Little: un niño grande, un adulto pequeño

El cordobés ha logrado, en apenas cinco años, ser uno de los artistas con mayor proyección del país, a través de su imaginario de amor y cuidados, que lo llevará próximamente a México, Gran Bretaña e Italia

Pablo Rodríguez, 'Little' en el mundo artístico, en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla.
Pablo Rodríguez, 'Little' en el mundo artístico, en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla. MAURI BUHIGAS

La historia de este pequeño gran hombre comienza en un pueblo de 4000 habitantes de la subbética cordobesa. Pablo Rodríguez –conocido en su faceta artística como Little– nació en Doña Mencía en 1989 y aunque siempre fue inquieto y curioso, nunca creyó que “tuviese algo que contar”. Todo cambió cuando en la época del instituto le dio “el nervio” por coger cámaras de fotos. A partir de entonces planteó en casa que su camino no iría por ciencias –su padre es médico–, sino que buscaba algo creativo que tuviese salida profesional: se decantó por la carrera de comunicación audiovisual. Esta decisión abriría a Pablo las puertas de un nuevo mundo, ese que siempre ansió y para el que fue paciente. Málaga fue un despertar y allí comenzaría sus estudios en 2006.

“Mi padre me felicitó por haber tenido la valentía que él no tuvo para desarrollar su faceta artística y me regaló su cámara analógica de cuando era estudiante, una Pentax que todavía conservo”, cuenta Pablo sentado al sol de mediodía en los jardines del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla (CAAC). En aquel contexto de libertad, Pablo salió del armario a todos los niveles: “Normalicé quién era yo sin tener que justificarme con nadie”. Y a las dos semanas ocurrió la primera mágica casualidad en la cafetería de la facultad. “Tecla Lumbreras, icono vivo del mundo del arte, me preguntó si podía sentarse conmigo, y en esa primera charla montamos la Semana Cultural de la facultad y poco tiempo después habilitamos el espacio que se convirtió en la Galería Central que actualmente sigue en activo”, comenta este artista al que difícilmente se le desdibuja la sonrisa.

Tecla se convirtió en su mentora y siempre le dijo que "había algo más en él que todavía no conocía". Desde que montó la galería no paró quieto, en su ímpetu por aprender y ayudar a artistas jóvenes a organizar sus exposiciones. En un primer momento se decantó por la gestión cultural y en su año de Séneca tuvo la oportunidad de hacer prácticas en La Fresh Gallery. “Para mí fue muy importante tener de jefa a Topacio Fresh, porque aprendí otro modo de hacer marketing cultural y me di cuenta de que la solemnidad que se le quiere dar a veces a la cultura no era necesaria”, explica. Durante su estancia en Madrid no le quitó el ojo al sur. “Organizaba exposiciones en Sevilla y finalmente decidí hacer el posgrado de gestión cultural de la Confederación de Empresarios de Andalucía”. La vida en la capital hispalense era eso que pasaba entre el máster, su trabajo en una tienda de ropa y la organización de expos durante los fines de semana.

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Little posa para la entrevista.   MAURI BUHIGAS

Terminada su etapa formativa, se implicó más en la tienda de ropa al tiempo que se incorporaba al departamento de producción de una agencia de comunicación. En 2014, fruto de otra mágica coincidencia, conoció a Mamen en un concierto de Martirio en el Nocturama, con la que montaría Crótalo y Triángulo, “dos alter egos inventados para organizar saraos y exposiciones”, que finalmente se convirtieron en una empresa de gestión cultural. En esa época también comenzaron a dirigir la muestra de arte contemporáneo DMencia en Doña Mencía, pueblo natal de Little. Pero la vida llevó a Pablo y a Mamen por caminos distintos. Era 2017 cuando el cordobés seguía compaginando numerosos trabajos, entre los que destaca el de producción y protocolo de artistas con Spyro Music. De hecho, admite que "llevaba demasiadas cosas para delante". 

