'Cartelera Sur' reseña la última de Almodóvar, un drama cotidiano.

Julieta. España, 2016. Director: Pedro Almodóvar. Guión: Pedro Almodóvar (basado en relatos de Alice Munro). Fotografía: Jean-Claude Larrieu. Música: Alberto Iglesias. Reparto: Adriana Ugarte, Emma Suárez, Inma Cuesta, Daniel Grao, Michelle Jenner, Rossy de Palma, Darío Grandinetti.

Definitivamente algo ha cambiado en el cine de Pedro Almodóvar. Puede que esto decepcione a los seguidores incondicionales de su cine irreverente y caótico, siempre brillante, de personajes femeninos al borde de la ruina sentimental, pero a otros muchos les encantará Julieta por lo que tiene de “normalidad”, de drama alejado de la marginalidad kitsch, y asentado en lo cotidiano.

Por supuesto Julieta conserva muchos rasgos del Almodóvar de Todo sobre mi madre, o Hable con ella. Es una historia sobre la incomunicación y el sentimiento de culpa como desencadenantes del conflicto afectivo. Treinta años atrás Julieta (Emma Suárez / Adriana Ugarte) conoció a Xoan, marinero gallego (estupenda y poética escena del encuentro en el tren) y por amor se traslada al Norte lluvioso y meláncolico. Se resiente del silencio de Xoan y se siente culpable del abandono en que dejó a su madre, lejos en un pueblo del sur. Ya en el presente se reprochará a sí misma también el haber hecho de su hija Antía una completa desconocida. Se trata, como es habitual en Almodóvar, de una historia de mujeres; éstas siguen ocupando el centro de su mirada y los personajes masculinos resultan débiles en comparación, están desdibujados o simplemente son mezquinos

Es lugar común mencionar al melodrama romántico clásico como su principal referencia, con el aderezo picante y costumbrista del toque almodóvar (fusión de drama y comedia, personajes y situaciones fronterizas con lo paródico en contraste fuerte con la profundidad del drama, cuidada estética pop sobre banda sonora de bolero…), pero en Julieta, los excesos del género son escrupulosamente evitados: no cae en la exageración, en la caricatura sentimental; el lado racional de sus personajes pesa tanto como el sentimental. Hay drama personal, afectivo y existencial pero no recurre a la lágrima ni al esperpento. En eso ha cambiado su cine con respecto a anteriores obras dramáticas, obviando comedias ligeras como la última Los amantes pasajeros.

El guión, escrito con sobresaliente precisión por el propio director (basándose en relatos cortos de Alice Munro), profundiza en los temas mencionados, el deslumbramiento del amor, la incomunicación y el sentimiento de culpa, recurriendo a flashbacks muy bien engarzados y a la ocultación deliberada de información tanto al espectador como a la propia Julieta. Vemos a Antía y a los demás personajes a través de los ojos de Julieta; la descubrimos con ella.

No es una historia grandilocuente o exaltada sino todo lo contrario: madres e hijas que se quieren pero dejan zonas de sus vidas en penumbra para la otra

Almodóvar sigue encuadrando a sus mujeres como nadie. El melodrama exige una expresión gestual que conmueva y en ese sentido los primeros planos de Emma Suárez, Adriana Ugarte e Inma Cuesta son fundamentales para comunicar emociones y mostrar las heridas de sus personajes sin un texto explicativo. En particular Emma Suárez demuestra de nuevo que es una de las grandes. Encarna a la perfección el desconcierto y el dolor de la Julieta madura, contenida e intensa.

Marca de la casa, El Deseo, la producción es muy cuidada y elegante, como siempre: la fotografía de Jean-Claude Larrieu, exquisita, y la banda sonora de Alberto Iglesias, compositor habitual del director, recuerda a los grandes nombres, Herrmann o Barry, y es en gran parte responsable de esa corriente subterránea de sentimientos contenidos, no dichos, que subraya las escenas.

No es una historia grandilocuente o exaltada sino todo lo contrario: madres e hijas que se quieren pero dejan zonas de sus vidas en penumbra para la otra. Es mérito del Almodóvar guionista y director contárnosla con emoción e implicarnos en ella. Más sútil que el buceador de juguete en la bañera de Victoria Abril en Átame, en su última película Almodóvar no hace sino profundizar en el eterno femenino: definitivamente la mujer lleva por defecto el conocimiento, y por tanto el sufrimiento. A sus alumnos del instituto Julieta les cuenta que la ninfa Calypso ofrece su reino generosa al marinero Ulises, pidiendo a cambio solo fidelidad, entrega incondicional. Ulises, en cambio, busca satisfacer su insaciable curiosidad; una vez explorada esta ensenada, hay que poner rumbo a la siguiente cala escondida.

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