Esta película es una historia de naufragios sentimentales en la noche.

Rumbos. España, 2016. Dirección: Manuela Burló Moreno. Guión: Manuela Burló Moreno. Fotografía: Unax Mendía. Música: Mikel Salas. Reparto: Carmen Machi, Pilar López de Ayala, Karra Elejalde, Ernesto Alterio, Miki Esparbé, Nora Navas, Emilio Pacheco, Fernando Albizu.

Vidas cruzadas (Short Cuts, 1993) de Robert Altman acude como referencia de aquellas películas con varias tramas paralelas, cada una con sus protagonistas y su micro drama, y a las que algún hilo argumental o temático hace coincidir y da unidad. Manuela Burló Moreno (Cómo sobrevivir a una despedida (2015); Pipas (2013) ha aplicado esa estructura de mosaico argumental a su película Rumbos, pero con desigual resultado.

Basada en relatos de Raymond Carver, Vidas Cruzadas no podía sino mostrar una ciudad de Los Angeles deshumanizada y brutal, pero con unos poderosos retratos de personajes. Las historias de Rumbos, presentadas en tiempo real, ocurren en Barcelona, o más bien en las avenidas y vías de acceso y salida de la ciudad, de noche y dentro del habitáculo de algun vehículo, coche, ambulancia, taxi o camión.

Es una Barcelona nocturna, solitaria pero amable, donde a los taxistas no se les atraca, por el contrario se les pide consejo sentimental; camioneros y prostitutas conversan delicadamente sobre las paradojas del amor y los sanitarios de emergencias filosofan sobre el sentido de la vida. El tono de consultorio sentimental propio de emisiones radiofónicas para corazones solitarios, impregna toda la película y la diferencia de otras Vidas cruzadas como la de Altman, Amores Perros de Iñárritu (2000) o Grand Canyon del gran Kasdan (1991).Manuela Burló, autora del guion, ha superado las dificultades técnicas de rodar y montar una película de más de 90 minutos con  limitaciones de espacio y escenario: formalmente hablando Rumbos no se hace larga ni repetitiva. Los diálogos son en general interesantes, algo elaborados y siempre en tono de confidencia sobre lo difícil del amor o la soledad.

Es mérito de la directora articular las historias con buen ritmo y hacerlas encajar con precisión; puntearlas con la voz seductora de Julia Otero o los planos aéreos de esos nudos viarios de las autopistas que parecen representar el sistema sanguíneo de la ciudad. La fotografia cálida de Unax Mendía nos muestra una Barcelona de noche no amenazadora, en consonancia con el tono confidencial de la película.

Algunas historias son inevitablemente más amenas que otras, pero en general no resultan demasiado originales. Rumbos no corre demasiado riesgos, no plantea situaciones que hubieran hecho sonrojar a Elena Francis. El registro de comedia romántica se impone, y son evitados aspectos más crudos de la crónica de sucesos de la gran ciudad.

Hay que resaltar el trabajo de los actores. Carmen Machi está estupenda como prostituta tierna en esa gran escena con Fernando Albizu en la cabina del camión. Pilar López de Ayala convence como la inocente abandonada por un novio aprovechado (Miki Esparbé). Karra Elejalde, siempre poderoso en escena, es el taxista que ofrece consuelo para el rechazo amoroso. Los jóvenes Emilio Palacios y Christopher Torres  protagonizan la historia más dramática y menos convencional con tacto y buenos diálogos.

Esta película es una historia de naufragios sentimentales en la noche, eso dice Julia Otero por las ondas, que resulta agradable por el gran trabajo de sus actores y el encaje de sus diferentes historias cruzadas. En una canción algo melosa, pero siempre genial, Frank Sinatra cantaba que “…en la madrugada el corazón debe aprender sus lecciones”. Eso nos propone Rumbos.

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