• Jacobo Bergareche posa, tras la entrevista, a las puertas de la librería El Laberinto en Jerez, el pasado sábado. -

cultura

Jacobo Bergareche, un 'Tío grande' hablando de migración y duelo: "La muerte inesperada y violenta hace añicos todo; la buena literatura da consuelo"

Cinco años después de 'Los días perfectos', el escritor, de gira con su nueva obra, 'Tío grande', una oda a la resiliencia a través de la experiencia de menores migrantes, recala en varias librerías andaluzas en pleno shock por otra tragedia ferroviaria. "La IA se comerá la mala literatura, la de fórmula", reflexiona en lavozdelsur.es

Pregunta. Al final este es un libro sobre el duelo, ¿no?

Respuesta. Pues sí. Es un libro sobre la muerte inesperada y violenta. Y mira, mucha gente a la que le han pasado cosas así ha venido a verme, se ha acercado y me ha dicho que una de las pocas cosas que le ayudan es leer.

"Ya me he perdonado casi todo"

P. La lectura, al final, como bálsamo.

R. Bueno, todos tratamos de buscar consuelo ante una muerte... la muerte es un vacío de sentido, un vaciado de sentido en nuestras vidas, donde todo se hace añicos y tienes que coger pegamento y arreglarlo todo para poder seguir viviendo. Las frases hechas, en plan “ánimo”... Cuando la gente te dice “ánimo”, tú no te animas. Es como cuando le dices a un enfermo “mejórate”: no se mejora. Pero la buena literatura sí que te da un consuelo y te da algo a lo que agarrarte, porque alguien ha pasado por ahí y te das cuenta de que no estás solo, y te está enseñando la luz que hay después de toda esa oscuridad.

  • Retrato del escritor madrileño.
  • -

P. Cumple medio siglo de vida este 2026. ¿Es una buena edad para ajustar cuentas con uno mismo, o eso está ya superado?

R. Uno siempre tiene que hacer cuentas consigo mismo, ¿no? Me refiero, a cualquier edad, en cualquier momento. Y ya me he perdonado casi todo.

P. Justo este 2026 se cumplen también cinco años de que se publicó ‘Los días perfectos’, que de alguna manera fue un poco el gran alumbramiento. A esto de la literatura, como ha reconocido en varias ocasiones, ha llegado un poco tarde y con otros ingresos que no dependen necesariamente de la venta de su libro; no sé si ahí uno consigue lo más parecido a la libertad que se puede tener, o se lo ha tomado un poco como un ejercicio de autoayuda, como un hobby…

R. Al principio no sabes adónde te va a llevar, ¿sabes? Era como algo que yo necesitaba hacer para salir adelante. Y para dar sentido. La primera ambición en todo esto era darle sentido a lo que había pasado, y escribir, escribir, que es lo que siempre me había propuesto y nunca había hecho. Pero no estaba pensando que iba a acabar viviendo de eso; vamos, era como un sueño que ya no se iba a cumplir nunca.

P. Ya. No sé si, al final, esto de tener éxito en la literatura es simplemente publicar, tener cosas valiosas que contar y que alguien lo aprecie al otro lado.

R. Yo creo que sí, que lo único que importa... A ver, ganar dinero está muy bien, ¿eh? No nos engañemos, ¿no? Ganar dinero haciendo lo que te da la gana y lo que te gusta y tal, eso es una bendición. Pero, en términos de literatura, lo que importa es que lo que hagas tenga una cierta relevancia para los demás y que esa relevancia se extienda en el tiempo. Que dentro de unos años alguien lo pueda leer y no se le caiga de las manos, sino que todavía tenga algo que vibre para el lector dentro de muchos años.

