El autor del relato, Ricardo Reques, es ante todo un hombre del mundo con voluntad renacentista. Siendo Doctor en Ciencias Biológicas y especializado en Biología de la Conservación, es igualmente un creador literario indispensable en el panorama del relato. De hecho, cuenta con tres libros de relatos, Fuera de lugar, El enmendador de corazones (2011) y Piernas fantásticas (2015), además de un cuento infantil ilustrado titulado La isla de Nosedónde (2017).
En 2018, se publica la novela La rana de Shakespeare. Todo ello, sin olvidar su tarea docente impartiendo talleres literarios. El profesor David Roas, afirma que la narrativa fantástica actual que se cultiva en nuestro país transita por los cauces de lo cotidiano.
En su reseña El enmendador de corazones a cargo de Javier Menéndez Llamazares se nos confirmaa que el verdadero extrañamiento, para resultar eficaz, debe surgir en los espacios más habituales: “Y ese parece el empeño de Reques, quien en su segundo libro de relatos ofrece quince muestras de cuidadisima prosa y una inclinación por lo fantástico no exenta de escarceos con otros géneros como el policíaco, la crónica de viajes de exploración o la novela de campus. Ricardo Reques habla de abrazar árboles y del contagio de las obsesiones; como es doctor en biologia además de escritor, tiene a gala su espiritu científico, pero no oculta su preferencia por las carreteras secundarias, por el misterio que anida en lo aparentemente anodino y que creiamos conocido y hasta do-mesticado”.
En gran medida, el discurrir narrativo de Ricardo Reques, vuelve a dar esencialidad a los anfibios, el espectro investigador y el amor resentido a través de la memoria. Ya en su novela nos señalaba que construía citas literarias sobre anfibios, estructurada desde acrobacias en firmes documentación libresca. En cierta manera, La memoria de Nástenka parece haber tenido algunas ramificaciones en el génesis de La rana de Shakespeare (las expediciones científicas, el viaje, el anhelo de amar, los cuadernos de notas, su forma de mirar el mundo y de posicionarse, el tono erótico, la reflexión sobre la condición humana, y, desde luego, una magnífica intertextualidad de géneros narrativos), en definitiva, un bellísimo relato híbrido, sugerente, inteligente y sutil que deslimita la reflexión filosófica, el narrar propiamente científico y la memoria personal.
Una suerte de museo literario, respaldado por detalladas descripciones de lugares (Milton Keynes, Córdoba, Argentina, Estados Unidos, Moscú). Así por ejemplo, para las encrucijadas de barbarie y progreso, propone a Walter Benjamin, para lo finito y el universo tira de las propuestas estéticas de Paul Valéry, para insuflar el vínculo con la naturaleza y la revelación de la existencia plena, Goethe y Von Humboldt acuden a la cita. Italo Calvino, Musil, Wittengenstein, Bioy Casares y los profesores de neurobiología, Steven Rose, y de herpetología, Tim Hallyday. otorgan los certificados de autenticidad. Hay en el texto, una maestría evidente en los retratos psicológicos de los protagonistas, hay una singular originalidad en el devenir textual que se alterna con la profundidad pictórica de Verónica Bueno, cuya particular obra está esencialmente hecha de memoria, con una puerta abierta al “expresionismo abstracto que es un campo de conocimiento que no busca representar el mundo, sino descifrar la verdad que late detrás de él”, tal como nos señala la ilustradora.

La obra de Verónica Bueno posee una fuerza creativa que categoriza todavía más, si cabe, el texto de Reques. Nos hace desde luego reflexionar no solo sobre la obra narrativa sino sobre la actualidad de nuestro mundo. La portada del libro, cuyo título remite a la obra Noches blancas de Dostoyevski, representa una inmensa librería, como si de allí mismo tomara vida Natenska, es decir, renacimiento o resurgimiento. En otras ilustraciones, apreciamos un sendero forestal al anochecer con flores naranjas y azules vibrantes en primer plano. Pinturas figurativas al óleo y al acrílica, personas sumergidas en el agua, pelo flotando a su alrededor, pinceladas visibles que añaden textura, fuerza y dramatismo.
En otra ocasión, será también la presencia humana sentada en una silla con cables de colores que salen de la cabeza, un estilo que mezclaría el arte pop y el callejero con una mirada abstractra de colores intensos, que reaparece en la imagen ratón blanco con electrodos en la cabeza, evocando la experimentación científica, esta vez, con colores más apagados, combinando un estilo realista fusionado con otro expresionaista. En la figuración de Verónica Bueno, se siente la impronta de feminidad, una luminosidad persuasiva, el anhelo de libertad, el arte comunicativo en su esencia más genuina llevado a los terrenos de la literatura. Otro bellísimo libro de la colección, cuyos agentes más determinantes con el escritor Ricardo Reques y la pintora Verónica Bueno, introducidos con acierto respectivamente por Ramón Rodríguez Pérez y Laura Olea López.
