Concierto Ismael Jordi, tenor. Leonor Bonilla, soprano. Orquesta Filarmónica de Málaga. José María Moreno (dirección musical). Teatro Villamarta, sábado 11 de abril de 2026.
Esta actuación supone el regreso al Teatro Villamarta del tenor jerezano Ismael Jordi tras su concierto en homenaje a Luis Mariano del 12 de octubre de 2023. Es decir, han transcurrido dos años y medio, un lapso de tiempo prolongado teniendo en cuenta que su presencia en el coliseo de su ciudad natal ha sido muy habitual en los últimos veintiseis años. En esta ocasión acude al encuentro del que puede considerarse su teatro acompañado de la soprano sevillana Leonor Bonilla para celebrar, precisamente, el primer cuarto de siglo de su carrera lírica. La ovación con la que fue recibido por el público antes de que emitiera una sola nota tenía una efusión y un calor más propio de un final de concierto, y revelaba que tenía el teatro rendido a sus pies de antemano.
Como se decía, Jordi cuenta con la ventaja (o el inconveniente, según se vea) de un público entregado, conocedor de la evolución de su carrera dada la continuada relación con el teatro, que preside simbólicamente a través de su retrato, vestido como el Duque de Mantua en Rigoletto, instalado en un lugar destacado del vestíbulo.
El caudal sonoro de Ismael Jordi es relativamente limitado, lo que, por otra parte, es habitual en tenores lírico-ligeros como él, pero queda compensado por una emisión controlada, una ortodoxa línea de canto, un elegante y nítido fraseo y un eficaz manejo de los reguladores. En definitiva, un dominio sobrado de elementos técnicos que muestran una hábil utilización del material recibido por naturaleza, En todo caso, medios más que sobrados para asumir el repertorio que se propone en el programa de este concierto: Bel Canto italiano (Donizetti), romanticismo francés (Gounod y Massenet) y zarzuela (Vives, Soutullo y Vert, Penella y Sorozábal). Jordi cautivó al público con frases impecablemente construidas, en las que mostró su control de las dinámicas, diminuendi, medias voces, rubato y otras destrezas que demuestran su dominio del arte del canto, con influencias de modelos incuestionables como Teresa Berganza y Alfredo Kraus. En un nivel similar, e incluso superior, estuvo la soprano sevillana Leonor Bonilla con su timbre luminoso y redondo, una emisión estable, una sobresaliente flexibilidad vocal, su control de toda la gama del registro, la elegancia del legato y el dominio de los reguladores hasta casi apoderarse de la función a pesar de tratarse de la artista invitada.
No es un resumen de su carrera
El programa no ha pretendido ser un resumen de los hitos más importantes de estos primeros 25 años de la trayectoria profesional de Ismael Jordi, pero se ha detenido en alguno de los capítulos esenciales de su carrera con la brillante colaboración de Leonor Bonilla. Vamos a organizar el comentario del concierto no por el orden estricto en que fueron interpretadas las piezas, que, por cierto, estuvo alterado con respecto al inicialmente anunciado, sino por el tipo de repertorio ofrecido e intentando realizar algunos comentarios sobre la ya larga carrera del tenor.
El debut de Jordi en un papel operístico fue en Jerez con Don Pasquale de Donizetti en 2000, año en el que también había interpretado aquí su primer protagonista de zarzuela, en Katiuska de Sorozábal. Con la obertura de esta ópera dio comienzo la velada mostrando la calidad de la Orquesta Filarmónica de Málaga y la destreza de José María Moreno en la dirección. La página, que cita los temas principales de la obra, tiene algunos solos para diversos instrumentos que ayudan al lucimiento de la orquesta, muy adecuada en el enfoque estilístico de Donizetti, el autor más presente en el programa de este concierto. Es una acertada elección dado que la carrera del tenor jerezano está llena de acontecimientos brillantes asociados a grandes interpretaciones de óperas de compositor de Bérgamo, quizás el creador que mejor se adapta a su voz: Lucrezia Borgia, que interpretó junto a Edita Gruberova en Bayerische Staatsoper de Munich y acompañando a June Anderson en Lieja; Anna Bolena con Anna Netrebko en Opernhaus de Zurich, y en Frankfurt, Lieja, Avignon y Sevilla; Le Duc d´Alba en la Ópera de Flandes; L’elisir d’amore en Berlín, Madrid, Oviedo, Sevilla, Málaga y Jerez; Maria Stuarda con Joyce DiDonato en la Royal Opera House de Londres; Roberto Devereux con Mariella Devia en el Teatro Real de Madrid; Linda di Chamounix en la Ópera de Roma y en el Liceu de Barcelona; Don Pasquale en Berna, Berlín, Sevilla, Córdoba y Jerez; Lucia di Lammermoor en Ámsterdam, Nápoles, Londres, Zurich, Berlín, Dresde, Bucarest, Tokyo, Monte-Carlo, Madrid, Barcelona y Murcia; y La Favorita, ópera en la que ha debutado en Málaga no hace demasiado tiempo.
