El reinado de Enrique IV de Castilla ha sido considerado tradicionalmente como un período marcado por los conflictos derivados de la transición de un viejo modelo medieval a otro marcado por la fuerza de la figura del monarca.

El reinado de Enrique IV de Castilla ha sido considerado tradicionalmente como un período marcado por los conflictos derivados de la transición de un viejo modelo medieval —en el que la nobleza tenía un gran peso en el poder— a otro marcado por la fuerza de la figura del monarca. Su reinado se extendió a lo largo de los años circunscritos entre 1454 y 1474 y estuvo muy influido por la figura de su privado, Juan Pacheco, cuya personalidad marcó buena parte de las directrices de la política castellana del período.

Andalucía occidental era, desde el punto de vista político, social y económico, un territorio dominado por dos grandes familias: los Guzmán y los Ponce de León. A mediados del siglo XV el monarca había cedido tantas competencias políticas y militares a estas familias que se podría decir que se habían alzado como virreyes o como pequeños reyes dentro del propio Reino. Nuestra ciudad no escapó a estas vicisitudes y estuvo dividida en dos bandos, que se organizaban utilizando usando denominaciones del castellano “juego de cañas” en los que los participantes se dividían entre “los del puesto de arriba” y “los del puesto de abajo”.

Los juegos de cañas eran una práctica habitual a partir del siglo XIV, pues aunque su origen es anterior, aparecerá ahora como una especie de mascarada o simulacro en el que, con sentido lúdico, habrá dos grupos de caballeros disfrazados, de moros y cristianos, que se lanzarán cañas, en lugar de lanzas para evitar peligros. Dicho juego también se celebraba en el Reino de Granada por lo que ello nos habla de la extensa popularidad que gozó a lo largo de este período en el territorio que hoy es Andalucía.

Utilizando este juego, los jerezanos se dividían entre “los del puesto de arriba”, eran afines a la Casa de Niebla y “los del puesto de abajo” que eran dirigidos por un hombre de gran influencia en la localidad, García Dávila. A cada uno de estos grupos se adscribía el resto de las familias y linajes jerezanos para formar así una extensa red de clientelismos que servía para que unos aumentaran su influencia en la localidad y para que otros pudieran acceder a cargos, puestos y promoción social, entre otros.

A lo largo de este momento histórico la política castellana se caracterizó por el intento del monarca de centralizar el poder y por las luchas entre las principales familias nobiliarias castellanas por adquirirlo y por ascender en su posición. La situación o la relación con el vecino Reino de Granada no fue, por esto, una prioridad en este momento y los conflictos contra el mismo se redujeron enfrentamientos de baja intensidad. Este aspecto era de gran importancia para nuestra ciudad debido a su condición de “frontera” que hacia que un método para ascender, obtener prestigio o para conseguir riqueza fuera el de combatir contra este Reino.

Por otro lado, al ser una ciudad de realengo —era jurídicamente administrada por el monarca o sus representantes y no por señores feudales— convertía a Jerez en una especie de “punta de lanza” en el avance castellano y cristiano contra la frontera nazarí. La notable posición del concejo jerezano dentro del Reino de Castilla hizo de la ciudad un foco de interés para los principales señores de la zona- Ponces y Guzmanes- así como para Juan Pacheco y su hermano en el contexto de sus planes en Andalucía. Pero conseguir el control de la ciudad no era sencillo ya que era una ciudad de realengo.

Al igual que en el resto del Reino de Castilla, en la que Juan Pacheco se enfrentaba con una facción de nobles a otra encabezada por Enrique IV y Beltrán de la Cueva, Jerez mantenía estas vicisitudes a través el conflicto de sus bandos y en nuestra ciudad la representación del monarca estaba garantizada a través de la figura de corregidor que durante este período descansó, por concesión real, en manos de Juan Pacheco.

Para mantener el orden en la ciudad, el monarca dispensaba privilegios en momentos de gran conflictividad. Este fue el caso de 1465 en el que, para mantener la fidelidad de la ciudad, el monarca otorgó a la misma el título de “Muy Noble y Muy Leal” y aumentó el número de regidores. Por otra parte, señores como Juan Pacheco instauraron su red clientelar para extender su poder. Entre estas familias, leales en algunos casos a la Casa de Arcos, destacaba el ya citado linaje Dávila, García Dávila llegó a ser protagonista de los principales acontecimientos del municipio: desde el asesinato del alcalde mayor Juan García de Castro, en el que se erige como nuevo representante junto con otro regidor llamado Iñigo López. La Casa de Niebla mantendría entre sus partidarios a Bartolomé Núñez de Villavicencio que formó a su alrededor otro grupo clientelar leal a su figura.

A través del clientelismo, los diferentes linajes jerezanos fueron agregados a la red de influencias de los señores castellanos que tenían su interés puesto en nuestra ciudad y ello permitió, por un lado, que algunos individuos de nuestra ciudad destacaran sobre el resto y que la localidad se integrara en las luchas de poder y en los conflictos que marcaron al Reino de Castilla a lo largo del siglo XV.

Bibliografía

Cruz Mariño, Enrique. Jerez de la Frontera en el contexto castellano durante el reinado de Enrique IV: la lucha por el poder. En 750 aniversario de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla: 1264- 2014. 2014.

Fernández Truan, J.C & Fernández Fuster, J.M. Génesis de los Juegos de Cañas como juegos de combate. En X Congreso Internacional de Historia del Deporte. Universidad Pablo de Olavide. 2005. Sevilla. 

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