Durante la Feria del Libro asistimos a un desatado gusto por vender libros y dejarnos comprar. Cada tanto, sufrimos esta fiebre consumista muy del gusto del vulgo. 

Durante la Feria del Libro asistimos a un desatado gusto por vender libros y dejarnos comprar. Cada tanto, sufrimos esta fiebre consumista muy del gusto del vulgo. Que decir tiene que tanto en prensa como en radio, la propaganda es perfecta. Y, cómo no, se publican interesantísimas reflexiones de importantísimos todólogos.

El pasado 22 de mayo Rafael Méndez escribía en El Confidencial: "En España ser un escritor reconocido no implica vender libros. Al menos no los suficientes como para vivir de ello. El sector editorial, inmerso en una precariedad galopante, está plagado de autores que venden solo unos cientos o escasos miles de ejemplares". Más abajo, sumaba: "El resultado es que el poeta Defreds, famoso solo en Twitter, donde cosecha 159.000 seguidores, ha vendido desde 2015 tanto como Luis García Montero en lustros".

Que su firma sea un nick tuitero te lo dice todo sobre este tipo. La industria editorial y la literaria siempre han sido cosas distintas. De todos modos, trabajan muy mal y los autores suelen ser muy vagos. Es más, si algo hacen bien los chicos jóvenes es convertirse todos en reclamos publicitarios para posados de it girls en Instagram. Así se vende mucho más. Por otro lado, si focalizamos en poesía, habría mucho qué analizar figuras consolidadas como García Montero. No creo que el poeta granadino o Luis Alberto de Cuenca se preocupen en demasía por esto. Ni que decir tiene si significa algo. ¿Acaso a menos talento más seguidores? Puede ser. Sin embargo, en mi opinión, no debe inquietar cuánto venda un tuitero o una influencer.

Pues bien, en esas andábamos cuando el escritor Manuel Vilas escribe en El País: "¿Por qué la poesía ha acabado en la irrelevancia social? El género mayor de la literatura lleva tres o cuatro décadas contemplando la espalda de los lectores, de los libreros y de los medios de comunicación. Una espalda infinita. Bien, pues parecía que la poesía se había muerto y de repente ha resucitado. Ha resucitado en los libros de más de una docena de poetas jóvenes, que han logrado el milagro de que sus libros ocupen los lugares que las librerías reservan para los best sellers. Es lo que se conoce, en su definición más acertada, como poesía juvenil, poesía destinada a adolescentes, hija de las redes y de ­Twitter. Es tan grande el milagro que me niego a entrar en la discusión de si esa poesía tiene o no tiene calidad literaria".  

Da risa que un señor reputado escriba estas gansadas. Es como comparar a Justin Bieber con Frank Sinatra o a los Jonas Brothers con The Beatles. Son ganas de tomarnos el pelo. Lengua de trapo o sopa de gansos. Extrapolar figuras pasadas con las presentes es de una ignorancia supina. O, más bien, una extravagante gracia para rellenar un artículo. Atentos al final: "Claro que si resucitara Cernuda y fuera a firmar a la Feria del Libro de Madrid y le tocara firmar al lado de algún ídolo de Twitter o de la poesía juvenil, y contemplara las colas de adolescentes reclamando la firma de su compañero de caseta, volvería a odiar a España y a la ignorancia devastadora de este país nuestro con renovada y actualizada pasión. Y, por supuesto, tendría toda la razón del mundo". Verdaderamente fantástico. Feria de las vanidades, fenómeno fanático y análisis tuiteros. Feliz semana.

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Daniel Vila

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