aparecer ante el público y, aunque reconocía no tener las fuerzas que tenía en aquellos años de dura competición, volver a cantar a Cádiz como solo sabe hacerlo un gitano de El Puerto de Santa María.  

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Luis Rossi

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