Dos perros, un accidente y la magia…

Un percance cambió la vida de Pablo hace cinco años. “Mi ex y yo teníamos la custodia compartida de dos perros y uno de ellos necesitaba una operación enorme como consecuencia de un accidente”, relata. Al no tener dinero suficiente, Pablo tiró del ingenio que le caracteriza, abrió sus cuadernos de dibujos y creó una carpeta en su perfil de Facebook titulada ‘Estos dibujos son míos, pero prefiero que los tengas tú’. Los puso a la venta por 10, 15 y 20 euros con el fin de recaudar el dinero para costear su parte de la operación. “La gente me los compró a mansalva y de repente me escribieron de la revista AD para incluirme entre las 10 recomendaciones del año”, recuerda ilusionado.

El síndrome del impostor se apoderó en ese momento de Pablo, quien llamó a su padre para comentarle la propuesta. "Llevo muchos años trabajando para artistas y sé lo sacrificado que es este mundo, no veo justo que en dos semanas que llevo enseñando mis dibujos me seleccionen para esto", le dijo. Y su padre le replicó: "Independientemente de si te fueras a dedicar, o no, a la ilustración, siempre has creído en tu intuición y ese ha sido tu mejor seguro en la vida. Es un poder creer en uno mismo", rememora el hijo. Aquellos dibujos que Pablo sacó de sus cuadernos ilustraban lo cotidiano, su día a día, vivencias de amor y desamor, dudas, miedos, sensaciones y diversión, y todo "sin pretensión alguna, cero planes", advierte. "Justo estábamos disolviendo Crótalo y Triángulo, y me empezaron a salir encargos y trabajitos... A partir de entonces sentí que no había sido más feliz en mi vida", revela el artista cordobés, que en apenas cinco años se ha ganado un sitio en los corazones –a veces partíos– de los amantes del arte y la magia, además de conseguir presencia en galerías internacionales, publicar un libro, ser ilustadror de cabecera de un periódico de tirada nacional o crear un icono pop: la tirita.

El libro de ilustraciones de Little junto a un ejemplar de la icónica tirita, que se ha convertido en un amuleto para muchas personas.
El libro de ilustraciones de Little junto a un ejemplar de la icónica tirita, que se ha convertido en un amuleto para muchas personas.   MAURI BUHIGAS

Tu obra alberga ternura, cariño y amor del bueno. Buen momento para repartir estos sentimientos, ¿no crees?

Mi arte siempre ha sido así. Cuando me dicen que soy algo ñoño, admito que en lo superficial sí, pero no todo viene del enamoramiento y de la idealización del amor, sino que hay dibujos que vienen de auténticos batacazos y sensaciones sórdidas. Mis dibujos han canalizado sentimientos, me han servido para entenderme y para entender a los demás. Es un tópico, pero a mí me colocó en el mundo. Nunca me había sentido más feliz ni más centrado que cuando empecé a sentarme cada día a dibujar. El dibujo hermetiza mis pensamientos y vivencias, y acabo haciendo algo constructivo en positivo. Todo mi trabajo tiene que ver con mi vida, y la vida no es un camino de rosas por mucho que digan. De repente llega la pandemia y yo había dibujado una tirita...

¿Qué simboliza esta tirita?

Es mi icono reconocible. Cuando estaba trabajando en la tienda, hubo una persona que me hizo muchísimo daño y dibujé esa tirita cruzada con un corazoncito en el centro mientras escribía mantras diciéndome que me iba a curar, que me iba a poner bien y que todo iba a pasar. Cuando la dibujaba cien veces me ponía mejor. En el cuaderno de ventas me la ponía una y otra vez. Ese dibujo lo aparqué y siempre lo descartaba en mis exposiciones porque implicaba la rotura máxima. No quería mostrar esa vulnerabilidad, me parecía demasiado. Cuando hice la expo en Berlín me preguntaron que cómo era capaz de desnudarme tanto delante de gente que no conozco, y respondí que al final todas las personas sentimos cosas parecidas. No somos tan especiales, no me estoy inventando nada, son sentimientos universales.

