"Tanto José Pallarés como Amalia Vilches se han dedicado a la enseñanza y a la escritura”, nos recordó Josefa Parra, que coincidió con ellos en la UNED. Amalia Vilches hizo hincapié en algunos aspectos de la biografía del autor. Además de catedrático, director de instituto y profesor, José Pallarés “ha sido un investigador incesante y un creador”. Destacó varios ensayos del autor, como León de Arroyal o la aventura intelectual de un ilustrado o El ensayo español: de Jovellanos a Larra, entre otros, trabajos que Amalia Vilches ha utilizado en su labor profesional. Pallarés también ha editado obras clásicas: Don Álvaro o la fuerza del sino, Conversaciones de Ulloa con sus hijos en servicio de la marina, Guzmán el Bueno, La leyenda del rey don Rodrigo, El abencerraje y la hermosa Jarifa. En el ámbito de la creación poética, Claro del tiempo, publicado por Esdrújula Ediciones, es su tercer libro. Sus dos poemarios anteriores son Cuadernos de arena (Colección "Genil de Poesía", 2008), y Cuaderno del cerco de Lisboa (Ed. Dauro, 2015). Amalia resaltó algunas palabras de los críticos sobre estas dos primeras obras. El primero es “una indagación de la sustancia del silencio, unida a la voluntad de decir lo que quiere decir sin aspavientos”. El segundo “es un doble cerco amoroso en el que la ciudad y la mujer amada se funden en un abrazo cómplice”. Algunos de sus poemas han aparecido en obras colectivas: 40+4 años de “Tigres en el jardín” (Sevilla, Point de Lunettes, 2012), Concierto poético para San Juan de la Cruz (Málaga, Centro de ediciones de la Diputación de Málaga, 2016).Claro del tiempo, según el poeta José Carlos Rosales, autor del prólogo, “podría haberse titulado Cuaderno de tiempo (o Cuaderno del tiempo), pues de alguna manera no es otra cosa que eso, una colección ordenada de poemas que giran de un modo u otro alrededor de una indagación personal sobre el tiempo vivido, el único tiempo real de que disponemos, un tiempo que solo permanece vivo si se desaloja la vieja rutina de la tristeza y es capaz de retener el dulzor de las flores, es decir, la vivencia fundacional de la belleza o el placer”. Para Amalia Vilches, en los libros de Pallarés “hay una poesía que casi se transparenta, una palabra pura, de una sencillez aparente”. En este último, “el poeta esboza, enmudece para dejar que el lector investigue en lo que su voz sugiere, el valor simbólico que deberá encontrar en cada palabra trascendida, lo que hay más allá de su carácter denotativo”. Es un libro que habla del tiempo, desde la nostalgia, pero desde el amor a la vida y al tiempo presente. José Pallarés nos habló en primer lugar de la edición del libro. Y destacó las ilustraciones de la pintora granadina Elena Laura. El título del poemario hace referencia a los versos de García Lorca “Me senté / en un claro del tiempo”, (Claro del reloj, de Primeras canciones).  En el libro hay pocos poemas, veinticinco, porque un libro debe tener unidad, “no debe ser una simple gavilla de versos, y no debe sobrar ningún poema”. Los poemas giran alrededor de dos ciudades: Granda, donde nació el poeta, y Besançon, ciudad francesa en la que residen su hija y su nieta. Son los dos espacios y los dos tiempos poéticos del autor. En la primera parte está su infancia y su juventud, y en la segunda está la infancia de su nieta Candela: “son dos vueltas a la infancia”.A través de las preguntas de Amalia Vilches, el poeta fue desentrañando el significado de los poemas. Algunos hablan de los patios de la infancia en Granada, de los miedos, de la mirada del Cristo de piedra, de los jardines y de los placeres, de las tardes en la biblioteca, de las primeras lecturas, del fluir del agua o del consejo de su tío de Conil: “huye de la rutina de la tristeza”. Otros poemas tratan de acontecimientos sociales y políticos, sucesos que marcaron a los jóvenes de los años setenta: huelgas, encierros, represión, muertos… A lo largo del libro hay “dos personajes poéticos”, el de la infancia-juventud y el de la madurez. “Los poemas intentan captar el tiempo existencial, no el tiempo que marcan los relojes”, en un libro que transcurre “entre el rumor del agua y el rumor del viento”. Y hay intertextualidad, citas a sus poetas de referencia integradas en los versos.  

        Jardincillos

Los que serían más tarde refugio para besos

furtivos en la noche eran tan solo entonces,

a  las tres de la tarde, espacio luminoso

sin sitio para nada que no fuera la vida.

Era aquel un espacio vedado a los mayores.

Lo miras y sonríes. Tú ya no puedes verlo.

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