Organizaciones andalucistas durante la II República

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Cuando se habla de andalucismo histórico suelen barajarse muy pocos nombres de las organizaciones que incardinaron en su ideario político la defensa de una Andalucía autónoma. A lo sumo se habla de los centros andaluces y de las juntas liberalistas de Andalucía, ambas organizaciones creadas por Blas Infante, a quien además se le presenta las más de las veces de forma descontextualizada y como un prócer aislado y que trabajó casi en solitario. Nada más lejos de la realidad.

En Andalucía, las primeras organizaciones plenamente regionalistas surgen casi como relevo de las republicanas federalistas, al igual que en otras nacionalidades del estado español, como Galicia, Euskadi y Cataluña (aunque estas tres, realmente, hunden sus primeras raíces en el carlismo). Un federalismo que comienza a decaer a principios del siglo XX, con sociedades como el Centro Republicano Social de Alejandro Guichot y Sierra (Sevilla, 1899), la Unión Republicana Andaluza (Córdoba, 1904) o la Federación de Trabajadores de Andalucía, del jerezano Manuel Moreno Mendoza (1899), y que se caracterizan por su modernidad política debido a que se cuentan entre las primeras organizaciones conscientes de la importancia de mantener una intensa actividad política y propagandística, sin parangón hasta ese momento, alejándose de la actitud elitista de los partidos de cuadros, que limitaban su actividad política a las épocas electorales.

Sin lugar a dudas, la primera de ellas y más importante es el ya citado Centro Andaluz (1915), que recoge las diferentes sensibilidades andalucistas por entonces existentes y confecciona una nueva argumentación social a favor de sus propios fines, y que llega a contar con decenas de agrupaciones locales tanto dentro como fuera de Andalucía, varias de ellas en Latinoamérica. En 1919 el Centro Andaluz sufre una escisión, apareciendo entonces la Acción Andaluza liderada por José Gastalver y Federico Castejón, que engloba el sector más conservador de los regionalistas. Y, en el polo opuesto, ese mismo año se crea la Candidatura Demócrata Andaluza por la circunscripción de Sevilla, enmarcada en una política planificada de alianzas electorales por toda Andalucía entre republicanos federales, socialistas y regionalistas, y que, a pesar de la dinámica del turnismo de la Restauración, consigue muy buenos resultados en algunas localidades, como Camas, con más del 40% del escrutinio total.

Pero hemos de esperar a la caída de la dictadura de Primo de Rivera para contemplar un mayor plantel de siglas, siendo la primera de ellas la Agrupación Republicana Federal Andaluza (1931), nacida de entre las filas del Partido Republicano Federal, y antecedente directo de la Junta Liberalista —que no liberal—, encargada de impulsar de nuevo el proceso estatutario en el recién estrenado marco democrático de la II República, y que cuenta con secciones internas como la Juventud Liberalista y la Agrupación Liberalista Feminista, encabezada por Luisa Garzón.

Para las elecciones constituyentes de 1931 se constituye la Candidatura Republicana Revolucionaria Federalista Andaluza, integrada por, entre otros, Blas Infante, Pascual Carrión, José Antonio Balbontín y Ramón Franco, y por la que éste último consigue acta de Diputado, pero que rechaza por haber obtenido acta también por Barcelona, cediéndosela a Balbontín, que acaba ingresando en el PCE y convirtiéndose en el primer representante de ese partido en las Cortes Generales. Ésta es también la candidatura que da pie a los famosos sucesos del Complot de Tablada y el supuesto intento de sublevación popular y campesina ideada por Ramón Franco, hermano del futuro dictador, y Pedro Vallina, dirigente de la CNT.

Por estas mismas fechas se crea en Sevilla la Agrupación Socialista Independiente Andaluza (ASIA), de manos de Juan Álvarez Ossorio junto a un grupo de expulsados del PSOE por querer depurar el partido de colaboradores con la dictadura primorriverista. Al año siguiente, la ASIA se funde con el Partido Social Revolucionario, el Partido Radical Socialista e Izquierda Revolucionaria y Antiimperialista en el Partido Revolucionario Obrero Andaluz, bastante efímero pero del que constan en prensa algunos actos públicos en varias localidades.

