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El profesor de la UCA Alberto Romero Ferrer publica un ensayo cultural y sociológico sobre la genial artista paralelo a una radiografía de España desde la posguerra hasta la democracia.

María Dolores Flores Ruiz no quiso ser una más. Desde que debutó a los 16 años en el Teatro Villamarta hasta que murió a los 72 años, hace ahora algo más de dos décadas, esta mujer arrolladora, esta artista poliédrica e inclasificable, no paró hasta dejar una enorme huella en el imaginario colectivo. “Ha sido de las figuras artísticas más importantes de la España del siglo XX”. Quien lanza la afirmación es Alberto Romero Ferrer, profesor titular de Literatura Española de la Universidad de Cádiz y autor de Lola Flores. Cultura popular. Memoria sentimental e historia del espectáculo (Fundación José Manuel Lara). Premio Manuel Alvar de estudios humanísticos 2016, hay que dejar claro desde el principio que más que ante una biografía de la genial artista, estamos ante una suerte de tesis que aleja a Lola Flores de la Faraona-personaje y la acerca a su dimensión artística y sociológica más allá de los tópicos.

“Se trata de un trabajo de investigación, de una reflexión académica, en torno a Lola Flores, y se ha planteado exactamente igual que si fuera una tesis doctoral o un formato de ensayo académico”. Romero Ferrer asegura que ha partido de la necesidad de huir de ese personaje tan mediatizado por sus últimos años en televisión y en la prensa rosa, “con un anecdotario bastante simpático”, para acercarse a “una artista de considerable talento que puede quedar ensombrecida por esa imagen más superficial”. En esta memoria sentimental no hay sitio para los ‘si me queréis irse’ o ‘si todos los españoles me dieran una peseta…’. En este ensayo podrá conocer o reconocer a una Lola “profunda, a una artista con mayúsculas. Que levanta pasiones. Y que además era mujer, artista en los años 40, y que reivindicaba lo gitano —sin serlo— y lo flamenco en unos años en los que todo eso se veía muy mal”.

—¿Cuál cree usted que ha sido la dimensión y el eco que ha dejado Lola Flores?

—Ha sido, creo, de las figuras más importantes de la España del siglo XX. Primero, por el calado de su arte; y segundo, por su alcance popular. Lo que ella hacía llegaba a todo el mundo, no era algo que se movía solo en la elite cultural o en los sectores más bajos, sino que su público conformaba un espectro social que era prácticamente el 100% de los españoles y españolas de los años 40, 50, 60… 80 y 90.

—Siempre sobrevuela entre los aficionados y expertos aquella sentencia lapidaria de un crítico de Broadway: "No sabe bailar, no sabe cantar pero no se la pierdan". ¿Pudo hacer que se le tomara menos en serio?

—Hombre, creo que como reclamo publicitario está muy bien pero tampoco es del todo cierta la frase porque como bailaora flamenca fue extraordinaria: el movimiento de sus brazos, de la bata de cola… Es excepcional. Y cantando también lo es. Lo que sí es cierto es que ni cantando ni bailando pertenece a ninguna escuela, ni se puede identificar con determinados palos flamencos, sino que es una interpretación de la estética flamenca llevada a una expresión extremadamente libre, muy difícil de encasillar Lo que yo creo que caracteriza todo su arte, más que el cante, el baile…, es la extraordinaria expresividad que ponía en todo ello. Y eso es algo que se observa de manera muy evidentemente en sus interpretaciones de la copla o en el cine, especialmente en los últimos años.

Alberto Romero Ferrer se ha pasado años investigando y escrutando la figura de Lola Flores. Cuando se refiere a ella en la entrevista, como habrán podido leer, a menudo lo hace en presente. Como si Lola nunca se hubiese ido de este mundo. El libro cuenta con 371 páginas y se divide en cuatro partes cronológicas que relatan la vida y la obra tan intensa de la genial artista. De las raíces de Lola en San Miguel en 1923 y 1938, criada humildemente por una madre costurera y un padre tasquero, a su salto a los escenarios en la posguerra (1939-1949). De los locos años 50 de viajes a América y las películas en color (1950-1974), hasta la transición y la democracia. Como recuerdan la crónicas de la presentación del libro, esta estructura narrativa fue la que el jurado del premio Manuel Alvar consideró "una radiografía sociológica de España".
—¿Es un error confundir o mezclar copla y folklore con franquismo?