De Donizetti interpretó dos arias “Tombe degli avi miei” de Lucia di Lammemoor, y “Una furtiva lacrima” de L’elisir d’amore. Edgardo y Nemorino son dos de las indiscutibles especialidades de Ismael Jordi y, una vez más, quedó demostrado por su amplio dominio de las exigencias musicales y expresivas de las dos páginas, en las que el enfoque interpretativo sigue la estela del maestro Kraus. Estuvo más cómodo en la segunda que en la primera, más exigente y además ofrecida al inicio del recital, cuando la voz todavía no estaba colocada del todo y el registro más agudo se emitió con cierta tensión. El retrato se completó con dos dúos correspondientes a las mismas obras: “Qui di spose eterna fede” de Lucia di Lammemoor, y “Caro elisir sei mio” de L’elisir d’amore, en los que Jordi y Bonilla no sólo cantaron de modo cómplice sino que interpretaron la situación teatral de sus personajes como si se tratara de una versión escenificada. Estuvieron acertados tanto demostrando el amor obsesivo de Edgardo y Lucia como los avances y retrocesos cómicos de Nemorino en la conquista de Adina.
Completando el bloque de Donizetti, Leonor Bonilla interpretó de forma muy brillante dos arias de dificultad técnica extrema: “Regnava del Silenzio” de Lucia di Lammemoor, y “O luce di quest’anima” de Linda di Chamounix. En ambas, la soprano demostró una precisión sobresaliente en la afinación, las agilidades, los reguladores, el fraseo y la emisión. Fueron dos de los momentos más destacados del concierto.
La ópera francesa impera los últimos años
Volviendo a la carrera de Ismael Jordi, el repertorio del tenor incluye otros compositores del catálogo belcantista de los que, sin embargo, no se ofreció ningún ejemplo en este concierto: Il Barbiere di Siviglia de Rossini en Berlín, Burdeos y Jerez (ópera que ya ha apartado de su repertorio); Stabat Mater de Rossini en Amberes, Gante, Madrid y Festival de Canarias; I Capuleti e I Montecchi de Bellini en el Teatro Arriaga de Bilbao. Asimismo, Jordi ha cantado tres obras de Giuseppe Verdi de las que dos han quedado también fuera de la velada reseñada: Rigoletto, que ha interpretado en Zurich, Hamburgo, Avignon, Macerata, Bilbao, Jerez o Sevilla; y Falstaff en Berlín. Un lugar especial ha tenido La Traviata en su carrera, de la que se ha ofrecido como propina el recurrente Brindis junto a Leonor Bonilla al final del concierto. Jordi ha cantado Alfredo Germont en el Teatro La Fenice de Venecia bajo la dirección de Nello Santi (en su función número 100 de esta obra), en Viena, París, Londres, Nápoles, Marsella, Burdeos, Hamburgo, Berlín, Ámsterdam, Barcelona, Oviedo, A Coruña, Sevilla, Palma de Mallorca, Valencia y Jerez.
