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La gran fiesta del flamenco en Jerez logra una aceptable entrada en su nueva ubicación del Alcázar, así como una meritoria respuesta artística.

La Fiesta de la Bulería, que dentro de dos ediciones celebrará sus bodas de oro, su medio siglo de existencia, cumplió el trámite. Tras el polémico paso por el Mamelón con entradas gratuitas, era más complicado si cabe levantar un evento ya de por sí mermado desde hace años. La configuración del cartel, siempre controvertido, y el precio de las entradas, 20 euros por exigencia del Plan de Ajuste municipal, hacían pensar en un nuevo pinchazo histórico. Pero sea por lo que fuera, y aunque pida a gritos una reinvención, la Bulería logró una respuesta aceptable tanto de público como artística. 

Un mantón negro estampado por rosas rojas y hojas verdes cubría la mesa de reunión del cuadro de Manuela Carpio. Ellos, perfilados de negro con pañuelos que escondían sus cuerdas vocales del frío de la noche en el patio de San Fernando. Ella, tricolor: de blanco, gris y negro. Más tarde, ataviada de terciopelo rojo; y por último, de lunares. La niña que se calzó unos tacones por primera vez con 8 años, deslumbró en un cartel que el público juzgó desde un primer momento como "flojo" y que prometía volver al origen del flamenco jerezano y de la propia Fiesta. Fueron los que estuvieron, aunque más de uno hubiera vuelto a la fórmula clásica: "Tendrían que haber metido al Capullo, que es muy festero y aquí lo que interesa es eso".

Visitantes llegados de todas partes refuerzan aún más la idea de la necesidad de internacionalizar la Bulería. Alemanes, neozelandeses e ingleses -algunos llegados para aprender a tocar la guitarra-, colombianos, uruguayos, mexicanos y japoneses, entre otras muchas nacionalidades, estaban dispuestos a escuchar tangos, seguiriyas, soleares y lo que les echasen. También visitantes nacionales: extremeños, aragoneses, madrileños y de otros puntos de Andalucía se acercaron a Jerez para quedarse prendados de un estilo exclusivo y único de entender el arte jondo. Muchos de ellos repetían experiencia, pero no todos estaban conformes con celebrarlo en el Alcázar: “Para mí no hay otro sitio más idóneo que la plaza de toros, para mi gusto. Y en la plaza del Mamelón no me gustó, fue un popurrí”, decía un aficionado foráneo. 

Las expectativas de asistencia eran escasas. No obstante, poco faltó para que todas las gradas y sillas se quedaran ocupadas. Al final, todo el mundo habla de alrededor de 2.000 personas, 1.800 publican este domingo medios locales como Diario de Jerez. Media hora antes de su inicio ya estaba lleno más de la mitad del patio del Alcázar. Incluso Antonio Montero, ex concejal de Plan Especial de Promociones Culturales del PP, compró su entrada minutos antes de que saliera el maestro de ceremonias. La misma entrada que un año antes decidió no cobrar pese al aluvión de críticas recibidas. 

Pepe Marín comenzó la presentación del festejo de la XLVIII edición de la Fiesta de la Bulería con un guiño a Lina Morgan al dar la bienvenida con su mítico "gracias por venir". Lole Montoya fue la primera en saltar al escenario. En una fiesta que rinde tributo a la Bulería, Lole cantó por tanguillos, bulerías y alegrías. El público apenas se inmutó, sabían que debían aplaudir cuando los focos amarillos les apuntaran, como si de un plató de Telecinco se tratase, pero se mantuvo frío con la actuación de la sevillana.

Entre actuación y actuación, las tertulias y corrillos sobre el evento en sí: "Los precios de las entradas son totalmente inasequibles. Es abusivo", comentaba Tamara Piña, una jerezana que aseguraba que este hecho provoca que la mayoría de los presentes no fuesen de Jerez. Aun así el público siguió levemente el compás de las palmas, agitó la cabeza con los quejíos de los cantaores y marcó el ritmo con la punta del zapato. El cuadro de Santiago a la Plazuela fue aplaudido por sus paisanos por ser "una representación del arte añejo de Jerez", con el cante mítico de los Ripoll, Ruiz Méndez, Alfonso Mijita padre y Tío Chico Pacote. Entre baile y palmas, la gente recogía el arte a través de grabadoras, teléfonos móviles o simplemente almacenándolo en la retina gracias a un cuadro muy rancio que sí hizo volver de verdad a los orígenes de esas fiestas flamencas que ya no quedan. 

Pasadas las dos primeras horas, llegó al tablao Remedios Amaya. La trianera salió con todo su desparpajo, se descalzó a la mitad de la función y plantó su voz limpia, desnuda de micrófono a ratos. De perfil al público miraba a la nada, se concentraba, recogía sus manos y bailaba durante su cante. “Me parece que es la que tiene más presencia escénica. Es más completa y el vestido que llevaba era maravilloso”, comentaba una de las asistentes, a lo que añadía: “El flamenco es expresión y sobre todo la manera de expresarlo”. Remedios se volcó con el público y, entregada, le dedicó un rotundo: "En Jerez muero". Éste respondió con admiración al levantarse de la silla junto con una larga ovación llena de aplausos. Remedios lloró después de cantarle a El Torta y a Camarón, acordándose también de otros artistas fallecidos, más o menos recientemente, como Manuel Molina, Moraíto y Paco de Lucía.

Con la despedida del cuadro de los Amaya entró un largo descanso. La gente salió corriendo a la zona exterior del complejo donde se encontraban los pinchitos de pollo y los refrescos, además de una larga cola en el aseo. Más de uno no esperó a ver salir al cuadro que traía Manuela. El frío y la madrugada ahuyentaron a unos cuantos. Quizás no eran de Jerez y les esperaba un buen paseo por carretera, pero Manuela tenía las pilas cargadas; y las piernas bien calientes en comparación con la temperatura preotoñal. Mientras Juanillorro, el Quini, Miguel Lavi y Enrique el Extremeño cantaban, hubo gente que se marchó. Pero cuando Manuela Carpio inició su taconeo y su baile por bulerías... todos se quedaron embelesados por su gracia y su maestría. La elegancia de Manuela quedó latente en el escenario por el festín de aplausos que cosechó.

La XLVIII edición de la Fiesta de la Bulería concluyó con un clásico fin de fiesta por bulerías por parte de Manuela de Pastilla, los cantaores del cuadro de Santiago a la Plazuela, y con el baile de pequeños que subieron al escenario. El culmen de la noche lo protagonizaron Remedios Amaya al cante y Manuela Carpio al baile. Un tándem que cerró una jornada de celebración al filo de las dos de la madrugada. Hechos los balances, toca pensar cuanto antes en la edición de 2016. ¿Cómo te la imaginas?

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