"Los de Silicon Valley piensan que la inmortalidad se consigue tomando 17 pastillas diferentes; los escritores piensan que es exprimiéndose a uno mismo y tratando de que sea el texto el que viva"

P. Que siga ese latido y, qué sé yo, que le llegue a futuras generaciones.

R. Sí, es la única manera que tenemos de ser inmortales, ¿no? Los de Silicon Valley piensan que se consigue tomando 17 pastillas diferentes al día, alargando los telómeros y extrayéndole a todo el mundo el plasma, y los escritores piensan que es exprimiéndose a uno mismo y tratando de que sea el texto el que viva.

P. ¿Qué responde a las cartas que nunca encontraron respuesta sobre quién es hoy Jacobo Bergareche? ¿En qué le ha convertido este lustro desde ‘Los días perfectos’?

R. Pues no lo sé. O sea, no he tenido tiempo de...

P. No ha dado tiempo.

R. Ha sido todo tan vertiginoso que no he tenido tiempo de mirarme en el espejo, la verdad.

P. De todas maneras, ahora la editorial presenta este ‘Tío grande’ como su libro más personal. Eso ya es mucho decir, ¿no? Porque su literatura, si algo es, es muy personal.

R. Yo creo que... o sea, todo eso es marketing editorial. Es más personal Estaciones de regreso, primero, que soy yo hablando de mí mismo. Y en Tío grande, estoy hablando de otras personas, de Amadou y Hamada. De Hamada, que vive ahí, en Málaga y me hace mucha ilusión que vaya a venir a la presentación...

P. ¿Hacia dónde regresa su obra siempre? ¿Hay algún espacio de encuentro entre ellos?

R. Pues yo, la verdad... No te sé decir, porque a mí... o sea, como me gusta que vayan a sitios distintos… Yo no me dedico ni al thriller, ni a la fantasía, ni a la novela histórica; no estoy en ese tipo de géneros. Estoy muy ubicado, yo creo, en dos géneros, que son la novela contemporánea, la urbana, la de lo que nos pasa a todos, y luego el memoir, ¿no? O sea, una novela más memorística, que trabaja con la realidad, pues como Karl Ove, o como Carrère. O sea, como gente que no está utilizando autoficción, sino memoria. O sea, partes autobiográficas.

"Soy muy poco disciplinado, la verdad, pero sí soy obsesivo; al final, me tienen que retirar la custodia del 'bebé' para darlo por terminado"

P. En cuanto al proceso creativo, ¿cómo diría que es, especialmente obsesivo, muy metódico?

R. Pues soy muy poco disciplinado, la verdad, pero sí soy obsesivo. Intento que esté todo muy bien: me lo leo, me lo releo, lo sigo... Al final me tienen que retirar la custodia del bebé, para darlo por terminado, porque, si no, yo no lo acabaría.

P. Siempre hay algo que pulir, ¿no?

R. Sí, siempre voy puliendo y puliendo, y viendo que se puede contar mejor, que la prosa puede ser mejor. Como decía Borges, me gusta fatigar el párrafo.

  • Jacobo Bergareche posa con su nuevo libro, 'Tío grande'.
  • -

P. Hemos empezado hablando, desgraciadamente, de esta plena actualidad de la tragedia inesperada, y hablaba del duelo, pero este libro también está de plena actualidad por la crisis migratoria que se sigue viviendo, aunque ahora parece que fuera de foco, en Ceuta. En fin, sé que abomina de lo panfletario y de esa literatura propagandística, pero sí me gustaría conocer su opinión y cómo hilar todo eso con la historia de Amadou, que explica, al final, crudamente, el duro periplo de los que llaman peyorativamente como menas.

R. Ya, pues... Hombre, yo trato de ser prudente, porque la migración es un fenómeno complejísimo. No es lo mismo la migración de Hispanoamérica que la migración subsahariana, que la migración magrebí; no es lo mismo la migración del este de Europa. Un porcentaje muy pequeño de gente llega en pateras, y nadando, muchísima... o por la valla, muchísima menos. Los menas no son ni un 1%. Entonces, cuando hablamos de todas esas cosas, hay que ponerlas en perspectiva y entender la complejidad que tiene el asunto. Y los escritores nos ocupamos del individuo, de la escala humana de las cosas. Si fuese economista, o sociólogo, o geógrafo que estudia la demografía, te podría hablar de todas esas cosas, pero no siéndolo... A los escritores les gusta mucho opinar de todo. Si me preguntan, yo prefiero ser un poco prudente, y de lo que no sé no opino. Solamente trato de transferir la experiencia de lo visto, sin juicio. El juicio se lo dejo al lector.

