Reseña de 'Memoranda', obra de Francisco Silvera y Manuel Maqueda de la colección 'Relatos del desertor del presidio'

El narrador busca la profundidad del concepto y a la vez lo superficial del mismo concepto, los choques, los contrastes, el antes y lo distópico

Una ilustración del volumen 'Memoranda'.
26 de enero de 2026 a las 19:53h

Pedro Tabernero sorprendió terminando el año 2025 con una majestuosa presentación en el Hotel Alfonso XIII con la edición de un volumen excepcional de más de 500 páginas que rinden homenaje a la literatura universal, Rafael Sánchez Ferlosio, Lewis Carroll, Italo Calvino, Alejo Carpentier, Adolfo Bioy Casares, Franz Kafka y Juan Rulfo, con obras indiscutibles sobre las que se disertan y a la sazón se ilustran; Alfanhuí, Alicia en el país de las maravillas, El barón rampante, El reino de este mundo, La invención de Morel, La metamorfosis, Pedro Páramo, sin olvidar las 500 ilustraciones del artista Michel Moro.

Se suman también siete números de la colección Relatos del desertor del presidio, entre ellos, Memoranda del escritor onubense, Franciso José Silvera, con ilustraciones tan asombrosas como orientativas del pintor Manuel Maqueda. Del escritor onubense, sorprende su inquietud interdisciplinar, ya que se licenció en Filosofía y Ciencias de la Educación, cursó estudios de Filología Clásica en la Universidad de Sevilla y se doctora en la Universidad de Valladolid, una doble vertiente que se traduce  en la realidad como Profesor de Filosofía que, sin duda, es fuente inspiradora de su obra literaria, al tiempo que también muestra su compromiso en la secretaría del Sindicato Andaluz de Docentes Interinos de Huelva. Sigue y suma. La música es más que una afición en tanto en cuanto ha formado parte de varios grupos de música popular, de hecho, en este relato, Bach tiene un indudable protagonismo. Ha sido director del Festival Internacional de Música de Ayamonte y sus artículos pueden leerse en los portales del Grupo Joly y Diario16.

Juan Ramón Jiménez también es parte de su actividad, ya que junto a Javier Blasco ha codirigido diversos trabajos sobre el Premio Nobel para ediciones Visor. Luego, su producción literaria es tan diversa como relevante, debatiéndose siempre en las formas, transitando entre la novela y la estampa, el microrrelato y el poema en prosa, el relato y la poesía. En Memoranda, como bien señala en el prefacio, José María Conge (otro escritor absolutamente necesario) “la original incursión en un futuro distópico al que llega el humo de nuestras presentes insatisfacciones. La narración de Silvera recuerda la sociedad sin de Fahrenheit 451...Atraviesan sus páginas la borrada memoria, el misterio del tiempo y hasta las miserias de nuestro actual mercado editorial”.

En efecto, nos encontramos con un relato futurista, aerocoches, satélites, colisiones planetarias, vientos exterminadores, catástrofes, fuegos arrasando, en suma, la destrucción en imágenes, pues una especie de investigador internáutico rebusca entre los infinitos archivos de internet, imágenes con asesinatos en directo, imágenes curiosas, imágenes pornográficas donde el laberinto de pasiones y las agonías se suceden. Circunstancia que una antigua empresa, Memoranda, puso en marcha. Una pantalla gigantesca, sinónimo en sentido inverso de un gran hermano, reproduce conferencias sobre el hoy y el pasado. No exento de humor, el autor nos dice a través de la conferenciante que “existía la costumbre de preservar todo lo pasado, de alguna forma en este instante la estamos rememorando”, sin olvidar el espacio físico que ocupaba el papel, residencia de hongos, insectos. Un repaso por pomposas bibliotecas y museos antes de la llegada del Apocalipsis. La memoria, como se constata se construye sobre la memoria. El personaje principal fija la curva de oferta y demanda todas esas antigüedades del porvenir”.

Ilustración de la portada del libro 'Memoranda'.

