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Una pequeña reseña de 'Vidas de Santos', de Antonio Lucas.

Uno, que también escribe y frecuenta cuando puede los saraos literarios, no puede menos que envidiar sanamente a los colegas que han logrado hacer de la casi inevitable y a veces enojosa presentación de su último libro una obra de arte más, una creación en sí misma -"happening" podríamos llamarla en el mundo artístico- que debería regalarse como contenido extra del volumen en cuestión. Los que asistieron semanas atrás a la presentación de Vidas de santos (Círculo de Tiza, 2015) en la Fundación Caballero Bonald fueron testigos de una puesta de largo exquisita, un ejercicio literario donde no sobró ninguna palabra ni faltó ninguna coma. Ya experto en estas lides, Antonio Lucas -conocido hasta la fecha como poeta, faceta en la que ha sido reconocido con importantes premios- consiguió atrapar al público asistente con un discurso medido, trufado de metáforas y adornos orales que hicieron las delicias de los presentes inoculándoles el venenoso deseo de adquirir su libro.

Sí, muchos dirán que Lucas sólo hacía su trabajo, que estaba allí para defender a su vástago y venderlo lo mejor posible, y que quizá, con diferentes matices, haya repetido su cantinela en los diferentes actos de promoción que le hayan tocado en suerte. No diré yo lo contrario, pero sí que hay muchas formas de asumir este compromiso y de pasar por el aro, y la de Lucas es sin duda la que más valoro, porque es capaz de devastar cualquier prejuicio o reticencia inicial del posible lector haciendo gala del mejor arma posible: la palabra.

Tras este preámbulo, no parece necesario decir que Vidas de santos me ha parecido un libro magnífico, no sólo por cómo está escrito, con esa riqueza de metáforas e imágenes que adoramos los que gustamos del estilo, ni por su original planteamiento -perfiles biográficos de un buen puñado de artistas que, de un modo u otro, rompieron esquemas arrastrando con ellos sus propios estigmas, y figuran en primera línea del santoral del autor-, sino porque es un libro que tiene la virtud de llevar a otros, de conocer más de csobra la vida y obra de tan tortuosos personajes, seres -como dice Lucas- averiados o directamente inclasificables, que emprendieron una actitud vital y/o artística inmune a cualquier regla establecida. Por las páginas de la obra desfilan entre muchos otros Ian Curtis, John Keats, Arthur Rimbaud, Susan Sontag, Dora Maar, Françoise Orleac, Sid Vicious, Billie Holiday, Alejandra Pizarnik, Rafael Sánchez Ferlosio o incluso el cantaor Manuel Agujetas, encajado por derecho propio en la categoría de heterodoxos, porque en una tenía que entrar. Aunque ya aparecieron en las páginas del diario El Mundo -donde Lucas colabora desde hace décadas-, así reunidos parecen adquirir mayor entidad y consistencia, adquiriendo los contornos de una cuadrilla contrahecha, herida de muerte y, por qué no decirlo, algo zarrapastrosa. Algunos podrán quejarse desde su tumba o desde su inimitable atalaya vital de no haber formado parte de esta curiosa cohorte de espectros o semiespectros, pero cada uno tiene su propio santoral, y aquí Lucas ha decidido regalarnos los suyos en primoroso papel de regalo.

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