'Las actrices secundarias', de Purificación García

El texto está escrito con tanta delicadeza y sensibilidad que consigue que el lector comprenda todas las situaciones de las víctimas

La escritora Purificación García con su libro 'Actrices secundarias' en una foto de archivo.
La escritora Purificación García con su libro 'Actrices secundarias' en una foto de archivo.

Actualmente se está debatiendo mucho sobre si existe o no una literatura específica femenina. Una buena parte de escritoras, entre ellas Ana María Matute, lo niegan. Sin embargo, la polaca Magda Potok, maestra y doctora en Filología Hispánica por la Universidad Adam Mickiewicz de Poznan, Polonia, en su libro “El malestar. La narrativa de mujeres en la España contemporánea” lo afirma.  Esta filóloga nos describe las características principales de este modo de escribir y todos encajan en la manera de contarnos sus relatos Purificación García.

En primer lugar, debe de haber un cierto discurso autobiográfico, y en Actrices secundarias eso se produce, especialmente en el relato El cuarto de las ratas, aunque también en otras narraciones del volumen se dejan caer algunos toques de su experiencia vital.

En segundo lugar, es necesario una gran presencia de lo cotidiano. Eso efectivamente ocurre en sus historias, que nos hablan de abundantes relaciones amorosas fallidas. En concreto, muchas de ellas resaltan aspectos negativos del matrimonio, describen casos y exponen experiencias dañinas y perjudiciales de los personajes.

En tercer lugar, es preciso que se narren relaciones entre madres e hijas. Y en el libro la presencia de la madre, como una guía en la que se refleja la autora, es constante. Ella le transmite consejos mayoritariamente amorosos y, a veces, también, incluso molestos, como buena y experimentada asesora.

En cuarto lugar, la necesidad de situarnos en espacios cerrados. Y efectivamente, la mayoría de los escenarios se emplazan en el hogar, por lo que las acciones discurren principalmente en ese cosmos intimista. Incluso cuando sale un personaje a la calle, enseguida se encierra entre cuatro paredes, bien sea en una cafetería, en un internado, en un coche o en su domicilio, como si fuesen casillas de protección de un juego de mesa donde resguardarse de la angustia, un refugio seguro para no ser comido por las otras fichas.

Purificación, en este precioso libro, nos presenta un universo complejo y silencioso de la mujer. Ese mundo interior lo va exponiendo a la luz con desparpajo, con una mirada distinta y una voz propia muy empática e inocente, pero a su vez inteligente. Ella nos deslumbra con el perfecto manejo de su inteligencia emocional que debería ser extensible a todo ser humano. Como diría Alice Munro, la canadiense que fue premio nobel de literatura en 2013: “Solemos decir que hay cosas que no se pueden perdonar o que nunca podremos perdonarnos. Y sin embargo lo hacemos, lo hacemos a todas horas”

El texto está escrito con tanta delicadeza y sensibilidad que consigue que el lector comprenda todas las situaciones de las víctimas. Así, los personajes en este libro están tratados con total exquisitez y deferencia. Por eso, al avanzar las páginas, el lector percibe que esos individuos son descritos con indulgencia, tanto en sus actitudes como en sus miserias. Para Purificación, no hay verdades absolutas, para ella no existen personas completamente buenas o malas. No hay esa dicotomía tan marcada socialmente, ni esa polarización tan extrema.

Asimismo, la temática recurrente, el maltrato, el abuso, la agorafobia, el desamor, el abandono del hogar se presentan con una cierta dosis de compasión hacia las víctimas, sin un exceso de carga moral y de reproche por sobrellevar estoicamente sus desdichas. El mensaje de Purificación es más sutil y eficiente, pues combate esas maldades de los agresores sin visceralidad, sin colocarse al mismo nivel de violencia o agresividad. Emplea en esa batalla las armas de la templanza, en un marco de superioridad moral.

Las mujeres que conforman esas actrices secundarias de este libro, que son en verdad las actrices principales, son vulnerables, tienen miedo, se sienten solas frente al mundo, pero también están preocupadas porque no gustan, porque no encajan en la sociedad, porque no triunfan, porque creen que no valen, porque siempre están dudando y nunca están seguras de elegir bien. Pero esa muestra de fragilidad convierte a las protagonistas en féminas imbatibles, luchadoras, capaces de superar todas las situaciones adversas, de tirar siempre para delante.  Ese es su principal mensaje positivo, como la música que estimula a sus personajes, que es como una constante en la colección de relatos. Toda la carrera de obstáculos por la que tienen que pasar y enfrentarse, no son ni más ni menos sino un acicate para levantarse después de cada caída.

La familia a la par de ser un punto de encuentro, de sostén existencial, se presenta también como una carga pesada, como una losa que oprime e impide sentirse libre.

Las protagonistas son observadoras, miran el mundo externo, lo que ocurre más allá, del espacio donde se desarrolla la acción, desde la distancia, con sosiego, detrás de los cristales o desde una terraza como si cerniera allí un peligro inenarrable, como si traspasar el muro del hogar supusiera la muerte, el suicidio.

El lenguaje que utiliza es sencillo y ayuda a agilizar la acción. Además, emplea los verbos con una precisión de cirujano, con la exquisitez de los grandes maestros de la literatura.

Los 23 relatos son magníficos. Mi preferido es “un ramo de rosas”, donde la autora ha utilizado a la perfección la elipsis y ha administrado la información gradualmente hasta llegar a la sorpresa final, que es apoteósica. Espero que vosotros también compréis el libro, pues merece la pena, y elijáis, a su vez, vuestro relato favorito o el que más os llame la atención. Estoy seguro de que pronto lo encontraréis.

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