El humor, además de la fantasía, habrá que reparar en ello, es como un signo definidor de la colección. En cierto modo, el narrador busca la profundidad del concepto y a la vez lo superficial del mismo concepto, los choques, los contrastes, el antes y lo distópico, el desinterés por discernir ciencia de disparate, la intertextualidad, el placer estético, lo metaliterario, la reflexión y lo publicitario, en suma, el discurrir implacable del sistema capitalista. Nos lo indica el autor con belleza y nitidez: “Se generó un negocio donde se presuponía una especie de utopía del conocimiento, pero ahora, totalmente tontificada, si me permiten la gracia”. Más adelante, en ese estado de descomposición, acaso occidentalización o hipocritización, se instala la paradoja y una demoledora instantánea de las artes: “cuanto más se afianzaba el negocio, más se hundía su futuro”. Como testigos los poderosos mitos de Sísifo y Tántalo y la música de Bach que nos brinda la posibilidad de crear un espacio neutro para tiempo y muerte. En cierta manera, recoge lo que ya decía en Olivosecreto de 2019, entrevista con Javier Gilabert: “No creo en los tibios, en los callados o supuestos neutrales que jamás dicen lo que piensa”.

Mientras nos sumamos a Francisco Silvera, parafraseando a Jacques Monod: “Solo el azar necesario, fruto de la conjunción de circunstancias, hace la realidad. Bien. Cambiemos dos palabras: Solo el azar necesario, fruto de la conjunción de palabras, hace la literatura".

Una de las ilustraciones del libro.

Paralelamente, Manuel Maqueda nos ofrece un recital de belleza y emoción bajo la batuta del oficio. Como señal Ramón Pérez Montero en su introducción: “El pintor no ha conseguido meramente traducir o decorar el texto, sino que se ha sumergido en la misma grieta simbólica abierta por  el lenguaje de Silvera”. La figuración con tintes expresionistas y una paleta de colores apagados y terrosos, ciertos toques de azul frío para algunas zonas, representa a la perfección la incomunicación moderna en lo urbano (la ciudad de Silvera, las pantallas), casi se percibe un cierto dramatismo en las luces y sombras de sus geniales ilustraciones, con ese ojo predominante, onírico y la descomposición de formas, quizá para dar mayor fuerza a ese tiempo que oscila entre lo atemporal y la mirada melancólica.

En otras ocasiones, optará por simplificar y distorsionar las formas, profundizar esa sensación de soledad en franca oposición, acaso complementación, con la cartera en una mano y el móvil en la otra. Las miradas, pensativas, melancólicas, perdidas, parecen vivir el interior de esos vehículos futuristas y reflejan la atmósfera de un entorno de ciencia ficción que, a tenor de la experiencia, siempre es la antesala o profecía de la ciencia. Sin embargo, su trabajo se distingue por la “pintura sinizada” combinando el estudio de la pintura y caligrafía china con la pintura occidental para crear nuevas posibilidades expresivas, según se nos indica. Cierto que, sus obras exploran espontaneidad, contemplación y el valor del vacío, con cierta experiencia en la ilustración de textos literarios.

ilustración en 'Memoranda'.

En cualquier caso, hay mucho lirismo en las formas y colores de Manuel Maqueda que bucea por formas de arte abstracto, expresionismo y cubismo, tratando de dar vida y sentido a las realidades ilógicas. Las formas geométricas son entonces esenciales, como por ejemplo, la propia portada del libro, con una imagen que podría colarse en los archivos picassianos, con una relevante fragmentación de la figura y la perspectiva múltiple, con formas angulares y geométricas en el torso y en el fondo, colores apagados desde el marrón al negro, pasando por el verde, y, esa zona limítrofe que parece aunar realidad y ficción mediante unas finas líneas blancas que atraviesan la composición. En definitiva, otro relato, desertor del presidio que nos cautiva en su palabra y en su imagen y merece toda nuestra atención.

Sobre el autor

Albert Torés

Ver biografía