Ismael Jordi ha reservado en los últimos años un espacio importante a la ópera francesa, con Manon de Massenet, en Gante, Amberes, Lieja y Seul; Faust de Gounod, en Madrid y Jerez; Roméo et Juliette de Gounod en Ámsterdam, Montreal, Atenas y Jerez; Les Contes d’Hoffmann de Offenbach en el Liceu de Barcelona; y Mignon de Thomas en la Opéra Comique Salle Favart de París. De este repertorio ofreció “Pourquoi me révellier”, de Werther de Massenet, una de las obras referenciales de su maestro Alfredo Graus; y el dúo “Nuit d’hyménée” del cuatro acto de Roméo et Juliette de Gounod, en el que la interpretación junto a Leonor Bonilla alcanzó gran efusividad canora. La soprano completó el bloque francés con otra página de esta misma ópera, “Dieu! Quel frisson court dans mes veines?”, servida a la perfección tanto a nivel vocal como interpretativo, constituyendo el momento álgido del concierto desde el punto de vista musical, dada la intensidad expresiva, la cuidada línea, de canto, la nitidez del fraseo, el absoluto dominio de los reguladores y el control de la emisión.
El último tramo del recital estuvo ocupado por la zarzuela, a la que Ismael Jordi ha dedicado esfuerzos con obras como Katiuska de Sorozábal en el Teatro Villamarta de Jerez; Doña Francisquita de Vives en Madrid, Toulouse, Lausanne, Sevilla, Córdoba y Jerez; Los Gavilanes de Guerrero en el Teatro Arriaga de Bilbao; La Generala de Vives en el Teatro de la Zarzuela de Madrid; y Marina de Arrieta hace apenas un mes en el Teatro de la Maestranza de Sevilla. Este último bloque fue precedido por el Intermedio de La Boda de Luis Alonso de Giménez, una página brillante que es éxito asegurado para un director y orquesta que entiendan el singular estilo de este compositor, como fue el caso.
Hitos de una extensa carrera
Ismael Jordi interpretó dos romanzas: una dentro del programa (“Bella enamorada” de El Último Romántico de Soutullo y Vert) y otra como propina o encore (“No puede ser” de La tabernera del puerto de Sorozábal). Ambas fueron interpretadas de modo extrovertido e intenso, con la voz proyectada al máximo en algunos pasajes, aunque sin descuidar los reguladores esperables en estas partituras. En conjunto, el tenor mostró en la primera parte del concierto cierta inhibición en la emisión y alguna tensión en el registro más agudo, que en la segunda parte se transformó en una proyección más fluida y relajada.
El bloque de zarzuela fue completado por el dúo “Me llamabas Rafaelillo” de El Gato Montés de Penella (aunque formalmente sea una ópera), en el que, afortunadamente, el contar con una soprano sevillana y un tenor jerezano aseguraba que no hubiese pronunciaciones del acento andaluz forzadas como las que se han dado en algunas interpretaciones de esta obra que han llegado a la caricatura. Asimismo, también se incluyó la “Canción del Ruiseñor” de Doña Francisquita de Vives, en la que Leonor Bonilla volvió a demostrar sus múltiples y sobresaliente cualidades musicales e interpretativas.
Mención especial merece el director musical, José María Moreno, muy atento a las necesidades de los cantantes en lo que se refiere al fraseo y al fiato, con los que compartió musicalidad y adecuación estilística en las piezas que conformaron el programa, obteniendo óptimos resultados de la prestación de la Orquesta Filarmónica de Málaga, especialmente destacada en “Nuit d’hyménée” de Roméo et Juliette de Gounod. El director, asimismo, asumió la frase de Cardona incluida en la “Canción del Ruiseñor” y se permitió, con simpatía, cantar una pequeña parte en el Brindis de La Traviata ofrecido como regalo final del concierto.
Las piezas de programa se prestaban a recordar algunos de hitos de la carrera de Ismael Jordi y al lucimiento de la soprano y tenor que, no obstante, tenían al público conquistado de antemano. Sus interpretaciones respondieron a las expectativas en un recital atractivo, en el que habría que destacar la inteligente elección de un repertorio adecuado a sus medios vocales, dosificado de un modo que reveló el conocimiento que ambos tienen de sus recursos. En definitiva, un logro más en las carreras de Bonilla y Jordi.
