Hitos de Cádiz

Monumento a Santa Rosa de Lima, Parque Genovés en Cádiz

El monumento fue inaugurado en 1974 a modo de homenaje a la patrona de los jardineros, de manos del artista venezolano Rafael Parodi Cebada

  • Monumento a Santa Rosa de Lima, vista general.

El monumento a Santa Rosa de Lima, situado en una glorieta del Parque Genovés, fue inaugurado en 1974 como homenaje a la patrona de los jardineros.

Es obra de Rafael Parodi Cebada, nacido en Caracas (Venezuela) en 1914. Hijo de padres gaditanos, arribó a Cádiz antes de cumplir los cinco años; por su trayectoria vital y profesional, es un artista plenamente integrado en la ciudad.

Fue un creador de carácter polifacético: profesor de dibujo, caricaturista y periodista (colaboró en La Voz del Sur, La Información del Lunes y Diario de Cádiz). Asimismo, fue un hombre muy vinculado a la radio: uno de los fundadores de Radio Juventud, emisora en la que desempeñó los cargos de jefe de programación y subdirector.

  • Monumento a Santa Rosa de Lima, vista frontal
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Como dramaturgo, entre sus obras sobresalen ¡Me suicido a las cuatro! (1939), Penumbra (1945), El barón es un frescales (1945), Siete feas y un millón (1946) y Cuesta de las Calesas (1948), esta última en colaboración con Antonio Escobar Perera.

Rafael Parodi Cebada no fue únicamente profesor de dibujo, sino que desarrolló una carrera docente especializada en las enseñanzas artísticas. En 1968 ejerció como profesor de «Modelado y Vaciado» en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Cádiz, centro del que llegó a ser director desde 1971.

Su actividad docente se relaciona con su práctica escultórica. Aunque esta última es menos conocida, dejó varias obras en el espacio público gaditano además de este monumento a Santa Rosa de Lima: la escultura de Neptuno en el Club Caleta, y los bustos de Antonio Accame (en la plaza de Mina) y de Francisco Prieto (en la Alameda).

  • Monumento a Santa Rosa de Lima, vista angular delantera derecha
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La ejecución de esta obra en 1974 sitúa su realización dentro de la producción de madurez de Parodi. La escultura fue restaurada por la también escultora y profesora de la Escuela de Artes gaditana Marién Castro García, quien procedió a la reposición de las partes perdidas y a su limpieza en profundidad.

La representación corresponde a Santa Rosa de Lima (1586-1617), primera santa canonizada del continente americano y figura fundamental de la espiritualidad dominicana. Su iconografía tradicional se caracteriza por el uso del hábito de la Orden de Predicadores, su corona o guirnalda de rosas y la presencia de flores, un crucifijo o el Niño Jesús, entre otros elementos relacionados con su vida penitencial y mística.

  • Escultura Santa Rosa de Lima, vista angular delantera
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Tras sufrir su familia graves dificultades económicas, Rosa (cuyo nombre secular era Isabel Flores de Oliva) se dedicó a cultivar un huerto y un jardín de flores en el patio de su casa materna en Lima. Las flores que cosechaba —especialmente rosas— las vendía en la ciudad para contribuir activamente al sustento familiar y para financiar sus obras de caridad.

Aunque fue bautizada como Isabel, desde pequeña comenzaron a llamarla Rosa por la belleza y frescura de su rostro. Cuando tomó el hábito como terciaria dominica, asumió formalmente el nombre de Rosa de Santa María.

En 1630 se le otorgó el título de «venerable» y el 10 de mayo de 1667 el papa Clemente IX la beatificó; más tarde, en 1671, fue canonizada por el papa Clemente X, momento en que la Iglesia la proclamó como la «primera flor de santidad de América», lo que afianzó aún más su vinculación simbólica con el mundo floral. Su patronazgo sobre la jardinería se fundamenta en la estrecha relación que tuvo con las plantas y las flores durante su vida, tanto en el ámbito cotidiano como en el plano espiritual.

  • Escultura Santa Rosa de Lima, vista frontal
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La solución de Parodi para la escultura del Parque Genovés se aleja de las representaciones barrocas más exuberantes de Santa Rosa: la santa aparece como una figura femenina de pie, ataviada con el hábito religioso y los atributos florales propios de su iconografía.

Se trata de una escultura de bulto redondo, de cuerpo entero, concebida para ser vista desde múltiples ángulos, aunque es frontalmente donde mejor se aprecia la composición. Es una estatua de jardín o monumento devocional realizada en piedra artificial a base de una mezcla de marmolina y cemento.

  • Escultura de Santa Rosa de Lima, vista lateral derecha
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Estilísticamente, muestra una mezcla de elementos tradicionales y cierto esquematismo en la ejecución. Las facciones del rostro son algo rígidas y los pliegues del hábito, geométricos y simplificados.

