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Juan José Vélez Otero es un poeta, profesor y traductor de Sanlúcar de Barrameda. Es Licenciado en Filología Inglesa y se dedica a la docencia en un Instituto de Enseñanza Secundaria. Lleva veinte años publicando y ha recibido numerosos premios literarios, de ámbito nacional e internacional, como el premio de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, el Premio Feria del Libro de Madrid, el Rosalía de Castro de Córdoba, entre otros. Ha traducido obras de Donald Hall, Yusef Komunyakaa, Jane Kenyon, Najwan Darwish, Yusef Komunyakaa y Philip Levine. Su obra poética incluye los libros Panorama desde el ático (1998); Ese tren que nos lleva (1999); Juegos de misantropía (2002); El álbum de la memoria (2004); La soledad del nómada (2004); El sonido de la rueca (2005); El solar (2007); Otro milagro de la primavera (2010) y En el solar del nómada (2014). Dióxido de carbono (2016) está publicado en Valparaíso Ediciones, una editorial joven pero con un extenso catálogo. Este poemario es el número 98 de la Colección Valparaíso de poesía dirigida por Javier Bozalongo. Tras realizar este esbozo biográfico, el profesor de Literatura Española de la UCA José Jurado Morales analizó el poemario y lo situó en el contexto creativo del autor. En la presentación de La soledad del nómada (2004) se dijo que la poesía de Juan José era muy triste, una afirmación que necesita explicación. Así que ése fue el núcleo de su disertación: aclarar por qué son tristes los poemas de este escritor. Antes nos aclaró que la vida y la obra son cosas diferentes. Juan José es epicúreo, hedonista, y le gusta disfrutar de la vida. Otra cosa es el personaje que escribe, el que crea y habla sobre la realidad. El sujeto lírico, aunque posee mucho de la biografía del escritor, es autónomo, remarcó Jurado. Dióxido de carbono se ha fraguado a través de una reflexión sobre las experiencias vitales, acompañada de una gran cantidad de lecturas, no sólo de poesía, sino también de novela y ensayo. El libro parece fácil a primera vista. De ahí que Jurado nos recordara lo que decía Milan Kundera: “Detesto los libros que son difíciles de leer y fáciles de comprender”. En el caso de Juan José ocurre lo contrario, es fácil de leer, pero luego es profundo, trascendente. Para comprender esta tristeza poética hay que tener en cuenta que Juan José Vélez es un escritor de la posguerra. Como muchos otros escritores de esa generación, tenía muchas expectativas puestas en la democracia. Iban cargados de esperanzas y, sin embargo, les defraudó. El choque con la realidad de la Transición convirtió esas esperanzas en frustraciones. En Dióxido de carbono se plasma ese desencanto generacional, explicó Jurado. Se trata de un hecho histórico, biográfico, que ha condicionado la evolución de su poesía.Aunque los versos hablan de situaciones y escenas sencillas, sus poemas están impregnados de filosofía, de pensamiento profundo. Toda su obra está marcada por el existencialismo, dijo Jurado. Kierkegaard, Schopenhauer, Nietzsche, Heidegger, Sartre, Camus,.. Todos estos autores sostienen que nuestras experiencias configuran nuestra identidad, lo que somos o podemos llegar a ser. Juan José habla de esas experiencias vitales. Su poesía es una reflexión sobre el paso del tiempo: del útero a la sepultura. El libro es un viaje vital, una biografía poética. Entonces, cobra mucha importancia la memoria: para saber quién soy necesito saber quién he sido. Pero la vida se va, de ahí la tristeza. Somos seres en el tiempo, conscientes de la finitud. Escribir y filosofar es entristecer. Es una búsqueda sin fin. Como no terminamos de encontrarnos en esa reflexión, surge la duda. Con los años, su poesía se fue acercando al escepticismo. Según José Jurado, el autor pone en cuestión las verdades aceptadas. No se reconoce en las creencias actuales. No entiende el mundo en el que vive, ni comparte los principios que rigen nuestra sociedad. La consecuencia es el vacío, la soledad, el sentirse descolocado en este mundo. La ironía le sirve para roer los cimientos de nuestra actual forma de vivir. En Dióxido de carbono aparece el pesimismo filosófico. En contra de lo que pensaba Leibniz, el pesimismo sostiene que vivimos en el peor de los mundos posibles. Nuestra realidad es dolor, dice Schopenhauer. Desear implica angustia y decepción. En eso consiste nuestra existencia. Y respecto a la sociedad y la historia: no hay progreso. Cada vez estamos peor. Es el pesimismo poético y reflexivo de Leopardi. Hay melancolía en los poemas de Juan José, fruto de una posición metafísica pesimista. En los libros anteriores, la memoria podía salvarle de ese pesimismo. En este último libro, ni siquiera el recuerdo puede mitigar el sufrimiento, explica Jurado. La existencia es fracaso y tragedia. En los poemas se habla de la imposibilidad del retorno. Es un libro nihilista, porque el ser se deshace, se desdibuja. Todo se vuelve nada. La vida, con sus sentimientos y proyectos, sólo es eso: dióxido de carbono.

GRIS

Está noviembre gris en los cristales, frontera de mercurio helado en las ventanas, está la tarde gris y estás en casa desmantelando el tiempo, no el que pasa, el que ha pasado ya y que no olvidas, el que anunciaba éste y que no oías.

En tardes como ésta la vida entera cabe, cumpleaños sin luz, renuncia y calma, o la tormenta ardida del fracaso.

Tabaco y música de niebla aquí tras los cristales, en la mesa; y en las paredes costras de silencio.

No te han pedido nada en esta tarde ni huele, si la tocas, la flor de la esperanza.

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