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Crítica de la película 'Negación', de Mick Jackson.

Negación (Denial, Reino Unido, 2016). 110 minutos. Director: Mick Jackson. Guión: David Hare sobre el libro de Deborah Lipstadt. Fotografía: Haris Zambarloukos. Música: Howard Shore. Reparto: Rachel Weisz, Tom Wilkinson, Tinmothy Spall, Andrew Scott.

¿Cuáles son las razones del antisemitismo secular? Entre las muchas respuestas a esta pregunta a lo largo del tiempo el profesor judío franco-americano George Steiner sugiere que en el fondo de este odio está el desafío a la conciencia que la cultura judía propone al resto del mundo, desde el monoteísmo judaico cuyo Yaveh castiga la frivolidad y el placer, pasando por el cristianismo que propone poner la otra mejilla y vivir humildemente, hasta el marxismo que exige el reparto igualitario de los bienes y prohíbe la avaricia y el egoísmo.

A pesar de —o quizá a causa de— los méritos evidentes de pensadores, escritores y artistas judíos y su papel de liderazgo intelectual en los dos últimos siglos, algunos panfletistas e historiadores se han empeñado en desprestigiar sus logros y acusarlos de promover en la sombra conjuras para derribar el orden social, moral y económico en su provecho. Parte de esa propaganda han sido las tesis revisionistas sobre el Holocausto, que según ellos no fue más que una invención sionista para conseguir fondos para la fundación de Israel. Y ciertamente la humillante política hacia los palestinos por parte del estado de Israel no ayuda precisamente a desactivar esa difamación.

En ese contexto hostil hay que enmarcar la película de Mick Jackson, Negación (Denial, 2016): cuenta la batalla legal entablada en 1996 entre Deborah Lipstadt, profesora e investigadora judeo-norteamericana de la Shoah, y su editorial, Penguin Books, contra David Irving, historiador británico, admirador de Hitler y negacionista del holocausto.

La película es básicamente un drama judicial. El caso Irving contra Lipstadt y Penguin no cuestiona la realidad del exterminio de los judíos por parte de los nazis, sino que intenta establecer los límites a la libertad de expresión. La revisión de la historiografía, su corrección basada en pruebas documentales nuevas, datos que completan lagunas o errores inevitables, es legítima. La manipulación de esos datos, su ocultación deliberada, o la mentira para apoyar determinadas tesis es no solo fraude, sino delito. Negación es pues una película de tesis, desarrollada detalladamente a lo largo de las sesiones en la corte de justicia de Londres, si bien con un final previsiblemente obvio. La espera del veredicto del juez añade tensión dramática a la historia pero es en los recovecos legales, en el desenmascaramiento del uso sesgado de datos, documentos y lenguaje, en la ambigüedad ética de los personajes, donde esta el jugo de la película.

El trabajo de Rachel Weisz como la doctora Deborah Lipstadt es uno de los atractivos de la película sin duda, sin embargo el duelo interpretativo entre Tom Wilkinson, abogado de Lipstadt (Full Monty) y Timothy Spall (Mr. Turner) en el papel del negacionista David Irving ofrece los momentos de más interés. Negación no es una gran película judicial quizá porque no logra crear la suficiente identificación con la víctima, al no ser ésta un individuo sino la propia credibilidad de nuestro pasado, nuestra memoria.

Sin embargo, es una película muy interesante que defiende la necesidad de un conocimiento objetivo no sesgado de los hechos históricos. En nuestro país en las últimas semanas han aparecido trabajos que cuestionan interesadamente la legitimidad del triunfo en las urnas del Frente Popular en febrero de 1936, justificando así el levantamiento militar contra la República. Una película como Negación nos recuerda dónde colocar los límites a la interpretación subjetiva de la historia.

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