"Vivimos en una sociedad de la crueldad. Un tercio de los votantes agradece la crueldad: los emigrantes son probablemente el colectivo más débil y es muy fácil hacer de ellos la causa de todos los males"

P. De todas maneras, vivimos en una crisis, no sé si civilizatoria, de pérdida de valores, de empatía, de humanidad...

R. Está muy tasado y muy estudiado. Vivimos en una sociedad de la crueldad, amigo. Un tercio de los votantes agradece la crueldad. Esto está estudiado por los sociólogos. Lo que agradecen es tener a una persona, a un candidato que tenga un discurso cruel. O sea, que esté prometiendo que va a hacer daño y que se va a vengar de un colectivo, de un determinado colectivo, que es el otro. Y los emigrantes son probablemente el colectivo más débil de la sociedad, y el más desasistido y desamparado, y el que tiene menos derechos. Entonces, obviamente, es muy fácil hacer de ellos la causa de todos los males y ser cruel con ellos genera réditos políticos para los ultraderechistas, en general.

P. ¿Cómo fue llegar con Amadou a la aldea de la que él se marchó de niño? ¿Cómo le recibieron?

R. Pues, bueno, hay una cosa muy bonita, que es ver que alguien es reconocido en alguna parte: que alguien conoce a sus padres, a sus abuelos, que saben quién es, que saben quién fue de niño. O sea, que tiene un lugar en el mundo, que hay un lugar donde esa persona tiene una identidad y una dignidad por el simple hecho de pertenecer. Entonces, cuando lo ves, cuando ves al migrante de repente de vuelta a su casa, a su aldea, entiendes muchas cosas. Sobre todo, entiendes su sacrificio, ¿no? Y el vínculo que ha roto y que ha dejado detrás.

"El viaje de verdad es aquel del que no vuelves siendo la misma persona"

P. Es uno de esos viajes absolutamente transformadores, ¿no? Hoy en día, que volamos tanto, que vamos a tantos sitios, que vemos tantas cosas que ya nos suenan vistas, imagino que ese tipo de experiencias son las de verdad: uno vuelve y ya es otro, ¿no?

R. Sí, es un viaje que te cambia, porque te enseña realidades que no conocías, porque te cambia el punto de vista con respecto a muchas cosas. Todos somos turistas, y está muy bien, yo no soy antiturismo; me encanta ir a Florencia y ver a Botticelli y cosas de estas. Pero el viaje de verdad es aquel del que no vuelves siendo la misma persona, ¿sabes? Un viaje en el que realmente has visto algo nuevo que te cambia el punto de vista sobre las cosas, sobre el mundo en el que estás.

  • Un momento del encuentro de Jacobo Bergareche con los lectores, guiado por Adrián Otero, de Librería El Laberinto.
  • -

P. Le he leído que asegura que el riesgo más grande es conocer la verdad de las cosas, pero la verdad es que no sé cómo podemos asumir ese riesgo hoy en día, cuando parece que todo lo que nos rodea, todo lo que nos tiene cercados, es la mentira, ¿no? Y no hablo ya solo de la política, sino de los propios estados personales de las redes sociales, las fake news, los deepfakes. La mentira parece que es lo que ya lo inunda todo en nuestra sociedad, ¿no?

