Ceferino Gómez, el gigante portuense del tenis de mesa que no tiene techo

El doble campeón de España en la modalidad de Discapacidad Intelectual ha encontrado en el deporte una gran herramienta para la inclusión. Sueña con estar en los Juegos Paralímpicos de París 2024. Su entrenador demanda más apoyo institucional

Cefe, izquierda, junto a Manolo López, su entrenador.
Cefe, izquierda, junto a Manolo López, su entrenador.

Cuando tenía catorce años, Ceferino Gómez Lomas (El Puerto, 15 septiembre de 1999) recibió un regalo de Reyes que le cambió la vida por completo. Los de Oriente dejaron en su casa una mesa y dos raquetas de ping-pong. Cefe, como es conocido, practicaba por entonces equitación y judo. Nunca había jugado al tenis de mesa y cuando se puso a practicarlo por primera vez, su familia quedó sorprendida. El joven devolvía con habilidad todas las bolas.

"Su hermano –cuenta Ceferino Gómez, su padre— se puso a jugar con él y me dijo que le lanzara algunas bolas para ver cómo jugaba Cefe. Nosotros no entendíamos, pero nos llamó la atención lo bien que le daba. Entonces buscamos a alguien que entendiese y encontramos a Manuel López (técnico del CTM Portuense) y nos dijo que le parecía que era bueno jugando". De esta forma comenzó el idilio del joven portuense con el tenis de mesa.

Promesa Paralímpica y Deportista de Alto Rendimiento

Una relación de éxitos a los que ha añadido el doble campeonato (individual y por equipos) en la modalidad de Discapacidad Intelectual conseguido recientemente en Antequera. Más de veinte medallas (con 14 oros), tres campeonatos de España, cinco estatales e invicto en el Campeonato de Andalucía. Un palmarés envidiable al que suma su presencia dentro de las Promesas Paralímpicas de la Real Federación Española de Tenis de Mesa y el nombramiento como Deportista de Alto Rendimiento por parte del CSD

Ceferino Gómez, de rojo, antes de empezar uno de sus partidos en el último campeonato de España.
Ceferino Gómez, de rojo, antes de empezar uno de sus partidos en el último campeonato de España.

Pero, a pesar de tan brillante trayectoria, el jugador del CTM Portuense es uno más de tantos deportistas olvidados e invisibles. Su familia es la que tiene que correr con todos los gastos que conllevan sus participaciones en los diferentes torneos. Aunque no lo confiesa abiertamente, su sueño es estar en los Juegos Paralímpicos de París 2024, algo que está al alcance de su nivel deportivo, pero no de las ayudas que necesita para competir en los campeonatos internacionales que puntúan para subir puestos en el ranking. 

"Después dicen que los deportistas discapacitados están bien mirados. Cefe no ha recibido nunca ningún tipo de ayuda"

A nivel institucional no recibe ayudas de ningún tipo. Al último campeonato de España tuvo que acudir con una camiseta de hace siete años y con las zapatillas rotas. La raqueta con la que juega se la regaló un palista de fuera. "Después dicen que los deportistas discapacitados están bien mirados. No ha recibido ni un euro, ni para comprarle una camiseta. El Ayuntamiento de El Puerto nunca le ha dado nada. Todo lo que consigue es gracias a su esfuerzo y al de sus padres", destaca molesto Manuel López, el entrenador que acompaña a Cefe desde que comenzó en el tenis de mesa. 

Cefe, en las instalaciones de Antequera donde se disputó el Nacional.
Ceferino, en las instalaciones de Antequera en las que se disputó el último Campeonato de España.

Siempre sonriente, el joven es muy querido dentro del mundillo del tenis de mesa. Conocido en toda España, a cada trofeo que va recibe el cariño de árbitros, entrenadores y jugadores rivales. "Es un buen chaval, siempre está alegre. También, por supuesto, tiene sus problemas y sufre, pero nos entendemos muy bien. Somos uña y carne. Siempre que le acompaño, acaba ganando el campeonato", relata López. 

Ceferino compitió en el último campeonato de España con una raqueta regalada, las zapatillas rotas y una camiseta de hace siete años

El deporte ha sido una importante herramienta de inclusión para Cefe, que estudia un ciclo formativo de cocina y gastronomía en el IES Portuense Juan Lara de El Puerto y trabaja por las tardes en un restaurante cercano a Fuentebravía. "Es uno más. Toda la familia está muy orgullosa de él. Es un apasionado de su deporte y muy responsable", cuenta su padre. 

El joven no tiene techo. Sus 2,02 metros de estatura no son nada comparados con lo alto que puede llegar. Todo un gigante en deportividad y humanidad. Su historia es todo un ejemplo de superación e integración en el deporte. Y también una muestra del muro con el que se encuentran muchos deportistas: la falta de ayudas y de atención por parte de instituciones y organismos públicos. 

 

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