La narración de los hechos siempre se realiza desde una perspectiva, desde un contexto de intereses. Pensar que en los libros de Historia aparece reflejada una verdad objetiva, ajena a las subjetividades y las estructuras de poder, es una ingenuidad. Se habla desde una visión del mundo, desde una posición social, desde unas necesidades y perspectivas concretas. El relato histórico es una construcción social más. El problema surge cuando no somos conscientes de esta construcción o se enmascara de forma intencionada para exhibir un relato que sirva para justificar la dominación. Los que controlan los medios de comunicación y el sistema educativo, los políticos y los intelectuales al servicio del poder, son los encargados de transmitirnos ese relato oficial que interesa en cada momento. Debemos desmontar el relato único para descubrir las múltiples y heterogéneas perspectivas. Construir otra narración implica transformar la realidad y su percepción. Está en juego nuestra identidad y el modelo de ciudad que deseamos.

Cuatro historiadores y una antropóloga dialogaron sobre el papel que representan la ideología y el poder en la configuración de los relatos históricos. Cada uno de los historiadores analizó algún caso significativo, ejemplos sobre los que han investigado y siguen trabajando. La antropóloga habló de cómo se puede realizar una Historia que deconstruya el sesgo patriarcal. Tras la intervención de todos los participantes, el público asistente planteó varias preguntas, cuestiones que sirvieron para aclarar los temas esenciales.

Manuel Jesús Parodi, historiador y arqueólogo, nos habló de Pelayo Quintero Atauri (1867-1946), un intelectual silenciado por el poder. Fue una víctima de la maquinaria represiva de la dictadura. Hijo de la oligarquía del momento, el arqueólogo Pelayo Quintero estuvo a punto de ser fusilado. No quiso asumir lo que suponía el levantamiento militar. Y se quedó en tierra de nadie. No era un pensador de izquierda, obviamente, pero tampoco se adhirió al régimen represor que se avecinaba. Lo acusaron de todo. Aunque la derecha más reaccionaria no se atreve a aniquilarlo, lo arrincona. Como intelectual e investigador fue muy reconocido en las academias europeas. Sin embargo, lo atacaron y despreciaron, aun siendo un pionero de la arqueología.

Fue un librepensador, de talante reformador, independiente, aunque procedía de la oligarquía tradicional y de una ideología conservadora. Se aprovechó el golpe militar para desactivarlo intelectualmente. En Tetuán siguió con su labor, centrado en su ética personal, insistiendo en la importancia de la divulgación de la arqueología y de la innovación metodológica. La dictadura franquista no va a tolerar que nadie ponga en cuestión sus verdades. Así pues, la represión llegó también a pensadores conservadores. Los hermanos Pemán se beneficiaron de la anulación de personas como Pelayo Quintero. Conviene contar estas historias.

Juan Luis Sánchez Villanueva habló de tres mujeres del siglo XIX. Margarita López de Morla tuvo una tertulia en Cádiz a principios del siglo XIX. Lo que sabemos de ella aparece en obras escritas por hombres, donde realizan descripciones con claro sesgo machista. Todos hablan de una mujer instruida, inteligente. Pero todos mencionan su aspecto físico… Cuando escriben sobre su hermano, por el contrario, la descripción física desaparece. Juan Luis nos habló también de Josefa López Ariza, una maestra muy bien preparada que creó una escuela en Jerez (calle Algarve) con un reglamento en el que se insiste en la necesidad de instrucción de las mujeres, ya sea “mujer de familia” o “mujer general o científica”. Estamos en 1858. Josefa cita en la introducción de ese reglamento a mujeres científicas que casi nadie menciona en su momento, mujeres que hoy siguen siendo desconocidas para muchos historiadores. Por último, nos describió a Carolina de Soto y Corro,  fundadora de la revista literaria Asta Regia.

Alfonso Oñate analizó la figura de José María Pemán (1897-1981) y resaltó su participación en la depuración de los maestros tras la guerra. Pertenecía a la clase dominante, la que no quería perder sus privilegios por nada del mundo. A veces se habla de él como si se tratara de un simple escritor. Sin embargo, su actividad política reaccionaria fue intensa, tanto con Primo de Rivera como con la dictadura franquista. Fue presidente de la Junta Técnica de Enseñanza, donde pone los cimientos de la depuración de los maestros. Él mismo lo firma en un BOE de 1936. Aunque en privado se quejó de ciertas prácticas depuradoras y llegó a mediar a favor de algunos, en público justificó esa política. En la prensa se ha ignorado todo esto hasta hace muy poco. Las necrológicas, incluso en El País, ofrecieron una imagen deformada de Pemán. Era la Transición… Y como era de Cádiz, debía ser liberal. Escritores como Quiñones aportan retratos bastante  alejados de la realidad.

José Manuel Mato Ortega nos describió cómo se fue transformando la figura de Fermín Salvochea (1842-1907) en los diferentes relatos. Fue anarcocomunista y anticlerical, hombre que participó en los movimientos revolucionarios de finales del XIX, encarcelado varias veces, fundó el periódico El Socialismo… En fin, un hombre de acción que había conocido las obras de los socialistas utópicos y otros teóricos revolucionarios en Inglaterra. A pesar de semejante recorrido, pronto comenzaron a aparecer esbozos edulcorados de su biografía. De ser un revolucionario que habla de la propiedad colectiva de la tierra y de la farsa de los parlamentos burgueses pasa a ser, en algunas referencias, un defensor de la democracia….

La antropóloga Vanesa Gómez Bernal explicó en qué consiste escribir una Historia de las mujeres. En el marco de los estudios de género, se trataría de desmontar ese relato fabricado por los varones en una sociedad machista, una sociedad en la que la mujer ha sido invisible. Hay otras formas de contar, otras perspectivas. Construir otro relato implica cuestionar las estructuras de poder, los roles, y empoderar a la mujer. No consiste simplemente en recuperar figuras femeninas olvidadas, sino en ver la realidad con otras categorías y otros valores. Eso nos mostrará otros mundos, totalmente ignorados, ajenos al sesgo machita que ha predominado hasta ahora.

Precisamente, entre los asistentes hubo interés en saber qué tipo de estudios históricos de carácter feminista se están llevando a cabo. En el diálogo final también se habló de los libros de texto y de la metodología. Y surgieron varias propuestas: hablar de procesos, en lugar de personajes concretos; no limitarse a los libros oficiales; acercarse a los relatos históricos desde nuestro entorno…

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