  • Escultura de Santa Rosa de Lima, vista frontal, detalle superior
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La figura se alza en una pose hierática y simétrica. El peso del cuerpo se distribuye uniformemente sobre ambas piernas, lo que otorga una sensación de estabilidad y solemnidad. Los brazos están flexionados para sostener las flores, lo que crea un punto focal en el centro del pecho. 

  • Escultura de Santa Rosa de Lima, detalle rostro
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  • Escultura de Santa Rosa de Lima, detalle ramo de flores
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La cabeza está ligeramente inclinada hacia delante, para acentuar su carácter humilde. Los pliegues de la túnica caen verticalmente, enfatizando la altura y la dignidad de la representación.

  • Escultura de Santa Rosa de Lima, vista lateral izquierda
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El contorno es definido, cerrado y compacto, con pocas proyecciones hacia el exterior más allá de la silueta general del cuerpo.

  • Escultura de Santa Rosa de Lima, contorno y eje simetría
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La textura de la escultura es lisa; sin embargo, la piedra artificial muestra cierta porosidad y signos evidentes de desgaste, erosión, pátina y suciedad acumulada, lo que le confiere un aspecto antiguo y venerable.

  • Escultura de Santa Rosa de Lima, vista frontal, detalle inferior y plac

La escultura descansa sobre un pedestal que emerge del lecho floral y actúa como una transición armónica entre la naturaleza viva y la escultura de piedra. Es de base cuadrada, con molduras sencillas tanto en la base como en la cornisa superior, lo que le da un aspecto clásico y sobrio. Además, está revestido en mármol, en el que la presencia de vetas naturales crea un patrón orgánico y pictórico único que contrasta con la rigidez geométrica del bloque tallado.

  • Monumento a Santa Rosa de Lima, pedestal
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En la parte inferior del frontal de la imagen es visible una placa conmemorativa e inscripción, aunque resulta totalmente ilegible.

La obra de Parodi se inserta en la tradición de la escultura religiosa gaditana y refleja diversos aspectos históricos y artísticos: la pervivencia de la iconografía de los santos en el espacio público, la función ornamental y devocional de los jardines, y la producción escultórica de artistas locales que compaginaban la práctica artística con otras actividades culturales.

  • Escultura de Santa Rosa de Lima, vista angular trasera derecha
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Su Santa Rosa permite estudiar una corriente de escultura figurativa religiosa que permaneció activa en Cádiz durante la segunda mitad del siglo XX, pero que se distanció considerablemente de la retórica monumental de las primeras décadas. Es un testimonio de la devoción popular y del gusto estético de una época pasada en el ámbito urbano. Su valor patrimonial más allá de su importancia artística, radica en su función social y conmemorativa, siendo parte de la identidad visual del lugar donde se encuentra. 

El monumento a Santa Rosa de Lima, situado en una glorieta del Parque Genovés, fue inaugurado en 1974 como homenaje a la patrona de los jardineros.

Es obra de Rafael Parodi Cebada, nacido en Caracas (Venezuela) en 1914. Hijo de padres gaditanos, arribó a Cádiz antes de cumplir los cinco años; por su trayectoria vital y profesional, es un artista plenamente integrado en la ciudad.

Fue un creador de carácter polifacético: profesor de dibujo, caricaturista y periodista (colaboró en La Voz del Sur, La Información del Lunes y Diario de Cádiz). Asimismo, fue un hombre muy vinculado a la radio: uno de los fundadores de Radio Juventud, emisora en la que desempeñó los cargos de jefe de programación y subdirector.

  • Monumento a Santa Rosa de Lima, vista frontal
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Como dramaturgo, entre sus obras sobresalen ¡Me suicido a las cuatro! (1939), Penumbra (1945), El barón es un frescales (1945), Siete feas y un millón (1946) y Cuesta de las Calesas (1948), esta última en colaboración con Antonio Escobar Perera.

Rafael Parodi Cebada no fue únicamente profesor de dibujo, sino que desarrolló una carrera docente especializada en las enseñanzas artísticas. En 1968 ejerció como profesor de «Modelado y Vaciado» en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Cádiz, centro del que llegó a ser director desde 1971.

Su actividad docente se relaciona con su práctica escultórica. Aunque esta última es menos conocida, dejó varias obras en el espacio público gaditano además de este monumento a Santa Rosa de Lima: la escultura de Neptuno en el Club Caleta, y los bustos de Antonio Accame (en la plaza de Mina) y de Francisco Prieto (en la Alameda).

  • Monumento a Santa Rosa de Lima, vista angular delantera derecha
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La ejecución de esta obra en 1974 sitúa su realización dentro de la producción de madurez de Parodi. La escultura fue restaurada por la también escultora y profesora de la Escuela de Artes gaditana Marién Castro García, quien procedió a la reposición de las partes perdidas y a su limpieza en profundidad.

La representación corresponde a Santa Rosa de Lima (1586-1617), primera santa canonizada del continente americano y figura fundamental de la espiritualidad dominicana. Su iconografía tradicional se caracteriza por el uso del hábito de la Orden de Predicadores, su corona o guirnalda de rosas y la presencia de flores, un crucifijo o el Niño Jesús, entre otros elementos relacionados con su vida penitencial y mística.