R. Tenemos un problema grande con todo eso, pero quizás no sea diferente de lo que ha pasado en otras épocas, de otra manera. Nos han mentido también con las religiones y con muchas otras cosas, la cantidad de mentiras que la gente... hemos pasado una vida pensando que el mundo era plano; que había 27 dioses... Los hombres que tienen una vocación por conocer la verdad, yo creo que rascan más allá, ¿no?, y se preocupan de encontrarla. Y eso es como una pulsión que está muy dentro del ser humano, esa curiosidad y esa necesidad de encontrar la verdad. El problema es que te extirpen esas ganas de saber la verdad. Yo creo que el que busca la verdad termina acercándose a ella, ¿no?, y no se conforma con un deepfake o tal; lo tiene que ver con sus propios ojos.

"Cierro Instagram varios meses al año, por higiene mental; en la red veo trabajo"

P. Al final, uno puede prepararse una entrevista a un escritor con IA o, primero, adentrarse en su obra y, luego, documentarse de lo que haya podido ir dejando en otras entrevistas. Al final, en el fondo, el ser humano es muy vago, ¿no?

R. El ser humano es vaguísimo, está tasadísimo.

P. De redes no le he rebuscado, ¿las usa? ¿las tiene que usar por marketing...?

R. Yo las redes las uso, las uso. Solo uso Instagram —y Substack, una plataforma híbrida que combina la publicación de boletines informativos (newsletters), blogs y funciones de red social sin depender de algoritmos agresivos de escaneo continuo—, pero Instagram lo uso para convocar cursos, que para mí es una fuente de ingresos, y para difundir también mi obra. Pero la cosa es que las cierro. Siempre hay un botón, que es suspender, en Instagram, con el que desaparece la red, y lo hago durante unos meses al año: por ejemplo, de junio a septiembre siempre cierro o cancelo mis redes. Y luego en Navidad también, de diciembre hasta enero...

P. Por higiene mental, ¿no? Como si cerrara el quiosco…

R. Sí, por higiene mental, porque para mí es trabajo. En la red veo trabajo. Al final, pierdo mucho tiempo contestando a gente y tal.

  • Jacobo Bergareche, en plena firma de ejemplares de 'Tío grande'.
  • -

P. ¿La IA es útil en la creación? ¿Puede llegar a ser una buena compañera de viaje si se usa bien, como todos estos avances tecnológicos? ¿O directamente hay que descartarla, hay que abominar de ella y todo esto que se está hablando de forma apocalíptica?

R. Yo creo que a mí me ayuda mucho, la verdad. Me ayuda a tomar notas, me ayuda a recurrir multas de tráfico, me ayuda a no tener que leerme todos mis mails, porque me resume lo que tengan que decir... O sea, a mí me hace muchas cosas, muchas tareas, mucho más fáciles, ¿no? Porque todos los días me llegan 50.000 mails, y ya es que pongo a la IA a contestarlos. Y así un montón de historias. Pero para escribir, hombre, si quieres hacer textos originales, es mejor escribir tú mismo. Elegir tú los temas y pulirlos.

P. En cualquier caso, ¿tampoco hay que ser tan apocalíptico en cuanto a que pueda reemplazar la creatividad, las emociones, la sensibilidad humana?

R. Creo que va a reemplazar a la mala literatura, o sea, a la literatura de fórmula, ¿sabes? Los malos thrillers y algunas cosas como de época, o folletines y tal. Todo eso en lo que da igual quién sea el autor y todo es como lo mismo, intercambiable; eso se lo comerá. Igual que cuando se inventa la fotografía la pintura tiene que dejar de intentar ser realista para explorar otras cosas que la fotografía no puede hacer, lo mismo le va a pasar a la literatura: tiene que concentrarse en aquello que está fuera del alcance de la IA. Por ejemplo, la historia de Amadou: la IA no se va a ir a una selva de Guinea a contar su historia.

  • El autor, el pasado sábado, en un encuentro en El Laberinto, en Jerez.
  • -

P. Por cierto, ¿se seguirá celebrando ese torneo de mus? ¿Lo jugará Amadou?

R. Ya está todo el mundo inscrito, pero Amadou no. Amadou no juega al mus. No, no.

P. ¿Qué le gustaría que sintiera alguien que esté pasando un duelo y lea este ‘Tío grande’, cuando cierre el libro?

R. Pues saber que se puede volver a tener una vida con sentido y con felicidad, y que se puede volver a recordar sin dolor. Es un viaje muy largo y es un aprendizaje que requiere paciencia, pero que no piense que jamás volverá a ser feliz, porque no es así.