Somos lo que nos queda de tiempo en cualquier espacio, pero sobre todo, somos memoria cargada de deseo y amor en permanente búsqueda de la belleza. Al menos, sin querer desvelar los nudos argumentales, es el mensaje que percibi como lector.
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Elementos Clave: Varios pequeños discos (electrodos) están adheridos a la parte superior de la cabeza del ratón, con cables de colores (azul, amarillo, rojo, negro) que salen de ellos, sugiriendo una conexión a un dispositivo no visible.
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Estilo y Tema: El estilo es artístico y emotivo, y el tema parece ser un comentario visual sobre la ética de la experimentación con animales, en particular con ratones de laboratorio, un tema recurrente en el arte y la defensa de los animale
La obra de Verónica Bueno está inspirada en sucesos de la vida cotidiana y pone especialmente su foco en la crisis en la que está sumergida el mundo.
La muerte, las imágenes que vemos a diario en las noticias que nos traen el sufrimiento constante del mundo son algunos de los temas que representa en sus cuadros. Busca representar de una manera cruda a la par que conceptual, la envidia que surge entre unos y otros, la desconfianza y el afán de hacernos daño entre nosotros.
Para ello se sirve de la superposición de elementos en sus composiciones, transparencias e incluso apoya algunas de sus obras con el uso de la palabra, incluyendo de este modo la tipografía que tanto nos apasiona a los diseñadores gráficos.
En su currículum destacan muchas cosas, pero en relación con la temática de sus cuadros, realizó la portada y una serie de ilustraciones para “Lastre”, el poemario de José Manuel Vivas que trata precisamente del peso del tiempo y la retrospectiva que hace el hombre ante su inevitable decadencia y caducidad.
Además de comprobar a simple vista cuáles son los temas más recurrentes para la artista, pudimos ver elementos y caras repetidas en sus cuadros. Ella se puede ver en muchos de ellos, pero además trae consigo a su pareja. Podemos verlos a ambos en la imagen de abajo.
En la muestra, Bueno Arroyo aborda los vínculos entre la experiencia emocional y el recuerdo a través de un lenguaje plástico propio
El Centro Cultural La Vidriera, ubicado en Maliaño, acoge desde este jueves, 18 de diciembre, la exposición Lo que quedará de nosotros, de la artista Verónica Bueno Arroyo, una muestra de pintura contemporánea que podrá visitarse hasta el 30 de enero de 2026. La inauguración tendrá lugar mañana, jueves, a las 19.00 horas, en la sala de exposiciones de este espacio cultural, dando inicio a un itinerario artístico que reúne una selección de obras realizadas en técnica mixta.
Licenciada en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco, Verónica Bueno Arroyo cuenta con una trayectoria consolidada en el ámbito de la creación contemporánea, con exposiciones individuales y colectivas en distintas salas de Cantabria y otras comunidades. En ‘Lo que quedará de nosotros’, Bueno Arroyo presenta una serie de trabajos en los que reflexiona sobre los procesos internos ligados a la vivencia emocional y su huella en el tiempo, mediante un lenguaje plástico marcado por la gestualidad y el uso del color.
Su obra ha sido expuesta en espacios como la Sala Mauro Muriedas y el Centro Nacional de Fotografía José Manuel Rotella, en Torrelavega; las Casas de Cultura de Santillana del Mar y Puente Viesgo; la Sala Municipal ‘Algas’ de Suances; en FIG Bilbao o la Galería Espiral, en Noja y, asimismo, ha participado en certámenes y diversas muestras colectivas relacionadas con las artes plásticas a nivel regional y nacional.
Vinculada al expresionismo abstracto, la artista desarrolla un lenguaje plástico propio en el que la gestualidad y el color adquieren un papel central. En esta exposición, articula un discurso visual que invita al espectador a una lectura íntima y abierta de la obra, apelando a la experiencia personal y a la interpretación subjetiva.
En los últimos años, Verónica Bueno ha sido seleccionada en certámenes de artes plásticas, entre ellos, el Premio de Artes Plásticas del Gobierno de Cantabria y el Concurso Nacional de Pintura del Ayuntamiento de Villaescusa. Además, ha intervenido en encuentros y simposios artísticos como Sianoja. Su trabajo forma parte de colecciones públicas y privadas y se caracteriza por una constante investigación plástica que dialoga con otras disciplinas creativas.


