Vida y poesía

Dos libros muy diferentes en tema y tratamiento, pero con un sinfín de puntos de encuentro: el intimismo sutil, la concisa brevedad del trazo, la sencillez sin pretensiones

Un momento del diálogo poético 'Vida y poesía' organizado por la Asociación Pie de Página.
01 de febrero de 2026 a las 19:49h

La semana pasada tuve la suerte de asistir a la deliciosa tertulia organizada por la Asociación Pie de Página entre las poetas Pilar Pardo y María José Rico. Confieso que, a pesar del paso de los días, aún sigo con resaca emocional por lo vivido: dos mujeres frente a frente, dos libros de poemas y un moderador a la altura de las circunstancias en una Luna Nueva colmada de amigos dispuestos a escuchar.

A Pilar ya la conocía bien: amiga incondicional, humilde, delicada como un pájaro cantor, dueña de una voz serena, pausada y profunda, capaz de erizar la piel con su textura de terciopelo. A María José la recordaba de Mi vida que no entiendo (Renacimiento, 2008), aunque todavía no había tenido el placer de conocerla en persona.

El diálogo fue excelentemente conducido por el poeta jerezano Raúl Pizarro, que supo desgranar al máximo los matices tonales de estas dos formas de comprender el mundo, desvelando sin prisas los entresijos y particularidades de sus estilos, dando lugar al clima perfecto para que se desarrollase un claro despliegue de sensibilidad y de elegancia, el regalo para los sentidos que ofrecieron esas dos voces contenidas hechas para susurrar.

En las manos de Pilar, su libro Obediencia, en las de María José Llegar a esto, ambos publicados el año pasado por la prestigiosa editorial Renacimiento. El primero un libro de lenguaje sencillo que celebra la vida desde la humilde observación de lo cotidiano. Un poemario en el que queda patente la huella de Juan Ramón y Machado y el eco de la voz del omnipresente maestro José Mateos, ese “pastor de nubes” al que Pilar dedica uno de los mejores poemas del libro: «Ya ha salido de nuevo a los caminos. / Es el pastor de nubes. / Las guarda y acompaña / bajo el sol o la lluvia. Las conoce. / Las llama por sus nombres / y mansamente acuden. / Cuando entona su canto / todo el campo se vuelve latiendo en hermosura”.

El segundo, una historia de desamor a dos voces cantada en versos que en una primera lectura pueden parecen fríos, quizás porque destilan de forma descarnada la cruda desolación de las rupturas. Un poemario con cierto sabor anglosajón que solo podrán comprender completamente aquellos corazones que conozcan, en carne propia, el dolor que produce esa fría puñalada que es perder después de haber amado. De entre sus poemas destaco, por su capacidad para hacer que me vea retratado en cada letra, el titulado “Dentro del laberinto”: “Dentro del laberinto / que él mismo ha levantado, / se siente más seguro. / No busca una manera de escapar. // Entre sus manos el ovillo / que le conduce a la salida, / y que él estrangula hasta asfixiarlo”.

Dos libros muy diferentes en tema y tratamiento, pero con un sinfín de puntos de encuentro: el intimismo sutil, la concisa brevedad del trazo, la sencillez sin pretensiones ni necesidad de adornos o arabescos... la premisa de que la poesía y el amor, más allá de la forma en que se canten, tienden a parecerse demasiado. Que son una suerte de magia que uno no puede salir a buscar, porque sencillamente llegan cuando menos se las espera, frecuentemente en las situaciones más inoportunas, y sin que nadie pueda controlarlas. La flecha que un Cupido ciego lanza sin pararse a pensar en el pecho que atraviesa. Un don que simplemente nos alcanza, en la celebración y en la derrota, y que tendremos que aprender a asumir y modelar con obediencia.

Sobre el autor

Sergio Moreno

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