Con motivo del 50 aniversario de la muerte de Manuel Serrapí Sánchez Niño Ricardo (Sevilla, 1904 – 1972), el guitarrista flamenco y trianero José Acedo iniciaba un proyecto junto a su padre con el que honrar la memoria de uno de los tocaores más importantes de la historia de lo jondo.
Y la sala L’Odeón acogía durante el Festival Flamenco de Nimes 2026 una nueva escala de esta singladura en la que hijo y padre ponen en valor la guitarra flamenca en su formato más clásico y con la tierra como brújula de compás de prima y bordón a cuatro manos.
Triana, Sevilla y el legado de Niño Ricardo
Principal exponente actual del toque made in Sevilla, junto a su tío segundo Rafael Riqueni — primo hermano de José Acedo padre—, no fueron pocos los que recordaban su exitoso paso por la muestra en el año 2020 para presentar su trabajo discográfico titulado Triana D.F., justo antes de la pandemia, y ahora volvían a refrendar con una ovación de gala un trabajo que rinde pletiesía a uno de los padres de la guitarra flamenca moderna.
La danza árabe Gitanería arabesca se presentaba en solitario ante el público José Acedo, con la responsabilidad de tener en sus manos la responsabilidad de mostrar el legado recibido en su familia — Manuel Rojas, discípulo de Niño Ricardo fue el profesor de guitarra de su padre— y devolvemos a esos tiempos de antaño, donde la guitarra tenía una identidad tan clasificable como el artista que la tuviese en sus manos.
Un recorrido por los palos y la emoción compartida
Y reclamando junto a él la presencia del patriarca de los Acedo — confesaba que “es un lujo poder tocar con mi padre recordando a Niño Ricardo”— por fandangos, alegrías y bulerías iniciaban una singladura musical que está presente en la memoria de cualquier aficionado al flamenco que se precie. Por soleá y seguiriyas llegó la solemnidad del concierto.
La reina de los palos del flamenco, junto al que tiene a gala expresar de forma presente el dolor a compás de cinco por ocho, exigieron al tocaor trianero llenarse mesura, cadencia y compás virtuoso, que junto con la farruca que jugaba a ser guajira y colombiana por momentos, dejaban los mejores momentos de la noche y marcaban el inicio de la despedida.
Si de bien nacidos es ser agradecido, Jose(lito) Acedo no quiso olvidarse antes de poner fin a su concierto de Claude Worms, de quien confesaba haberse apoyado para llevar a cabo Recuerdo a Sevilla, que daba nombre al espectáculo y a la serenata con la que ponía fin a una hora de concierto de guitarra flamenca de los que se echan de menos en los escenarios.
Ahora que todo es virtuosismo, velocidad, técnica depurada y demostraciones digitales con escalas imposibles, se agradece que existan artistas que aún busquen que la tierra sea la que mande, que el sonido marque el compás flamenco en su formato más clásico y, sobre todo, que no se dejen en el olvido a grandes de la música como Niño Ricardo.
