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Crítica de Cine: Cabría calificarla de cuento moral que presenta un dilema ético: lo aceptable que puede ser una mala acción si el efecto es benigno. 

Irrational Man. 2015. 96 min. Estados Unidos. Director: Woody Allen. Guión: Woody Allen. Música: Ramsey Lewis. Fotografía: Darius Khondji. Reparto: Joaquin Phoenix, Emma Stone, Jamie Blackley, Parker Posey, Ethan Phillips. Productora: Sony Pictures Classics / Gravier Productions. Estreno: 25 de septiembre de 2015.

La acogida en Europa del cine de Woody Allen es tradicionalmente más cálida que en su país, donde el público medio lo considera algo pedante, falto de vigor narrativo y en exceso verborreico. Son calificativos aplicables a Irrational Man, si bien también merece consideraciones positivas: es inteligente e irónica –sello de la casa-, muy bien interpretada, apela a inquietudes universales y desprecia los efectismos y la truculencia.

En Irrational Man está la influencia de Bergman, reconocido por el propio Allen como una de sus referencias, que permea muchas de sus películas: la crisis existencial, el abismo de la muerte, la inconsistencia de la vida matrimonial …etc. También Hitchcock y su trama brillante y artificiosa asoman en la escena de la conversación oída casualmente en el restaurante y la preparación del crimen. La película recurre a pinceladas costumbristas, brochazos gruesos más bien, de la clase intelectual universitaria de la Costa Este. Sin embargo esta película no es Bergman, en el sentido en que Interiores lo era. Tampoco es una comedia sentimental trufada de cinismo como Magia a la luz de la luna y resultaría sonrojante una comparación con La ventana indiscreta –inspiración para Miserioso asesinato en Manhattan-.

Cabría calificarla de cuento moral que presenta un dilema ético: lo aceptable que puede ser una mala acción si el efecto es benigno. Es cierto que hay un protagonista hastiado, descreído, egocéntrico y sin propósito vital al que su superioridad intellectual parece dispensar de las convenciones sociales. También lo es que la sombra de Dostoievsky planea sobre  su dilema ético, pero Woody Allen aligera toda esa carga filosófica con una trama liviana, nada elaborada y resuelta finalmente de manera tosca.

En definitiva Allen abunda en un tema de su querencia, las relaciones de un hombre mayor y una mujer joven que cae seducida por la supuesta superioridad intelectual de aquel (Manhattan, Si la cosa funciona). Se trata pues del demonio del mediodía que acecha al cincuentón abúlico y desengañado que aspira a rematar su trayectoria vital con una aventura, una locura que lo redima finalmente, que le dé un sentido de plenitud a los años finales.

La ironía del título, lo grotesco del desenlace, la propia elección de la banda sonora –habitualmente en Allen jazz clásico de los treinta y cuarenta, y aquí soul jazz sensual y menos sofisticado- y lo patético del personaje de Joaquín Phoenix, estupendo siempre, como Emma Stone, convierten Irrational Man en un cuento moral, liviano, algo aburrido en su desarrollo y siempre inteligente en su incontinencia verbal, pero en cualquier caso menor comparado con Blue Jasmine o Match Point.

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