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En #CarteleraSur la crítica del esperado Episodio VII de 'Star Wars'.

Star Wars. Episodio VII: El renacer de la fuerza (The Force Awakens) (2015, Estados Unidos). Director: J.J. Abrams. Guión; J.J. Abrams, Lawrence Kasdan, Michael Arndt. Música: John Williams. Fotografía: Daniel Mindel. Reparto: Daisy Ridley, John Boyega, Harrison Ford, Adam Driver, Oscar Isaac, Carrie Fisher, Peter Mayhew, Domhall Gleeson, Max von Sydow, Gwendoline Christie, Lupita Nyong’o, Andy Serkis, Anthony Daniels, Mark Hamill. Productora: Lucasfilm / Bad Robot / The Walt Disney Company

Antes de 2001: Una odisea del espacio (1968) y hasta mediada la década de los setenta la ciencia-ficción resultaba de cartón piedra; el cine norteamericano era fundamentalmente violento, de calles abrasadas, policías expeditivos y proxenetas horteras, mientras que el europeo resultaba algo intelectual y “lento”; películas de Scorsese (Taxi Driver), Coppola (La Conversación) o Lumet (Tarde de Perros) enturbiaban las fronteras de lo ético. En ese contexto las tres primeras partes de La Guerra de las galaxias (1976-1983) resultaban muy estimulantes, divertidas y sobre todo conciliaban gustos dispares, el de aquellos que buscaban evasión y espectacularidad con el de los que preferían una historia conmovedora, compleja, un reflejo de una sociedad convulsa.      

George Lucas dejó a un lado el melodrama, los sentimientos exaltados y la paranoia de las calles de Nueva York y buscó en los espacios abiertos del western, en la comedia juvenil y en la literatura fantástica una nueva narración de temas antiguos, con clara distinción entre villanos y héroes, caballeros, doncellas y dragones, poca indagación psicológica y mucha tecnología al servicio de los efectos especiales. Todo en La Guerra de las Galaxias primeriza había sido antes contado por leyendas y mitologías varias, recreando una vez más la eterna lucha de la luz contra las tinieblas, la figura mesiánica, la caída del angel y la rebelión contra el padre. Desde ese planteamiento ingenuo y autocomplaciente George Lucas supo no obstante conectar con, al menos, un par de generaciones para quienes las aventuras de los Jedi forman ya parte de nuestro imaginario colectivo, de nuestro vocabulario y en resumen, de nuestra cultura popular

¿Qué han hecho con todo ese legado el director J.J. Abrams y los guionistas, Lawrence Kasdan y Michael Arndt? Básicamente es una operación de reciclaje. Hay que prolongar la franquicia al menos tres películas más, así que cogemos a los personajes de George Lucas, los enredamos en una trama prácticamente calcada de la primera trilogía y seguimos llevando al fan al abrevadero. Siendo una película entretenida, con impresionantes efectos especiales, un ritmo rápido y algunas escenas con pretensiones de quedar en la memoria, sin embargo el seguidor incondicional puede quedar decepcionado.

Ahí están los protagonistas de siempre, los simpáticos y cruciales robots, la parafernalia nazi de cruceros, stormtroopers y TIE fighters imperiales frente a los X-wings y sus locuaces pilotos de la República, los parroquianos imposibles de taberna galáctica, y el duelo de sables láser, pero de alguna forma el mundo de George Lucas y sus midiclorianos, está ausente. Hay menos intriga palaciega, menos mística Jedi y más músculo, más tiroteo; los nuevos villanos parecen remedos de los anteriores y, por el momento, no hay una creación de un mundo físico, de un escenario que deslumbre. La gran aportación de la primera trilogía sería precisamente el trabajo de los diseñadores artísticos, el paisaje, el diseño urbano, los gadgets, la fusión de los cuatro elementos en cada mundo.

J.J. Abrams y la productora Disney han pensado que a la saga le sobraba misticismo y verborrea y han aligerado el lado artístico subrayando la velocidad, la acción, el vértigo casi de videojuego de muchas escenas y aportando un poco de distanciamiento irónico con respecto a la trilogía original, no demasiado para que los fans no se rebelen. El equilibrio perseguido entre el respeto al original y lo novedoso se pierde a veces según el grado de comunión del espectador con las esencias del universo Lucas.

Los nuevos episodios de la saga galáctica emocionarán a algunos con su mezcla de nostalgia, ingenuidad, mito y… ¿osadía juvenil?

En su haber hay que incluir las primeras escenas de Taooine, mostrando los restos calcinados de la gran batalla: chatarra espacial desparramada entre las dunas que recuerda al mejor Moebius de esa época. Pero, siempre a la espera de las dos siguientes entregas, en general las atmósferas se vuelven más planas y menos sugerentes. Es cierto que hay humor, ligereza, y buen ritmo en los diálogos. ¿Quién no se ha preguntado alguna vez en qué acabaría lo de Han Solo y la princesa Leia? El reencuentro con ellos seguro que está siendo celebrado. No obstante, esas correrías de Harrison Ford por los túneles de la nueva Estrella de la Muerte, o sus encontronazos con chicos malos contrabandistas y demás gentuza pueden bordear la parodia para los más descreídos, o menos entusiastas.

Y es que la juventud ha sido prerrogativa ineludible del héroe porque nos gusta representarnos de manera narcisista con vigor, lozanía e inocencia. Leia, Luke y Han acababan de abandonar su adolescencia cuando Lucas los metió en faena hace más de cuarenta años. Volver a usarlos como argumento tiene sus riesgos. Los dos nuevos protagonistas jóvenes de este episodio VII, Rey (Daisy Ridley) y Finn (John Boyega) aportan frescura y la cuota correspondiente a pagar por Disney a la corrección política, pero no consiguen sacar de la pantalla a los veteranos. Habrá que esperar al siguiente episodio.

“Reciclar, reutilizar y reducir” está bien, es políticamente correcto, medioambientalmente responsable y “cool”, pero a la hora de fabricar un producto de entretenimiento no reñido con el ingenio artístico la palabra clave sería “renovar”, crear. Vestigios de la edad dorada de la NASA, las sondas Voyagers lanzadas a los confines del sistema solar a mediados de los setenta con tecnología preordenador e increíblemente todavía en activo, siguen acunando el sueño nostálgico de las antiguas exploraciones. Como ellas, los nuevos episodios de la saga galáctica emocionarán a algunos con su mezcla de nostalgia, ingenuidad, mito y… ¿osadía juvenil?

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