Estas esculturas forman parte de esos conjuntos que para decorar parques, plazas y jardines (privados o públicos) se pusieron de moda en muchas de nuestras ciudades en la segunda mitad del S. XX e inicios del S. XX.
En el interior de los jardines de la plaza de Candelaria de Cádiz, siguiendo la moda del momento, se colocaron a inicios del pasado siglo (quizás coincidiendo con la reforma de su pavimento realizada en 1903) cuatro esculturas de mármol blanco. Simbolizando las estaciones del año, son obras de bulto redondo, de autor desconocido, realizadas quizás por talleres artesanales, y de tamaño algo menor que el natural, situadas sobre pilares cuadrangulares; retiradas a inicios de este siglo XXI, fueron respuestas tras su restauración, en 2009.
La alegoría de la primavera, se sitúa cercana a la esquina de la c/Sacramento, siguiendo el sentido de las agujas del reloj y el orden natural, la del verano cercana a la de la c/Montañés, la del otoño a la C/Santo Cristo y la de invierno a la de la c/ Nicaragua.
La primavera y el verano se representan con figuras femeninas y las estaciones del otoño y el invierno con figuras masculinas, ataviadas con ropajes clásicos y los símbolos de cada estación, siguen el modelo iconográfico propio de la época para la decoración de parques y jardines.
La alegoría de primavera, de la plaza de Candelaria de Cádiz, se representa con una mujer portando flores, en referencia a Flora, diosa romana de las flores, los jardines y la primavera, de cuerpo entero, posición frontal y con un suave contraposto la pierna izquierda retrasada y el pie orientada en 45º. Viste una túnica a media pierna anudada a la cintura, dejándole al descubierto el tronco. Sobre la cadera derecha apoya un ramillete o guirnalda de flores sostenido por el brazo izquierdo que cruza por delante de la cintura. La cabeza, ligeramente girada a la izquierda, con la mirada al frente e inexpresivos rasgos, aparece tocada por una abundante melena, tratada a base de amplios y poco profundos, ceñida por corona floral, que cae hacia delante de los hombros. El drapeado de la túnica es tratado con escasos pliegues, suaves y poco profundos. La escultura presenta un contorno cerrado, con escasos espacios abiertos, en los brazos (separados del tronco, más en el izquierdo) y en las piernas.
La alegoría del verano, se representa con una mujer portando un ramo de espigas de cereal, en referencia a Ceres, diosa romana de la agricultura, las cosechas y la fecundidad; de cuerpo entero, posición frontal y con un suave contraposto. Con la pierna izquierda ligeramente retrasada. Va ataviada con una túnica, anudada a la cadera, deja desnudo el tronco y la parte delantera de los pies. Su brazo flexionado sujeta en su mano izquierda sobre la cadera un haz de espigas El brazo derecho extendido, sujeta en su mano, el mango de una hoz. Este brazo casi pegado al cuerpo deja solo dos pequeños espacios abiertos a altura de la cintura y cadera; configurada casi una escultura bloque y de contorno cerrado. En la visión lateral izquierda, la frontalidad de la figura desaparece con la postura de pierna y el codo. El rostro adolece de escasa expresividad, la cabeza, con la mirada al frente, aparece tocada por una abundante melena ceñida por una coleta en la zona dorsal, tratada a base de mechones paralelos y poco profundos. El drapeado de la túnica es tratado con pliegues suaves y ondulados.
La alegoría del otoño, de la plaza de Candelaria, de Cádiz, se representa como un hombre joven, portando un racimo de uvas, en referencia a Dionisios, el dios griego del vino y de la vendimia, representado de manera frontal, de cuerpo entero y ligero contraposto. La pierna derecha adelantada y ligeramente flexionada, su pie levemente orientado a la derecha. Viste túnica a media pierna sujeta sobre el hombro derecho, con pliegues verticales, en la parte derecha el drapeado conforma meandros provocando una asimetría en la vestimenta. La sujeción asimétrica de la túnica, deja gran parte del torso desnudo, dejando en el lateral pliegues verticales que evolucionan a curvos hacia la cintura. El brazo derecho extendido se separa progresivamente del cuerpo, sujeta con su mano un gran racimo de uvas. Creando un espacio abierto en el contorno, otro espacio abierto lo genera el brazo derecho semiflexionado con su mano apoyada grácilmente sobre la cadera. El símbolo de la vendimia se utiliza a modo de cinta triunfal, sobre el cabello corto y con mechones amplios poco marcados. El rostro es inexpresivo, la cabeza se gira y baja levemente a la izquierda. El soporte de la escultura imita en su textura a un tronco, dejando totalmente exenta a la pierna, que parece apoyada en él. La obra de marcado carácter clasicista, aparece dinámica y llena de vitalidad.
La alegoría del invierno, se representa como un hombre anciano, barbudo y encapuchado, quizás en representación de Boreas, dios griego del viento del norte, violento y gélido. Representado de cuerpo entero y posición frontal. La pierna derecha, flexionada y adelantada, se marca bajo las telas de la túnica, en un suave contraposto, los brazos, igualmente marcados bajo las telas, flexionados se recogen sobre el pecho, mostrando solo las manos que sujetan la vestimenta, en la base aparecen los dedos de los pies. La cabeza se inclina a la izquierda, aparece cubierta, dejando solo ver el rostro delgado y arrugado del anciano y el inicio del cabello sobre la frente y la barba rizada, tratados con mechones profundos, que provocan claroscuros, en una escultura de talla muy plana. Carece la figura de espacios abiertos, es una estatua bloque de contorno irregular, su visión lateral, permite observa una cierta inclinación hacia delante. El drapeado muestra un tratamiento de pliegues paralelos, en gran parte verticales dando a la imagen una sensación de quietud.