Algo más consistente es el Partido Republicano Autonomista Andaluz, que celebra su congreso constituyente en 1932, y que es calificado por algunos autores como Hijano del Río o Ruiz Romero como el primer partido nacionalista andaluz de nuestra historia, y como la primera fuerza netamente autonomista constituida al margen del círculo andalucista infantiano. Creado por el abogado y miembro del Centro de Estudios Históricos de Andalucía, Ricardo Majó Puig, también cuenta con algunas secciones internas como la Juventud Autonomista Republicana Andaluza, y es uno de los principales impulsores en 1933 de la Federación Autonomista de Municipios Andaluces (FADMA), con sede en Jerez.

Para no extendernos más con este sucinto repaso, podemos simplemente mencionar otras organizaciones como la Unión de Autonomistas Andaluces (1933), la Acción Pro-Estatuto Andaluz (1936), o algunas otras de las que la historiografía hasta el momento cuenta con pocos datos, a veces poco más que sus nombres, como la Izquierda Republicana Andalucista (Málaga, 1932), el Partido Republicano Izquierda Regional (Almería, 1932), o el Centro Andalucista Republicano (Guillena, 1933).

Y por último, no podemos dejar de mencionar el Centro de Estudios Andaluces, organización cultural que existe bajo diferentes denominaciones desde 1918 (Centro de Estudios Históricos de Andalucía, Centro Andaluz de Estudios Históricos, Centro de Estudios y Trabajos Andaluces,…), dirigido por Alfonso Lasso de la Vega, Director Conservador del Alcázar de Sevilla al pasar éste a titularidad municipal tras el exilio de la Familia Real con la proclamación de la República, y donde sitúa la sede del Centro. Varias décadas después, este Centro de Estudios Andaluces inspira la creación de los actualmente existentes Centro de Estudios Andaluces (CEA), fundación pública adscrita a la Consejería de la Presidencia y Administración Local de la Junta de Andalucía, y del Centro de Estudios Históricos de Andalucía (CEHA), encargado de la publicación de esta serie de artículos en La Voz del Sur, y al que debemos agradecerle la divulgación y edición de numerosas publicaciones relacionadas con el pensamiento de Blas Infante y el Andalucismo Histórico.

Artículo escrito por Jesús P. Vergara, licenciado en Historia y miembro del Centro de Estudios Históricos de Andalucía.

Bibliografía recomendada:

-CRUZ ARTACHO, Salvador, Entre la Europa wilsoniana y el discurso bolchevique. El andalucismo histórico (II), Sevilla, Centro de Estudios Andaluces, Consejería de la Presidencia de la Junta de Andalucía, 2016.

-INFANTE PÉREZ, Blas, La verdad sobre el Complot de Tablada y el Estado Libre de Andalucía, Sevilla, Publicaciones de la Junta Liberalista de Andalucía, 1931 (reed. Granada, Aljibe, 1979).

-MEDINA CASADO, Manuel, Hacia un censo de centros, Ateneos y colectivos políticos del Andalucismo Histórico, en Actas del IX Congreso sobre el Andalucismo Histórico, Fundación Blas Infante, Sevilla, 2001.

MEDINA CASADO, Manuel y SANMARTÍN LEDESMA, Rafael (coords.), Blas Infante inexplorado, Jaén, Publicaciones de la Universidad y Centro de Estudios Históricos de Andalucía, 2011.

-RUIZ ROMERO, Manuel, Aportaciones para el esclarecimiento del supuesto Complot de Tablada, en Actas del IX Congreso sobre el Andalucismo Histórico, Sevilla, Fundación Blas Infante, 2001.

-VALLINA, Pedro, Mis memorias, Córdoba, Centro Andaluz del Libro y Libre Pensamiento, 2000.

-VERGARA,  Jesús, Historia de los orígenes del andalucismo. El Centro Andaluz de Sevilla, Córdoba, Editorial Almuzara, 2014.

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