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Ojalá estuvieras aquí

Ramón González de la Peña, arquitecto

Uno de los relatos que integran el libro del norteamericano John Cheever La geometría del amordio lugar a una película protagonizada por Burt Lancaster y dirigida por Frank Perry en 1968. El Nadador cuenta la historia de un ejecutivo corriente, Ned Merryl, que un domingo de verano, resacoso y agotado por la juerga de la noche anterior, mientras toma un cóctel en casa de unos amigos, repentinamente, toma la decisión de volver a casa recorriendo las millas que lo distancian nadando de piscina en piscina por los jardines de las casas de sus vecinos. Uno de los momentos más vibrantes del relato se produce cuando Neddy tiene que atravesar una autopista que cruza el valle con varios carriles en cada dirección para poder continuar su particular odisea y, ataviado únicamente con su ajustado bañador, recibe las bromas e insultos desde los coches que pasan ininterrumpidamente a gran velocidad. Cheever es un novelista brillante y complejo, con una rica vida interior, una desastrosa vida personal y un maravilloso talento para la literatura. Se ganó la vida escribiendo relatos que publicaba The New Yorker, revista de culto de la época. Escribió muchos y sólo unas pocas novelas, todos con una calidad literaria que le otorgó el ser considerado uno de los grandes novelistas americanos de la mitad del siglo pasado. Sus textos describen de modo irónico y descarnado la vida de los ejecutivos que trabajan en las grandes ciudades del norte de EEUU y que tornan a dormir a las urbanizaciones lujosas de las afueras, agrupadas en racimos a lo largo de las autopistas….
'Callejero', Juanángel González de la Calle

El modelo de ciudad americana descrito por Cheever, que sigue el modelo de ciudad anglosajón, se distancia mucho del de las ciudades que habitamos, que se extiende en torno al Mediterráneo a partir del imperio romano y que se ha mantenido vigente durante los últimos 20 siglos, ciudad compacta, cercana, densa y básicamente peatonal. Estas ciudades se fueron rehaciendo, reedificando una y otra vez, cubriendo las necesidades de vivienda y equipamientos que en cada época se demandaban por los ciudadanos. Sin embargo, al final del siglo XX se desató en nuestro país un huracán urbanizador que ha multiplicado por mucho la cantidad de suelo ocupado mientras que la población se multiplicó por bastante menos. Los regidores de nuestras ciudades olvidaron el ADN urbano sintetizado a lo largo de la historia y permitieron o propiciaron aumentos exagerados de su tamaño, y lo que es peor, esos crecimientos se han generado al margen de su forma, de sus tramas históricas, de sus líneas generadoras, de su esencia. La ley del péndulo hizo que tras la instauración de la democracia, se optara por la contención de las alturas y por tanto de las densidades, en respuesta al desarrollismo de los años 60/70. Pasados los años el péndulo volvió a recorrer el camino opuesto dando lugar a la famosa burbuja reciente. Y todo ello ocurrió sin que la legislación del suelo resolviera el problema de fondo: la falta de herramientas para la gestión eficaz del suelo urbano, pues es justo ahí donde tienen que ocurrir las verdaderas transformaciones urbanas. Por tanto, esta parada generalizada que tanto daño nos está haciendo, debe servir para repensar nuestras ciudades y recuperar el camino de los crecimientos medidos y acordados con la propia historia, con la realidad y con el respeto por lo que fuimos pero también por los que serán. (Este texto fue publicado en el dominical del periódico El Independiente de Cádiz el 07/07/2013)

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