Con la tirita no quería llegar a sentirme incómodo por enseñar algo de lo que todavía no sabía si estaba curado del todo. Tiempo después, una amiga me animó a enseñarla y fue un boom: no he vendido un dibujo tan rápido en mi vida. Es una herida compartida. El dibujo ha tenido su trayectoria. La primera vez que lo mostré fue en una expo de un bar y se vendió muy bien. Luego lo metí en unas totebags, aunque no lo tenía claro del todo. Después empecé a hacer cerámica y mi amiga Virginia me propuso la idea de hacer el molde en cerámica, pero tampoco lo veía claro. Y un día llegué al taller y me había hecho un prototipo de la tirita. Entonces mis amigos de Lugaderos la vieron y me dijeron que era un amuleto, que lo cuidase mucho.

De repente la tirita se convierte en un icono para la gente. De hecho, participé en Ilustrísima, el salón del dibujo del museo ABC y gané entre miles de portfolios. Inmaculada Corcho, directora del museo ABC, se sentó conmigo y me preguntó si era consciente de que había dibujado un icono, al nivel del logo de Nike. Tanto es así, que he conocido a la chica que le ha producido el documental a Alejandro Sanz y le han hecho llegar a su equipo de prensa la tirita y el libro, porque compartimos aquello del corazón partido y de mi persona favorita. Fue una sorpresa, ya que no tenía ni idea. A partir de ahí empecé a producir la tirita en mayor cantidad, en joyas, camisetas, bolsos... Y llegó la pandemia. Yo tenía pensado que 2020 iba a ser el año de recoger todo lo sembrado, pero vi cómo se me cancelaba la agenda de un año en cuestión de días. Por otro lado, los primeros días de confinamiento me empezaron a llegar fotos de mis tiritas impresas en las taquillas de los sanitarios y las sanitarias que me seguían, en las mesitas de noches de las personas enfermas... Se había convertido en un lema.

Entonces, ¿se puede cuidar a través del arte?

Creo que sí. Podemos cuidar de cualquier forma, desde dándole los buenos días a la mujer encargada de limpiar tu bloque, hasta dibujando las emociones. Siento que todo lo que he estudiado en mi vida me ha servido para desarrollar un lenguaje. Sé contar cosas de una manera concreta y sé también que mis dibujos llegan y cuidan. Si alguien regala mi tirita a otra persona, está regalando un cuidado. Luego cada uno interpreta la tirita como quiere, hay quien la ha utilizado para dejar a su pareja. Y lo sé porque mucha gente que me la compra después me lo cuenta. Tengo muchas conversaciones con mis seguidores, es ahí donde le encuentro sentido a mi trabajo. Mis dibujos son adaptables a lo que necesita cada persona. También he visto a parejas empezar a través de menciones en mis post... (ríe).

Little en un momento de la entrevista.
Little en plena charla con lavozdelsur.es.  MAURI BUHIGAS

¿Cómo definirías tu trabajo artístico?

En mi dibujo hay poca técnica y mucha intuición. Creo que esa es la base: saber escuchar, que te sepan oír y oler las cosas.

¿Hay algo de activismo?

Hay activismo todos los días. Cuando abrí mi estudio al público acababa de entrar Vox en las instituciones andaluzas y puse un banderón del orgullo en la puerta que todavía sigue ahí. En una entrevista dije que la gente que vota a la ultraderecha no era bienvenida en mi casa, retomando el discurso feminista de los 70 de "lo personal es político". Yo voy a todas las exposiciones con mi pareja de la mano, venga quien venga, ese es el activismo del día a día. El activismo está en que tu vecina sepa quién eres y te respete. Hacemos activismo estando, sin dar un paso atrás. Cuando hice el cartel del Orgullo de Sevilla del año pasado dibujé a una comunidad que se abraza. La primera vez que fui a un Orgullo fue al de Madrid y me sentí así, arropado al ver tantas personas como yo. Sentí que pertenecía a una gran familia.

