Para comenzar la presentación, Josefa Parra agradeció a José Mateos su mirada poética y reflexiva, tan necesaria hoy, “en un mundo donde se piensa muy poco y se actúa con ligereza”. Tanto sus preguntas como sus respuestas, resaltó Josefa, van a movilizar nuestro pensamiento y nos van a empujar a reflexionar. Como ejemplo de esa invitación a pensar, destacó dos temas que aparecen en el libro y que a ella le interesan: la fotografía y la poesía. Y citó a Mateos: “El poeta es alguien que tiene que descender hasta el origen del idioma para aprender a hablar desde ahí.”

Enrique M. Parrilla creció como persona “leyendo la poesía de José Mateos y contemplando las acuarelas de Ramón Gaya”. Enrique admira en los dos creadores esa naturalidad que muestran a la hora de reflexionar sobre la poesía o sobre el arte. “No sabía cómo entablar el diálogo que José Mateos me proponía, ya que su poesía y sus reflexiones me invitan al silencio y a la contemplación.” Enrique recordó el último galardón que Mateos ha recibido, el Premio Internacional Torino in Sintesi al mejor escritor extranjero de aforismos del 2018. Para Enrique estas consideraciones filosóficas de El ojo que escuchason “el testimonio de un creyente, no de un esteta ocioso ni de un cínico diletante, sino un creyente en el misterio insondable e inefable que envuelve la realidad, un creyente en el tesoro escondido de la belleza que huye, en el arte humilde, exigente, verdadero”. Porque José Mateos es un “poeta metafísico, esencial, y su mirada nos arrastra lejos de nosotros, del tiempo y de la historia, lejos de todo saber cerrado, hasta esa oscuridad silenciosa que nos revela el misterio insondable que somos”.

José Mateos es el poeta de las grandes preguntas, esas pocas preguntas que nos liberan, explicó Enrique. “En este libro nos alerta contra las amenazas que pesan sobre ese depósito de fe de la humanidad que es la pintura, la música, la poesía, la fotografía, el arte de siempre, amenazado por las máscaras del progreso tecnológico y ese gran aliado que es el anti-arte contemporáneo”. “La utilidad de las máquinas y el veneno de lo útil” son el único criterio. “La revolución consumista no ha destruido nada pero lo ha deconstruido todo, lo ha vaciado todo. La educación es un instrumento al servicio de la competitividad. El arte se diluyó en diseño…”. José Mateos habla desde un profundo respeto al misterio de la realidad, algo que la tecnología está aniquilando. Quieren que vivamos en el mundo como si el mundo no existiera, ahí radica ese desprecio por la realidad, aclaró Enrique.

Un momento de la presentación. FOTO: Manu García.

Mateos agradeció a la editorial Renacimiento el cuidado que ha puesto en esta edición. La cubierta la ha diseñado Marie-Christine del Castillo, sobre la obra Paisaje fraccionado de Juan Ángel González de la Calle. Ha dedicado El ojo que escucha a los pintores Joaquín Terán y Juan Carmona Vargas. El libro es “un ensayo, fragmentario, interrumpido, como un mosaico romano al que le faltan algunas teselas para que el lector componga el dibujo general”. Mateos reconoció que es un texto exigente con el lector, ya que su lectura requiere ciertos conocimientos de fondo y un esfuerzo por encuadrar las reflexiones. El libro reúne consideraciones filosóficas sobre “cómo las nuevas tecnologías influyen en nuestra forma de ver y pensar el mundo”. La relectura de La sociedad del espectáculo, de Guy Debord, le ha acompañado en estas meditaciones.

Las vidas como espectáculo

Debord, pensador del mayo del 68, es el primero que empieza a analizar el impacto de las nuevas tecnologías. “El peligro que corre nuestra sociedad es el de convertir nuestras vidas en un espectáculo.” El pensamiento del filósofo francés ha sido profético, según José Mateos, aunque el lenguaje marxista en el que se expresa esté hoy fuera de lugar. Ya en los primeros movimientos obreros y en los socialismos utópicos hubo un rechazo a la máquina. Sin embargo, es Marx el que cree que la máquina es un elemento liberador para el trabajador. El libro de Mateos parte de la “revolución consumista”. Si en la primera revolución industrial la máquina sustituye al músculo humano, en esta revolución de mitad de siglo XX la máquina sustituye al cerebro: la televisión, el ordenador…

Aspecto que presentaba la Fundación Caballero Bonald durante la presentación de la nueva obra de Mateos. FOTO: Manu García.

Estas tecnologías están cambiando nuestra forma de ver el mundo y de pensarlo. “Están modificando nuestra forma de ser hombres”. Y es en el arte donde reside nuestra esencia, nuestra forma de ser realmente humanos. Por eso el libro comienza pensando sobre la tecnología y luego aborda el tema del arte y la belleza. José Mateos reconoció que estamos ante “un libro muy exagerado, muy malhumorado en algunos aspectos, porque no me gusta nada el mundo en el que vivo, aunque miro hacia atrás y tampoco me gusta lo que había antes...” La técnica, a la vez que posibilita un dominio sobre la naturaleza, se convierte siempre en un dominio de unos hombres sobre otros. Y al final “el dominio de todos por la técnica”.

Lo que empieza siendo una herramienta para solucionar un problema o satisfacer una necesidad acaba esclavizándonos, porque se nos impone a través de su efectividad y la dependencia que provoca. Los aparatos generan problemas que solucionamos con más aparatos. Y no podemos escapar de esa dinámica. Todo se ha reducido al consumo. Las creencias, la lengua, los valores y los rituales, elementos que hasta ahora servían para cohesionar una comunidad, han sido sustituidos por el consumo, único procedimiento de identificación social.

Sobre las artes

José Mateos dedica varias consideraciones filosóficas a reflexionar sobre las artes. Analiza cómo las tecnologías y el consumismo han influido en nuestra forma de representar el mundo y pensarlo. El arte contemporáneo disuelve la idea de belleza y el papel del artista como mediador entre el mundo terrenal y el trascendente. Duchamp y Warhol son los prototipos de ese anti-arte (ready-made, la instalación, el vídeo…). Es lo que hoy se vende como arte, lo que domina las grandes exposiciones. Una lata con mierda de artista, un crucifijo en orina… Todo a precios desorbitados. El arte es efímero, ya no crea objetos perdurables. Tampoco existen obras únicas, porque se crea en serie.

Nadie domina las técnicas clásicas, porque no hay un proceso de aprendizaje. Basta con decir que algo es arte, poner un rótulo, un discurso que lo justifique, una firma y un precio, con su publicidad correspondiente. Para Mateos, todo esto nada tiene que ver con el verdadero arte. Una verdadera obra no necesita un contexto que la consagre, ni siquiera un contexto histórico. La experiencia estética, que no se reduce al gusto, nos transforma mediante el roce con lo inefable, es decir, con la belleza. Y ese encuentro solo se lleva a cabo en la intimidad.

Sobre el autor:

juan carlos gonzalez

Juan Carlos González

Filósofo

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