En 1989, la colección dependiente de la Diputación de Málaga, Puerta del Mar, publica Espejo de príncipes rebeldes de Juan Cobos Wilkins, cuyos primeros poemas empezaron a escribirse a mediados de los años 70. Por tanto, no se publicó en su fecha original de escritura, ya que debería constar como el primer libro de este extraordinario escritor. Para esa fecha, Barroco ama a gótico, El jardín mojado, Sol o los relatos Escrito en Irene, Luchino Visconti pasea por Riotinto ya habían sido publicados.
Ahora, de la mano de un estudioso y poeta tan lúcido como necesario, Pedro J. Plaza, se reedita este poemario que, de momento, sirve como indiscutible referencia de lo que será el itinerario poético de Juan Cobos Wilkins, sugerente, preciso, sensual, formando parte de ese grupo de poetas selectos que agruparía bajo la poética de la caballerosidad. Poetas como nuestros añorados Rafael Pérez Estrada, Juan Manuel González, Eduardo García, Rafael Ballesteros o Rafael Ávila, se distinguen por esa elegancia escritural que fusionan la pasión y la armonía, el equilibrio y el mimo de la palabra poética con toda la carga simbólica de su historia.
Juan Cobos Wilkins ratifica una incesante búsqueda estética que podemos rastrear tanto en su narrativa como en su poesía. Una intensidad poética que explora el inframundo, memoriza el mundo, registra la intuición, la rebeldía, las paradojas de la oscuridad y la luz, la libertad a todas luces, “libertad y soledad frente a sumisión y gregarismo” que reseña el propio poeta.
En el poema III, leemos : “Un espejo/trizado, casi escarcha,/multiplica/el orgullo en las pupilas: a imagen/y semejanza no. Conciencia/de ser uno. El diferente./Si ante la rebelión dudase, ofendería/tanto como el vacío purísimo del sexo”. El poeta en el prólogo, titulado Non serviam nos ofrece el núcleo genético del poemario. La consideración de Luzbel como primer rebelde de la Historia, la pregunta del ángel ante el espejo ¿por qué he de servir?, y un episodio infantil que en gran medida es el punto de partida.
La poesía será el desarrollo, acaso el punto de llegada, con cierta capacidad sanadora y una intensidad absolutamente compatible con su elegancia. Insistimos en esa poesía de caballerosidad que mantiene un meditado equilibrio entre forma y fondo, otorgando el mismo espacio a la estética y a la armonía que al mensaje e intensidad emocional. Por tanto, este primer poemario estructurado en torno a un “no serviré” traspasa el mismo paradigma del poemario para convertirse en una seña de identidad que dota a su obra literaria de mayor dimensión si cabe, universalidad y luminosidad. De hecho, no hace tanto tiempo, tuve la fortuna de reseñar su poemario Los no amados, publicado por la editorial Bartleby que corrobora esa perfecta combinación de intimismo e impronta comprometida.
Juan Cobos Wilkins no permanece ajeno al mundo ni en la poesía ni en la vida. Compromiso y vitalismo con la edificación del tiempo, la memoria, en suma, las grandes preocupaciones del mundo configuran su discurso poético. Como botón de muestra, “por no decir que se trata de una excepcionalidad, Juan Cobos Wilkins habló de su novela El mar invisible con los presos de Huelva, una extraordinaria novela que narra las vivencias de un condenado a muerte que pide como última voluntad pasar la noche con un poeta encarcelado por homosexual que además es un activista político.
Por si fuera poco, años después, con el deseo de fomentar la lectura y la lectura, coordinó una iniciativa cultural durante un trimestre en la Prisión Provincial de Huelva. Poesía esencial, pura y auténtica es la tendencia más certera en la trayectoria poética de Juan Cobos Wilkins”. Huelga decir, que mis lecturas aportarán más bien poco a la trayectoria literaria de Cobos Wilkins, conocida, reconocida y estudiada detalladamente. Debe considerarse este acercamiento a su primer poemario publicado que se vuelve a publicar en este 2026 como el deseo de dejar por escrito mi admiración por uno de los poetas indiscutibles, compartiendo a lo sumo, el goce de la lectura.
60 poemas anticipados por el mismo prólogo de 1989, con la lógica actualización de algunos datos, y como cierre del libro, una conversación entre Diego Vaya ( profesor de literatura y un magnífico escritor de relatos, novela y poesía) y Juan Cobos Wilkins en torno a Espejo de príncipes rebeldes. No obstante, Diego Vaya apunta con mucho acierto que por el modo en que se entrelazan las imágenes, los símbolos y los temas del poemario, podría leerse como un único poema fragmentado. Circunstancia que corrobora Cobos Wilkins, y que por ejemplo, se repite en el mencionado Los no amados. Se puede entonces describir como un "mosaico" o un "ojo compuesto", sugiriendo una visión fragmentada y múltiple de la realidad poética.
Por tanto, no parcela el poemario como colección de poemas, sino que en gran medida, se gesta como un todo marcado por una lúcida cohesión. De hecho, los poemas no se titulan, acaso figuran unos números romanos generosos, comunicativos y que subrayan la música textual, la mirada crítica, lo imaginativo, lo misterioso, la pasión y la armonía. También debe tenerse en cuenta el contexto histórico, con un poeta muy joven que inicia esa exploración simbólica, íntima, fascinado por la figura del ángel caído (En el poema LIX: “Noli me tangere./Es el ángel más lento de la muerte./Noli me tangere./¿Quieres llevar aún la libertad junto al anillo?). Con apenas 18 años, inicia la escritura de este libro, fechando algunas composiciones en 1974. Como confiesa el propio autor en el prólogo, tiende a inclinarse por los perdedores, y esa pérdida se convierte en el eje de una reflexión poética sobre la identidad, la rebeldía y el destino: “la historia del ángel rebelde que pasa de la luz a la tiniebla […] despertó en mí […] sentimientos de admiración y simpatía -verdadera complicidad-”.
Ese impulso cristaliza en el instante decisivo que vertebra el libro: “ Cuando el ángel se contempla en el espejo y se pregunta: «¿Por qué he de servir?», y se rebela». Vida y poesía necesariamente deben surgir de ese gesto radical, para discurrir con esencia y conciencia. Un concepto de poesía que encierra la creación y el arte en la doble perspectiva de autor y lectores. En cualquier caso, vive y reivindica la poesía desde la sugerencia y la paradoja, en la precisión y en el simbolismo más meditado. Y a pesar de todo, el poeta Juan Cobos Wilkins nos profundiza nuestras consideraciones con tanta belleza como exactitud, recordando además que pasamos al lado de la belleza sin disfrutarla. Así su último poema nos confirma, el imán poderosos de ángeles, la voluntad de escribir, el silencio como herramienta irrefutable, el misterio y la figura del caballero:
“Quiero quedarme aquí por siempre./Permanecer junto a vosotros, ángeles/ocultos del Odiel./Porque es jugar a oír de nuevo el agua bajo el puente./Y callarme. Escribir/otra vez sobre la estrella fugaz de carne verde, ser/los últimos/caballeros andantes del misterio”.