Oye, ¿por qué Little?

Porque soy el pequeño de tres hermanos y uno de ellos me decía  "el pequeño" o "el little" en inglés. Un día firmé como Little y empecé a dibujarlo muchas veces en un folio. Me pareció muy guay la idea de considerarme pequeño, porque el mundo es inmenso pero yo estoy cuidando de lo mío. Soy un niño grande o un adulto pequeño. Esa hibridación, que es como una burbuja o un caparazón, es mi universo y me sirve para no estar en una única realidad y jugar como quiera.

Como gestor, ¿podrías hacer un pequeño diagnóstico cultural de Sevilla?

Yo no me he ido de aquí porque vi cómo iba efervesciendo todo. Un amigo me enseñó que Sevilla era una ciudad con un montón de luces, pero que no estaban bien conectadas. Hay mucha gente increíble trabajando y creando en esta ciudad. Lo que más me gustaba cuando montaba exposiciones era juntar a un punki de La Alameda con una pitita con el pelo cardado, y que todos hablen con todos y se lo pasen bien. Eso pasa en Sevilla, existen sinergias. Es una ciudad que reúne muchísimas condiciones para crear con tranquilidad y alegría. He tenido oportunidades de irme a Madrid, pero quiero seguir viviendo en la ciudad donde soy tan feliz. Me parece un cierto activismo, porque sigue habiendo un complejo de inferioridad por la provincia y la periferia. Si me voy a Madrid que sea porque me apetece y no por imposición, ya que no tengo por qué estar viviendo en Malasaña para hacer cosas creativas para gente de fuera.

Y reconozco que me da pena que en todo este despertar de conciencia andaluza, con la que me siento súper identificado, mi trabajo no esté vinculado a lo geográfico o a la idiosincrasia andaluza, aunque siempre reivindique lo de artista andaluz. Siento no estar más implicado. No obstante, hay muy buen músculo artístico a nivel andaluz y me siento orgulloso de ello.

¿Cuál crees que ha sido la clave de tu éxito?

Hay algo que me molesta un poco y es cuando me felicitan diciendo que "qué suerte tengo". Precisamente por eso estoy empezando a enseñar el callo que tengo de dibujar, porque esa es mi verdadera suerte. Hay un factor suerte, no lo niego, pero creo que es parte de mi esencia, ya que todo lo que he estudiado me sirve ahora: comunicación audiovisual, gestión cultural, exposiciones, medios comunicación, agencias de publi… Cuando soy consciente de lo que hago intento enseñarlo de la mejor manera posible, contarlo de la mejor manera posible…  Al principio dejé todos mis curritos y con los pocos ahorros que tenía me puse a dibujar ocho horas diarias e incluso por las noches. Meses de arroz, espaguetis y salchichas de bolsa. Esprinté para conseguir un hueco en esta industria y le perdí el miedo al no, porque al principio me encontré con muchos yendo puerta por puerta a ensañar mis porfolios.

No infravaloro a ningun artista que tenga éxito, porque no tenemos ni idea del trabajo que hay detrás. Mi pretensión era tener un sueldo y lo conseguí al año. Perseverancia, trabajo duro, mantener la cabeza clara y ser fiel a lo que soy: muy curioso en la vida y proponerme retos. De pequeño jugaba a un juego con mi padre en el que él me decía: "No te preocupes, porque yo creo en ti". Y yo le contestaba: "¡Y soy gigante!". Así le perdí miedo a las cosas. Y hace poco también me dijo que se sentía muy orgulloso de mi por haber creído en mí cuando nadie lo hacía, que había sido valiente todo el rato. Para mí ese es el mayor éxito, que mi familia me apoye y que esté orgullosa de mí.

En el último año y medio hay cosas que se me escapan, por ejemplo de anonimato. Siempre he trabajado en una esquina de mi casa de cara a la pared y solo tenía un día de brillar, que era cuando exponía. Por eso hay parcelas de mi vida que no voy a compartir aunque tenga mucha interacción en redes sociales. 

