jacula_1975
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“¿Qué es el Ser, qué es el Ser, qué es el Ser?”, cantaba una y otra vez Chicho Sánchez Ferlosio. No es el único músico del siglo XX que se lo ha planteado, aunque fuera el más irónico.

Porque el estrellato suele conllevar una plétora de dilemas morales, filosóficos y harto metafísicos. De ahí que innumerables luminarias se hayan sentido en algún momento de sus excesivas carreras atraídas por las respuestas, enrevesadas o facilonas, de aquello que dan en llamar lo Oculto.

Las conocidas excentricidades de Matt Bellamy en Muse son sólo las últimas de una larga lista. Jimmy Page, John Lennon, Madonna… todos ellos juguetearon en su momento con las respuestas que yacen más allá de los libros.

Aunque también hay quienes bailaron esta danza macabra desde el principio, y estos, como los monjes ordenados a tierna edad, son los más meritorios.

Jacula

Jacula es uno de los grupos más raros de los principios del progresivo italiano, si es que se le puede clasificar de este modo. Lo fundaron Antonio Bartoccetti y "Llama de los Espíritus" (Doris Norton). Su música se compone principalmente de voz y órgano (supuestamente robado de una iglesia) sobre letras de alto contenido mistérico. Sus dos discos, el primero grabado en un castillo inglés, no superaron las quinientas copias: fueron enviados principalmente a sectas y clanes satánicos. Destacan la presencia en sus filas de un médium (Franz Parthenzy), que cuando caía en trance 'recibía' melodías posteriormente utilizadas por el resto y, como organista, Charles Tiring, "anciano demente" con una esposa de dieciocho a la que decía haberse unido mediante un pacto con el Diablo.

Depués del segundo disco de Jacula, probablemente el mejor, hubo una pausa tras la que Antonio continuaría su estela en Antonius Rex (Neque Semper Arcum Tendit Rex, 1974) y Doris se consagraría a una bizarra electrónica ocultista (Parapsycho, 1981).

Igor Wakhevitch

Igor Wakhevitch es una oscura figura que colaboró con Salvador Dalí y con el Groupe de Recherches Musicales de Pierre Schaeffer. En sus ratos libres componía oscuros "rituales sonoros" donde, poniendo en práctica todo su buen hacer como explorador de la electrónica, mezclaba la magia del sintetizador con la magia de verdad.

Hathor ou le temple de la Sainte Kabbale (1973) tenía por objetivo declarado acompañar una "liturgia del soplo para la resurrección de los muertos".

 

Venta de ítems esotéricos en un catálogo musical de época

Zior

Se supone que, en el mundo del hard rock ocultista, Zior eran los Black Sabbath practicantes, aunque en lo que se refiere a componer es opinión común que Sabbath practicó más. Su cantante, Keith Bonsor, era el principal esoterista de esta rara banda, asociada al bombástico Monument. Se rumorea que fue asesinado en una misa negra, razón por la cual no se le volvió a ver.

Lo cierto es que ha concedido entrevistas a la vuelta del siglo.

Keith Jarrett

Keith Jarrett es un reputado pianista de jazz, seguidor en sus ratos libres del místico armenio G. I. Gurdjieff e intérprete, como tal, de la música que éste compuso junto a Thomas De Hartmann.

Gurdjieff defendía que el arte de eras pasadas encerraba, mediante calculadas desviaciones de un patrón formal previamente acordado, mensajes descifrables únicamente por los Iniciados en una antigua tradición esotérica, de la que él se decía depositario. Declaraba ser capaz de "leer" pirámides, dólmenes o pinturas rupestres, y gracias a ello realizó asombrosos descubrimientos arqueológicos. Es conocida una discusión que entabló en las cuevas de Lascaux, en la que el armenio afirmaba que las pinturas tenían sólo 7.000 años, que pertenecían a una Hermandad generada tras el hundimiento de un gran continente, y que uno de los "animales de caza"era una esfinge egipcia.

El siguiente tema supuestamente encierra el contenido de las tres leyes transversales a todos los fenómenos cósmicos: Santa Afirmación, Santa Negación y Santa Reconciliación.

Otros grandes músicos influenciados por Gurdjieff son Franco Battiato, Kate Bush y Robert Fripp.

David Bowie

David Bowie trazando un Árbol de la vida.

David Bowie vivió el ecuador de los años setenta en un estado de paranoia y pánico crónico. Obsesionado con los ovnis, el cine mudo y Hitler, con una confesada dieta de "leche, pimientos chili y cocaína" que le llevó a pesar cerca de 30 kilogramos, el Delgado Duque Blanco, como se hacía llamar en referencia a su infausto hábito, parecía en ese momento la víctima perfecta para un delirio esotérico.

Y lo fue: adepto a la ouija y las bolas de adivinación, construyó un altar en el salón de su casa de Los Angeles, pintó las paredes de símbolos mágicos e hizo exorcizar repetidas veces su piscina. En una entrevista afirmó haber visto un cuerpo caer del cielo por la ventana. Dice la leyenda que, obsesionado con una conspiración en su contra (por parte de Jimmy Page, entre otros), guardaba su orina, sus uñas y su pelo en el frigorífico, no fueran a hacerle vudú sus enemigos, y escuchaba hasta el hastío cada nueva canción de los RollingStones escrutando mensajes ocultos dirigidos hacia él.

Esta etapa de desequilibrio quedó plasmada en su disco Station to Station (1976) y en la canción del mismo nombre, repleta de referencias gnósticas y cabalísticas y basada en las estaciones de Cristo (el propio Bowie, que se creía un Superhombre ario a la sazón), siendo el "retorno del Delgado Duque Blanco" una alusión a su Segunda Venida.

 

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