Pregunta. Al final este es un libro sobre el duelo, ¿no?

Respuesta. Pues sí. Es un libro sobre la muerte inesperada y violenta. Y mira, mucha gente a la que le han pasado cosas así ha venido a verme, se ha acercado y me ha dicho que una de las pocas cosas que le ayudan es leer.

"Ya me he perdonado casi todo"

P. La lectura, al final, como bálsamo.

R. Bueno, todos tratamos de buscar consuelo ante una muerte... la muerte es un vacío de sentido, un vaciado de sentido en nuestras vidas, donde todo se hace añicos y tienes que coger pegamento y arreglarlo todo para poder seguir viviendo. Las frases hechas, en plan “ánimo”... Cuando la gente te dice “ánimo”, tú no te animas. Es como cuando le dices a un enfermo “mejórate”: no se mejora. Pero la buena literatura sí que te da un consuelo y te da algo a lo que agarrarte, porque alguien ha pasado por ahí y te das cuenta de que no estás solo, y te está enseñando la luz que hay después de toda esa oscuridad.

  • Retrato del escritor madrileño.
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P. Cumple medio siglo de vida este 2026. ¿Es una buena edad para ajustar cuentas con uno mismo, o eso está ya superado?

R. Uno siempre tiene que hacer cuentas consigo mismo, ¿no? Me refiero, a cualquier edad, en cualquier momento. Y ya me he perdonado casi todo.

P. Justo este 2026 se cumplen también cinco años de que se publicó ‘Los días perfectos’, que de alguna manera fue un poco el gran alumbramiento. A esto de la literatura, como ha reconocido en varias ocasiones, ha llegado un poco tarde y con otros ingresos que no dependen necesariamente de la venta de su libro; no sé si ahí uno consigue lo más parecido a la libertad que se puede tener, o se lo ha tomado un poco como un ejercicio de autoayuda, como un hobby…

R. Al principio no sabes adónde te va a llevar, ¿sabes? Era como algo que yo necesitaba hacer para salir adelante. Y para dar sentido. La primera ambición en todo esto era darle sentido a lo que había pasado, y escribir, escribir, que es lo que siempre me había propuesto y nunca había hecho. Pero no estaba pensando que iba a acabar viviendo de eso; vamos, era como un sueño que ya no se iba a cumplir nunca.

P. Ya. No sé si, al final, esto de tener éxito en la literatura es simplemente publicar, tener cosas valiosas que contar y que alguien lo aprecie al otro lado.

R. Yo creo que sí, que lo único que importa... A ver, ganar dinero está muy bien, ¿eh? No nos engañemos, ¿no? Ganar dinero haciendo lo que te da la gana y lo que te gusta y tal, eso es una bendición. Pero, en términos de literatura, lo que importa es que lo que hagas tenga una cierta relevancia para los demás y que esa relevancia se extienda en el tiempo. Que dentro de unos años alguien lo pueda leer y no se le caiga de las manos, sino que todavía tenga algo que vibre para el lector dentro de muchos años.

"Los de Silicon Valley piensan que la inmortalidad se consigue tomando 17 pastillas diferentes; los escritores piensan que es exprimiéndose a uno mismo y tratando de que sea el texto el que viva"

P. Que siga ese latido y, qué sé yo, que le llegue a futuras generaciones.

R. Sí, es la única manera que tenemos de ser inmortales, ¿no? Los de Silicon Valley piensan que se consigue tomando 17 pastillas diferentes al día, alargando los telómeros y extrayéndole a todo el mundo el plasma, y los escritores piensan que es exprimiéndose a uno mismo y tratando de que sea el texto el que viva.