La tirita se ha convertido en un amuleto para muchas personas del mundo.
La tirita se convirtió en icono para muchas sanitarias y sanitarios durante el confinamiento. MAURI BUHIGAS
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Pablo, en uno de los espacios más visitados del Centro de Andaluz de Arte Contemporáneo. MAURI BUHIGAS

¿Son las redes tu mejor galería? Ya que tienes bastantes seguidores...

Digamos que mi mayor escaparate he sido yo mismo. Con Di Gallery voy a mi primera feria de arte como artista, el próximo mes de julio en Madrid. Ellos hacen una labor de desarrollo de mi carrera artística y vamos a firmar un contrato de representación. Me cuidan y nos ayudamos, estoy muy agradecido. Las redes ocupan mucho tiempo y hay días en los que no dibujo porque he tenido muchísimas labores de gestión. Ahora tengo una ayudante contratada que me echa una mano en logística del estudio, recados, tienda online, montajes... Ha sido de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, porque solo no podría.

Dejas tu local de calle Correduría. Cuéntame sobre tu nuevo espacio.

Quiero convertirlo en mi casa, en una mini factoria donde estemos mi empleada y yo haciendo proyectos. Funciono como un estudio, más que como artista. Y llegará un momento en que necesite manos expertas en otras disciplinas, porque quiero que mi universo se pueda expandir en otros formatos y técnicas. Ahora, por ejemplo, estoy haciendo esculturas y para eso necesito más espacio.

¿En qué andas metido ahora? ¿Algún trabajo que quieras destacar?

Este año inauguro una exposición en una galería en México, otra en Londres y voy a dar una charla sobre creatividad y diseño en el Museo Roveretto de Italia. También tengo prevista una colección con el departamento de I+D de Movex, la industria de pieles de Ubrique, con la que me he comprometido a que sean todas ecológicas. Hay un boceto de libro... Además, estoy muy agradecido de los pedidos que hacen en mi tienda online desde Japón, Estados Unidos, Argentina..

De mis trabajos destacaría La montaña rusa, mi última exposición en Di Gallery, ya que ha sido una ruptura con la exposición de dibujo en blanco y negro. He intervenido un espacio, he generado una escultura en una instalación enorme, he metido colores… Básicamente he reflejado mi estado anímico durante un año. La Montaña Rusa es un sentimiento compartido y Di Gallery un espacio donde compartir mis vivencias con las personas a nivel emocional y profesional. Recuerdo con mucho cariño mi primera portada en El Cultural de ABC –hace un año y medio con Gaudí– había hecho dibujos para El País y El Mundo, pero ahora soy dibujante de cabecera de ese periódico.

A parte estoy haciendo esculturas, joyas y cerámica. También he colaborado en varias colecciones de ropas para niños con Motoretta Sevilla. Todo se puede dibujar y eso me divierte mucho. He querido adaptarme a los tiempos actuales con el transmedia, el formato digital y la generación Z. Me parece aburridísimo pensar en mis dibujos como meros cuadros u obras de arte para una cosa concreta.

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Little, posando para lavozdelsur.es.  MAURI BUHIGAS

¿Hace falta entonces más magia que nunca?

Nos hace falta buscar la luz donde sea. Me aferro al paisaje de lo concreto, por ejemplo, que hayan vacunado a mi abuela. Tenemos un futuro bonito, pero debemos saber arreglar nuestra parcela. De la pandemia he aprendido ciertas cosas y pensé que a nivel social y comunitario la gente también aprendería, pero está visto que no. Aunque hay una parte que sí se ha concienciado. No sé cuánto asociacionismo ha surgido de este contexto ni cuánta ayuda, pero tengo la certeza de que habido un consumo de cultura por necesidad. Sin embargo, ha sido de los sectores más damnificados. Gran parte de la sociedad está despierta y en lucha. Espero que el resto se dé cuenta.

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