Retrato redivivo de Fernando Terremoto

Unas Jornadas de la Cátedra de Flamencología recordaron al cantaor Fernando Terremoto, '40 años después'

Retrato redivivo de Fernando Terremoto
Retrato redivivo de Fernando Terremoto

Nuestra memoria está poblada de imágenes con las que conservamos el recuerdo de personas y cosas. Estos días pasados, hemos vuelto al del gran cantaor Fernando Terremoto por medio de las jornadas que le ha dedicado la Cátedra de Flamencología, con motivo de haberse cumplido cuarenta años de su fallecimiento. 

La evocación que se ha realizado del artista ha resultado tan extraordinaria e intensa que pienso que ha tenido que reavivar de manera sustancial el retrato físico, personal o artístico que cada cual haya podido tener de este irrepetible jerezano. En mi caso, desde luego, lo ha hecho y, tras las tres sesiones celebrados, la cabeza sigue días después llena de los múltiples retratos suyos, de la emoción de su cante o de las palabras con las que se le ha recordado.

"Recordar es fundamental, porque el caminante que olvida pierde su destino", afirmó José María Velázquez-Gaztelu para introducir la mesa redonda que inauguró las Jornadas. En ella pudimos escuchar los valiosos testimonios de Manuel Romero Pantoja, Romerito de Jerez, amigo desde la infancia —"nos criamos en la calle", contó— y compañero en los tablaos, y de Manuel Morao, guitarrista de sus legendarias grabaciones: "Era parte de mí", declaró, a la vez que destacaba su talento y una inteligencia que no estaba reñida con el hecho de ser analfabeto.

Pero, sobre todo, el maestro recalcó su condición gitana, su nobleza —"era un niño grande"— y su carácter rebelde y valiente. Angelita Gómez relató su experiencia como bailaora subrayando que ella le bailaba a su cante, a lo que le decía, "porque él nunca sabía por dónde iba a salir". "Es el cantaor que me ha jerío el alma, me hizo llorar bailando", añadió. Vicente Soto, por fin, lo recordó en sus años de Madrid, cuando él era muy joven. Vecinos del mismo barrio en la capital, era un habitual en la casa de los Sordera, donde contó que una vez lo acompañó por seguiriyas: "nunca he sentido una cosa igual", confesó. Una vez consumidos los turnos, la mesa se llenó de anécdotas y recuerdos con la participación de todos.

La aproximación de los vinos de Jerez a los cantes de Terremoto fue el empeño de José María Castaño, experto en estas lides, como bien demostró. Más allá de su tesis sobre la relación entre los vinos de crianza biológica, los de velo de flor, y los estilos con más compás, nos ofreció una cuidada selección de cantes del artista maridados con los excelentes caldos que ofreció Bodegas Fundador. Degustamos el Fino con unas soleares, y ligó su sequedad al carácter dramático, «a veces trágico», de la bulería jerezana. La escucha de la vieja seguiriya de Manuel Torre en la voz de Fernando, supuso un momento especial emoción e intensidad. Fue acompañada de un Palo Cortado, porque, en opinión de Castaño, es el vino rebelde de la bodega, un vino descarriado, que abandona la crianza bilógica para irse a la oxidativa. Lo relacionó con la anarquía del cantaor, con su rebeldía, porque, según él, "para ser buen seguiriyero hay que ser rebelde". Terremoto fue las dos cosas. Finalmente, el vino Cream fue acompañado de unos fandangos como muestra de equilibrio.

Más cantes, muchas fotografías y un largo recorrido por su trayectoria vital y artística fueron el cuerpo de Terremoto. El documental, cuyo estreno clausuró las Jornadas. Un excelente trabajo elaborado por un grupo de profesionales que eran ajenos al flamenco, pero que se sintieron subyugados por la figura del artista. El equipo de Flamencrew (Álvaro Mayoral, Adrián Valera, Javier Guerra y Nacho Rojas) ha trabajado durante los últimos seis años para construir un retrato múltiple y coral con los testimonios de especialistas en su obra y de muchos artistas que lo conocieron y, especialmente, de sus hijas Juana y Luisa. En la hora larga que dura la proyección hubo momentos para la risa y también para el llanto y la emoción. Los ojos se llenaron de multitud de retratos personales y el eco de su voz volvió a los corazones. Con tal avalancha de recuerdos, la imagen del gran Terremoto de Jerez salió inmensamente fortalecida, refrescada y rediviva.

Sobre el autor:

Fermín Lobatón

Periodista y experto en flamenco.

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