  • Escultura Santa Rosa de Lima, vista angular delantera
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Tras sufrir su familia graves dificultades económicas, Rosa (cuyo nombre secular era Isabel Flores de Oliva) se dedicó a cultivar un huerto y un jardín de flores en el patio de su casa materna en Lima. Las flores que cosechaba —especialmente rosas— las vendía en la ciudad para contribuir activamente al sustento familiar y para financiar sus obras de caridad.

Aunque fue bautizada como Isabel, desde pequeña comenzaron a llamarla Rosa por la belleza y frescura de su rostro. Cuando tomó el hábito como terciaria dominica, asumió formalmente el nombre de Rosa de Santa María.

En 1630 se le otorgó el título de «venerable» y el 10 de mayo de 1667 el papa Clemente IX la beatificó; más tarde, en 1671, fue canonizada por el papa Clemente X, momento en que la Iglesia la proclamó como la «primera flor de santidad de América», lo que afianzó aún más su vinculación simbólica con el mundo floral. Su patronazgo sobre la jardinería se fundamenta en la estrecha relación que tuvo con las plantas y las flores durante su vida, tanto en el ámbito cotidiano como en el plano espiritual.

  • Escultura Santa Rosa de Lima, vista frontal
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La solución de Parodi para la escultura del Parque Genovés se aleja de las representaciones barrocas más exuberantes de Santa Rosa: la santa aparece como una figura femenina de pie, ataviada con el hábito religioso y los atributos florales propios de su iconografía.

Se trata de una escultura de bulto redondo, de cuerpo entero, concebida para ser vista desde múltiples ángulos, aunque es frontalmente donde mejor se aprecia la composición. Es una estatua de jardín o monumento devocional realizada en piedra artificial a base de una mezcla de marmolina y cemento.

  • Escultura de Santa Rosa de Lima, vista lateral derecha
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Estilísticamente, muestra una mezcla de elementos tradicionales y cierto esquematismo en la ejecución. Las facciones del rostro son algo rígidas y los pliegues del hábito, geométricos y simplificados.

  • Escultura de Santa Rosa de Lima, vista frontal, detalle superior
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La figura se alza en una pose hierática y simétrica. El peso del cuerpo se distribuye uniformemente sobre ambas piernas, lo que otorga una sensación de estabilidad y solemnidad. Los brazos están flexionados para sostener las flores, lo que crea un punto focal en el centro del pecho. 

  • Escultura de Santa Rosa de Lima, detalle rostro
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  • Escultura de Santa Rosa de Lima, detalle ramo de flores
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La cabeza está ligeramente inclinada hacia delante, para acentuar su carácter humilde. Los pliegues de la túnica caen verticalmente, enfatizando la altura y la dignidad de la representación.

  • Escultura de Santa Rosa de Lima, vista lateral izquierda
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El contorno es definido, cerrado y compacto, con pocas proyecciones hacia el exterior más allá de la silueta general del cuerpo.

  • Escultura de Santa Rosa de Lima, contorno y eje simetría
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La textura de la escultura es lisa; sin embargo, la piedra artificial muestra cierta porosidad y signos evidentes de desgaste, erosión, pátina y suciedad acumulada, lo que le confiere un aspecto antiguo y venerable.

  • Escultura de Santa Rosa de Lima, vista frontal, detalle inferior y plac

La escultura descansa sobre un pedestal que emerge del lecho floral y actúa como una transición armónica entre la naturaleza viva y la escultura de piedra. Es de base cuadrada, con molduras sencillas tanto en la base como en la cornisa superior, lo que le da un aspecto clásico y sobrio. Además, está revestido en mármol, en el que la presencia de vetas naturales crea un patrón orgánico y pictórico único que contrasta con la rigidez geométrica del bloque tallado.

  • Monumento a Santa Rosa de Lima, pedestal
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En la parte inferior del frontal de la imagen es visible una placa conmemorativa e inscripción, aunque resulta totalmente ilegible.

La obra de Parodi se inserta en la tradición de la escultura religiosa gaditana y refleja diversos aspectos históricos y artísticos: la pervivencia de la iconografía de los santos en el espacio público, la función ornamental y devocional de los jardines, y la producción escultórica de artistas locales que compaginaban la práctica artística con otras actividades culturales.

  • Escultura de Santa Rosa de Lima, vista angular trasera derecha
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Su Santa Rosa permite estudiar una corriente de escultura figurativa religiosa que permaneció activa en Cádiz durante la segunda mitad del siglo XX, pero que se distanció considerablemente de la retórica monumental de las primeras décadas. Es un testimonio de la devoción popular y del gusto estético de una época pasada en el ámbito urbano. Su valor patrimonial más allá de su importancia artística, radica en su función social y conmemorativa, siendo parte de la identidad visual del lugar donde se encuentra. 

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