P. ¿Qué responde a las cartas que nunca encontraron respuesta sobre quién es hoy Jacobo Bergareche? ¿En qué le ha convertido este lustro desde ‘Los días perfectos’?

R. Pues no lo sé. O sea, no he tenido tiempo de...

P. No ha dado tiempo.

R. Ha sido todo tan vertiginoso que no he tenido tiempo de mirarme en el espejo, la verdad.

P. De todas maneras, ahora la editorial presenta este ‘Tío grande’ como su libro más personal. Eso ya es mucho decir, ¿no? Porque su literatura, si algo es, es muy personal.

R. Yo creo que... o sea, todo eso es marketing editorial. Es más personal Estaciones de regreso, primero, que soy yo hablando de mí mismo. Y en Tío grande, estoy hablando de otras personas, de Amadou y Hamada. De Hamada, que vive ahí, en Málaga y me hace mucha ilusión que vaya a venir a la presentación...

P. ¿Hacia dónde regresa su obra siempre? ¿Hay algún espacio de encuentro entre ellos?

R. Pues yo, la verdad... No te sé decir, porque a mí... o sea, como me gusta que vayan a sitios distintos… Yo no me dedico ni al thriller, ni a la fantasía, ni a la novela histórica; no estoy en ese tipo de géneros. Estoy muy ubicado, yo creo, en dos géneros, que son la novela contemporánea, la urbana, la de lo que nos pasa a todos, y luego el memoir, ¿no? O sea, una novela más memorística, que trabaja con la realidad, pues como Karl Ove, o como Carrère. O sea, como gente que no está utilizando autoficción, sino memoria. O sea, partes autobiográficas.

"Soy muy poco disciplinado, la verdad, pero sí soy obsesivo; al final, me tienen que retirar la custodia del 'bebé' para darlo por terminado"

P. En cuanto al proceso creativo, ¿cómo diría que es, especialmente obsesivo, muy metódico?

R. Pues soy muy poco disciplinado, la verdad, pero sí soy obsesivo. Intento que esté todo muy bien: me lo leo, me lo releo, lo sigo... Al final me tienen que retirar la custodia del bebé, para darlo por terminado, porque, si no, yo no lo acabaría.

P. Siempre hay algo que pulir, ¿no?

R. Sí, siempre voy puliendo y puliendo, y viendo que se puede contar mejor, que la prosa puede ser mejor. Como decía Borges, me gusta fatigar el párrafo.

  • Jacobo Bergareche posa con su nuevo libro, 'Tío grande'.
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P. Hemos empezado hablando, desgraciadamente, de esta plena actualidad de la tragedia inesperada, y hablaba del duelo, pero este libro también está de plena actualidad por la crisis migratoria que se sigue viviendo, aunque ahora parece que fuera de foco, en Ceuta. En fin, sé que abomina de lo panfletario y de esa literatura propagandística, pero sí me gustaría conocer su opinión y cómo hilar todo eso con la historia de Amadou, que explica, al final, crudamente, el duro periplo de los que llaman peyorativamente como menas.

R. Ya, pues... Hombre, yo trato de ser prudente, porque la migración es un fenómeno complejísimo. No es lo mismo la migración de Hispanoamérica que la migración subsahariana, que la migración magrebí; no es lo mismo la migración del este de Europa. Un porcentaje muy pequeño de gente llega en pateras, y nadando, muchísima... o por la valla, muchísima menos. Los menas no son ni un 1%. Entonces, cuando hablamos de todas esas cosas, hay que ponerlas en perspectiva y entender la complejidad que tiene el asunto. Y los escritores nos ocupamos del individuo, de la escala humana de las cosas. Si fuese economista, o sociólogo, o geógrafo que estudia la demografía, te podría hablar de todas esas cosas, pero no siéndolo... A los escritores les gusta mucho opinar de todo. Si me preguntan, yo prefiero ser un poco prudente, y de lo que no sé no opino. Solamente trato de transferir la experiencia de lo visto, sin juicio. El juicio se lo dejo al lector.