—Creo que la copla se ha identificado siempre con el franquismo y eso es algo erróneo porque la copla nace precisamente en los años de la Segunda República —la copla es muy republicana en sus inicios, insiste—, aunque sí es cierto que en los años 40 y 50 formaba parte del acervo cultural de este país, de las maneras de entretenimiento, que está dentro de una especie de franquismo sociológico. Pero de ahí a decir que la copla y las folclóricas, y Lola Flores con ellas, eran franquistas me parece que es una cosa muy desproporcionada. Cuando muere Franco hay que buscar un culpable, y en ese momento parece que la copla y Lola Flores son un chivo expiatorio, como si todos los males del franquismo se concentraran ahí. Eso me parece tremendamente injusto.

—Algunos artistas se han empeñado en librarla de caspa y prejuicios en los últimos tiempos.

En los últimos años hay una especie de revival del mundo coplero. Por un lado sí hay un resurgir de mucha calidad en artistas como por ejemplo Miguel Poveda o Estrella Morente, hay una continuidad y una madera de artistas, recogiendo el testigo, pero también al lado de eso hay otro tipo de revival auspiciado por concursos y programas de televisión, que tienen su interés, pero que me parecen un poquito de cartón piedra, demasiado impostados, y no ayudan para nada a la consideración estética de un mundo tan importante de la cultura popular española como es la copla. El mundo de la copla, hay que tener en cuenta también, tiene unas coordenadas diferentes. Hoy en día el contexto no tiene nada que ver con la España de esos años 40, 50 o 60".
Manuel Vázquez Montalbán, Terenci Moix o Francisco Umbral son solo algunos de los escritores e intelectuales que han contribuido a que figuras tan controvertidas como las de Lola Flores hayan sido dignificadas a lo largo de los años. Hace unos cuantos se invistió como doctor honoris causa del Berklee College de Boston a Paco de Lucía y el objetivo de este trabajo de Romero Ferrer era que Lola Flores “también entrara en la universidad”. “El flamenco afortunadamente ha entrado, aunque ha costado mucho trabajo porque todo esto se ha visto siempre como un subproducto, una subcultura, y eso son prejuicios que nacen de la ignorancia y el desconocimiento”. Hace poco, por ejemplo, un actor como Antonio Banderas fue también distinguido con esa condecoración en la Universidad de Málaga. “Hombre, es un actor extraordinario pero no tiene la dimensión social, cultural, antropológica, desde todos los puntos de vista, que tuvo un persona como Lola Flores, que además es mujer, que se hace artista en los años 40, que apuesta por reivindicar lo flamenco y lo gitano en unos años donde todo eso se veía muy mal. Aportó mucho”.

"Ella reivindicaba siempre sus raíces jerezanas, eso era algo que ella llevaba muy a gala"

—¿Hasta qué punto?

—Lola Flores tiene mucho que ver con lo que son las raíces de la cultura española, en relación con el flamenco, el baile, la rumba… En fin, todo lo que ella aportó al mundo del espectáculo en la posguerra, en el aperturismo de los 50 y en la transición. Hablamos de una figura que recoge el testigo de la España flamenca de antes de la Guerra Civil y lo actualiza después de ésta. Es un mérito, no es ella la única, pero sí es la más importante. Es un pilar de nuestra cultura popular reciente, levantaba pasiones no solo en España sino también en Estados Unidos e Hispanoamérica, aunque también es cierto que ella fue su peor enemiga.

—¿Cuánto le debe Jerez a Lola Flores? Siempre ha habido un runrún en la ciudad de que Lola llegó a renegar de su tierra.

No, no, eso es una cosa completamente incierta. Eso no es cierto, entre otras cosas, porque en las canciones que servían para abrir sus espectáculos ella reivindicaba siempre sus raíces jerezanas, eso era algo que ella llevaba muy a gala, igual que llevaba muy a gala su gitanismo impostado. Presumía de Jerez, de orígenes humildes y de ser gitana sin serlo porque había nacido en el barrio de San Miguel. Para triunfar no tiene más remedio que irse a Sevilla y después a Madrid, quien quería hacerse un nombre tenía que salir de Jerez, pero eso es verdad que es una leyenda a la que no le doy la más absoluta credibilidad. No he encontrado ninguna evidencia ni ningún testimonio, eso está muy claro en su trayectoria, en sus coplas, en su cine… Creo que la ciudad de Jerez tiene que reconocer su talento con hechos.

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