José María Velázquez-Gaztelu: "La llegada de los gitanos a Andalucía fue decisiva para la creación del flamenco"

El escritor, poeta y periodista José María Velázquez-Gaztelu traza un relato íntimo sobre cómo el pueblo gitano transformó la música andaluza en arte universal en el Festival Flamenco de Nimes 2026

Jose Maria Velazquez Gaztelu Festival Flamenco Nimes 2026
17 de enero de 2026 a las 10:21h

La tercera jornada del Festival Flamenco de Nimes en 2026 comenzaba bien temprano. En el café-bar del Teatro Bernadette Lafont la organización del evento proponía como actividad paralela una más que interesante conferencia: La presencia de los gitanos en Rito y Geografía del Cante. Pronunciada, obviamente, por José María Velázquez-Gaztelu, alma mater de esta colección imprescindible, el encuentro conmemoraba los 600 años de la llegada de los gitanos a España, situando su papel como eje fundamental en la formación del arte flamenco.

Ante esta tesitura, Velázquez-Gaztelu trazaba un recorrido histórico y cultural que arrancó en el noroeste de la India, punto de partida de la gran diáspora gitana y origen del romaní, lengua cuya relación idiomática resulta determinante para comprender ese viaje. La entrada de los gitanos en Europa fue presentada como un momento crucial. De nómadas y guerreros eventuales, pasaron a peregrinos impenitentes que buscaban compasión y redención, en un proceso que marcaría para siempre sus circunstancias vitales.

Jose María Velázquez-Gaztelu junto a la traductora Nadia Messaoudi durante la conferencia realizada en el Festival Flamenco de Nimes. Sandy Korzekwa. 

Hace 600 años, recordó el conferenciante, los gitanos llegaron en grandes caravanas, a caballo o a pie. En torno a ellos creció una mitología propia del espíritu de la época: harapos convertidos en vestuarios, títulos de reyes y príncipes adoptados por los sin nombre, y huestes avaladas por cédulas reales, salvoconductos ducales e incluso cartas papales. En su periplo, se dirigieron a lugares clave del cristianismo como Roma, Notre-Dame, Mont Saint-Michel o Santiago de Compostela. Los títulos de condes o duques, explicó, no fueron más que estrategias de presentación ante las Cortes europeas para facilitar su estancia en el continente.

Velázquez-Gaztelu interpretó este giro como una acción mimética destinada a atraer la simpatía de una civilización ajena. El gitano, habituado al campo abierto y a un nomadismo casi salvaje, se encontró de pronto ante la gran ciudad europea, con un sistema social completamente distinto. La adaptación, sin embargo, fue insostenible. Al caer la máscara, comenzaron las pragmáticas y leyes persecutorias, un proceso histórico que el conferenciante vinculó con la memoria de estos 600 años de presencia gitana en España.

De este modo, señalaba que el primer testimonio documentado se situó el 12 de enero de 1425, cuando un grupo procedente de Francia entró en Zaragoza declarando ser peregrinos. Alfonso V el Magnánimo ordenó entonces que fueran bien tratados y acogidos, según el documento entregado a Johannes de Egipto Menor, su capitán.

Rito y Geografía del Cante como documento musical y antropológico

Las ilustraciones musicales seleccionadas procedieron de la serie televisiva Rito y Geografía del Cante. En la primera, se mostró a gitanos de Portugal, cerca de la frontera con Extremadura, cantos arcaicos y primitivos ligados a ferias y al trato de animales.

Más allá de su interés musical, Velázquez-Gaztelu subrayó su valor antropológico, al reflejar una forma de vida posiblemente desaparecida. Grabados en los años setenta, esos cantos mezclaban portugués y romaní, y escapaban de los cauces comerciales.

Secuencia musical de gitanos de los Portugal cantando en ritmos protoflamencos.

El primer dato de la presencia gitana en Andalucía quedó fijado el 22 de noviembre de 1462, cuando Don Miguel Lucas de Iranzo recibió en Jaén a un grupo de unos cien gitanos encabezados por los condes del Pequeño Egipto, quienes fueron agasajados.

Fue en Andalucía donde, según el relato, los gitanos hallaron una tierra de provisión. Frente al continuo éxodo en otros territorios, aquí se produjo una conexión inmediata con el pueblo andaluz, favorecida por el clima, la música y una sabiduría popular compartida.

Sevilla, Jaén, Andújar, Almería, Cádiz, Jerez o Córdoba fueron algunos de los principales asentamientos, con especial relevancia de Granada. En todos ellos, los gitanos aportaron sentido rítmico, apertura musical y fórmulas expresivas decisivas para el desarrollo del flamenco.

Mestizaje, persecución y nacimiento de las escuelas familiares

Velázquez-Gaztelu recordó su viaje a la India en 1983, donde asistió al II Festival Internacional Gitano en Chandigarh. Allí, junto a Juan Peña El Lebrijano, presenció la actuación de una cantante india cuya manera de interpretar emocionó al artista andaluz.

Esa es mi madre”, dijo El Lebrijano al reconocer en aquella mujer los rasgos y la actitud musical de María La Perrata. La línea melódica no era flamenca, pero la actitud expresiva resultaba idéntica.

La conferencia enlazó este episodio con nuevas imágenes de Rito y Geografía del Cante, dedicadas a La Perrata y a sus hijos, interpretando romances ligados a la alboreá, cante propio del ámbito gitano.

Cantes por romances y alboreá de María La Perrata y su hijo Juan Peña 'El Lebrijano'.

La llegada de los gitanos en el siglo XV fue presentada como un hecho decisivo. El asentamiento progresivo en Andalucía coincidió con un cruce musical de melodías judías, orientales, romanceros castellanos y canciones autóctonas.

De ese panorama rico y caótico, el gitano supo extraer un caudal rítmico que permitió fraguar los principios del flamenco. Para el conferenciante, fue imprescindible la unión de gitanos y Andalucía: la ausencia de uno de ellos habría impedido su nacimiento.

La persecución política y religiosa, con prohibiciones, castigos y condenas, se reflejó en los cantes primitivos como martinetes y tonás. En una de las ilustraciones se observó el diálogo entre Manuel Agujeta y Tío Gregorio Manuel Fernández 'El Borrico'.

Agujetas y Tío Borrico, mano a mano por martinetes.

A pesar de todo, los gitanos se establecieron en barrios que permitieron conservar la unidad familiar y dar origen a escuelas con estilos propios. Triana, Santiago y San Miguel o Santa María se citaron como núcleos esenciales desde los que irradiaría el flamenco.

Fiesta por tangos en la Cava de Triana con que se cerraba la conferencia.

El recorrido concluyó con la profesionalización del género en el siglo XIX y el testimonio de escritores y viajeros extranjeros que dieron fe de una música nacida del mestizaje. Desde entonces, el flamenco emprendió un viaje que, como recordó Velázquez-Gaztelu en Nimes, lo ha traído hasta nuestros días.

Sobre el autor

David Montes

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