"Vivimos en una sociedad de la crueldad. Un tercio de los votantes agradece la crueldad: los emigrantes son probablemente el colectivo más débil y es muy fácil hacer de ellos la causa de todos los males"

P. De todas maneras, vivimos en una crisis, no sé si civilizatoria, de pérdida de valores, de empatía, de humanidad...

R. Está muy tasado y muy estudiado. Vivimos en una sociedad de la crueldad, amigo. Un tercio de los votantes agradece la crueldad. Esto está estudiado por los sociólogos. Lo que agradecen es tener a una persona, a un candidato que tenga un discurso cruel. O sea, que esté prometiendo que va a hacer daño y que se va a vengar de un colectivo, de un determinado colectivo, que es el otro. Y los emigrantes son probablemente el colectivo más débil de la sociedad, y el más desasistido y desamparado, y el que tiene menos derechos. Entonces, obviamente, es muy fácil hacer de ellos la causa de todos los males y ser cruel con ellos genera réditos políticos para los ultraderechistas, en general.

P. ¿Cómo fue llegar con Amadou a la aldea de la que él se marchó de niño? ¿Cómo le recibieron?

R. Pues, bueno, hay una cosa muy bonita, que es ver que alguien es reconocido en alguna parte: que alguien conoce a sus padres, a sus abuelos, que saben quién es, que saben quién fue de niño. O sea, que tiene un lugar en el mundo, que hay un lugar donde esa persona tiene una identidad y una dignidad por el simple hecho de pertenecer. Entonces, cuando lo ves, cuando ves al migrante de repente de vuelta a su casa, a su aldea, entiendes muchas cosas. Sobre todo, entiendes su sacrificio, ¿no? Y el vínculo que ha roto y que ha dejado detrás.

"El viaje de verdad es aquel del que no vuelves siendo la misma persona"

P. Es uno de esos viajes absolutamente transformadores, ¿no? Hoy en día, que volamos tanto, que vamos a tantos sitios, que vemos tantas cosas que ya nos suenan vistas, imagino que ese tipo de experiencias son las de verdad: uno vuelve y ya es otro, ¿no?

R. Sí, es un viaje que te cambia, porque te enseña realidades que no conocías, porque te cambia el punto de vista con respecto a muchas cosas. Todos somos turistas, y está muy bien, yo no soy antiturismo; me encanta ir a Florencia y ver a Botticelli y cosas de estas. Pero el viaje de verdad es aquel del que no vuelves siendo la misma persona, ¿sabes? Un viaje en el que realmente has visto algo nuevo que te cambia el punto de vista sobre las cosas, sobre el mundo en el que estás.

  • Un momento del encuentro de Jacobo Bergareche con los lectores, guiado por Adrián Otero, de Librería El Laberinto.
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P. Le he leído que asegura que el riesgo más grande es conocer la verdad de las cosas, pero la verdad es que no sé cómo podemos asumir ese riesgo hoy en día, cuando parece que todo lo que nos rodea, todo lo que nos tiene cercados, es la mentira, ¿no? Y no hablo ya solo de la política, sino de los propios estados personales de las redes sociales, las fake news, los deepfakes. La mentira parece que es lo que ya lo inunda todo en nuestra sociedad, ¿no?

R. Tenemos un problema grande con todo eso, pero quizás no sea diferente de lo que ha pasado en otras épocas, de otra manera. Nos han mentido también con las religiones y con muchas otras cosas, la cantidad de mentiras que la gente... hemos pasado una vida pensando que el mundo era plano; que había 27 dioses... Los hombres que tienen una vocación por conocer la verdad, yo creo que rascan más allá, ¿no?, y se preocupan de encontrarla. Y eso es como una pulsión que está muy dentro del ser humano, esa curiosidad y esa necesidad de encontrar la verdad. El problema es que te extirpen esas ganas de saber la verdad. Yo creo que el que busca la verdad termina acercándose a ella, ¿no?, y no se conforma con un deepfake o tal; lo tiene que ver con sus propios ojos.

"Cierro Instagram varios meses al año, por higiene mental; en la red veo trabajo"

P. Al final, uno puede prepararse una entrevista a un escritor con IA o, primero, adentrarse en su obra y, luego, documentarse de lo que haya podido ir dejando en otras entrevistas. Al final, en el fondo, el ser humano es muy vago, ¿no?

R. El ser humano es vaguísimo, está tasadísimo.

P. De redes no le he rebuscado, ¿las usa? ¿las tiene que usar por marketing...?

R. Yo las redes las uso, las uso. Solo uso Instagram —y Substack, una plataforma híbrida que combina la publicación de boletines informativos (newsletters), blogs y funciones de red social sin depender de algoritmos agresivos de escaneo continuo—, pero Instagram lo uso para convocar cursos, que para mí es una fuente de ingresos, y para difundir también mi obra. Pero la cosa es que las cierro. Siempre hay un botón, que es suspender, en Instagram, con el que desaparece la red, y lo hago durante unos meses al año: por ejemplo, de junio a septiembre siempre cierro o cancelo mis redes. Y luego en Navidad también, de diciembre hasta enero...

P. Por higiene mental, ¿no? Como si cerrara el quiosco…

R. Sí, por higiene mental, porque para mí es trabajo. En la red veo trabajo. Al final, pierdo mucho tiempo contestando a gente y tal.

  • Jacobo Bergareche, en plena firma de ejemplares de 'Tío grande'.
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P. ¿La IA es útil en la creación? ¿Puede llegar a ser una buena compañera de viaje si se usa bien, como todos estos avances tecnológicos? ¿O directamente hay que descartarla, hay que abominar de ella y todo esto que se está hablando de forma apocalíptica?

R. Yo creo que a mí me ayuda mucho, la verdad. Me ayuda a tomar notas, me ayuda a recurrir multas de tráfico, me ayuda a no tener que leerme todos mis mails, porque me resume lo que tengan que decir... O sea, a mí me hace muchas cosas, muchas tareas, mucho más fáciles, ¿no? Porque todos los días me llegan 50.000 mails, y ya es que pongo a la IA a contestarlos. Y así un montón de historias. Pero para escribir, hombre, si quieres hacer textos originales, es mejor escribir tú mismo. Elegir tú los temas y pulirlos.

P. En cualquier caso, ¿tampoco hay que ser tan apocalíptico en cuanto a que pueda reemplazar la creatividad, las emociones, la sensibilidad humana?

R. Creo que va a reemplazar a la mala literatura, o sea, a la literatura de fórmula, ¿sabes? Los malos thrillers y algunas cosas como de época, o folletines y tal. Todo eso en lo que da igual quién sea el autor y todo es como lo mismo, intercambiable; eso se lo comerá. Igual que cuando se inventa la fotografía la pintura tiene que dejar de intentar ser realista para explorar otras cosas que la fotografía no puede hacer, lo mismo le va a pasar a la literatura: tiene que concentrarse en aquello que está fuera del alcance de la IA. Por ejemplo, la historia de Amadou: la IA no se va a ir a una selva de Guinea a contar su historia.

  • El autor, el pasado sábado, en un encuentro en El Laberinto, en Jerez.
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P. Por cierto, ¿se seguirá celebrando ese torneo de mus? ¿Lo jugará Amadou?

R. Ya está todo el mundo inscrito, pero Amadou no. Amadou no juega al mus. No, no.

P. ¿Qué le gustaría que sintiera alguien que esté pasando un duelo y lea este ‘Tío grande’, cuando cierre el libro?

R. Pues saber que se puede volver a tener una vida con sentido y con felicidad, y que se puede volver a recordar sin dolor. Es un viaje muy largo y es un aprendizaje que requiere paciencia, pero que no piense que jamás volverá a ser feliz, porque no es así.

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